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Martes, 20 de julio de 2010

PLASTICA › UNA MUESTRA DE ERNESTO DEIRA REAVIVA UN ASUNTO IRRESUELTO

El compromiso y otras cuestiones

Una exposición de Ernesto Deira resume tres exposiciones de los años ’60 y ’70, con series en las que el pintor mostraba su compromiso y su denuncia contra la violencia. Debate sobre la repatriación de obras que están en Chile.

 Por Mariana Marchesi *

Hasta fin de julio puede visitarse en la galería Jacques Martínez la muestra Deira 1967-1977. Allí se destacan obras con algunos temas que invitan a la reflexión. La muestra está organizada en torno de tres exposiciones fundamentales comprendidas dentro de este período: Ernesto Deira, en la Galería Bonino en 1967; Identificaciones, en la galería Carmen Waugh en 1971; e Imágenes de la Pasión, en la misma galería, en 1976. Esta propuesta lleva a centrar nuestra atención sobre algunos intereses tanto culturales como políticos que marcaron al artista en aquellos años: la cuestión del lenguaje, la muerte del Che Guevara y el contexto de censura y represión que dominó la vida argentina durante la última dictadura militar. Además se exhiben cuatro obras de 1976 y 1977, ejemplos de la época madura del artista, el momento en que logra condensar sus búsquedas plásticas, aquel donde la línea y el color se integran magistralmente en el espacio del cuadro.

Si bien pensar al hombre y su contemporaneidad fue una preocupación constante en Deira, al poner en diálogo estas muestras se hace aún más evidente el fuerte compromiso del artista con su tiempo. En ese sentido, la manera en que plasmó en sus telas temas como la función social de los medios o la violencia, desde enfoques tan diversos como la religión, la política o la filosofía, resultan un ejemplo contundente de una sensibilidad que excedió por mucho el plano eminentemente político dominante en esos años.

El primer núcleo de la exposición actual está conformado por un grupo de obras presentadas en 1967, su primera muestra individual tras la disolución del grupo de la Otra Figuración. A través de una compleja apuesta narrativa que disparaba múltiples niveles de sentido, Deira manifestó su interés por la religión, la comunicación masiva y el lenguaje; no olvidemos la fuerte impronta del estructuralismo en el Buenos Aires de los ’60. Estos temas, aparentemente inconexos, encontraban un punto de contacto si entendemos al hombre y su esencia, al mito del origen, como centro de sus reflexiones plásticas: el pensamiento “A” en términos de Deira, aquel que precede al hombre y la palabra. En Bonino así como hoy en Jacques Martínez podía verse Memoria de Grünewald donde, a partir del retablo de Isenheim, Deira reelabora la idea de la Crucifixión como el momento que condensa dos instancias capitales del hombre: la muerte y el nacimiento. Esta gran tela de 2 x 3 metros permaneció enrollada durante varios años y fue especialmente restaurada para esta oportunidad. En relación con la obra también expresaba cómo Grünewald “fue un hombre comprometido con la religión y con su tiempo. Elegirlo es ratificar la elección de compromiso”.

El segundo núcleo está compuesto por obras que integraron la muestra Imágenes de la Pasión, hoy dispuestas en una sala separada para enfatizar su unidad original. Si se piensan las obras en relación con el contexto político en que fueron realizadas, la religión cobró un significado adicional. Con imágenes íntegramente dedicadas al calvario de Cristo, la exposición fue inaugurada a poco de comenzada la última dictadura militar. Los cuadros, pintados en Buenos Aires bajo el imperante clima de censura y represión, conformaban una verdadera puesta en escena del relato sagrado que servía, como señaló entonces el crítico Hugo Monzón, para aludir al “caos de estos tiempos”. Como metáforas de la violencia, las referencias a la religión fueron un recurso que muchos artistas utilizaron en aquel tiempo para evadir un discurso de denuncia directa. De hecho, el sufrimiento de Cristo o el uso de diversos temas bíblicos han sido una estrategia recurrente a lo largo de la historia del arte para aludir elípticamente a situaciones sociales críticas. En esos días el mismo Deira declaraba: “(la Pasión) siempre me ha parecido un tema que invita a la reflexión y, probablemente, en este momento sea mucho más necesario”.

Hasta aquí, los cuadros expuestos en las salas de Jacques Martínez. El tercer núcleo se incorpora a la exhibición de una manera particular. Por tratarse de obras que se encuentran fuera del país, Clara Martínez, directora de la galería, decidió incluirlas a través de material documental con igual criterio que ya se había adoptado en el MNBA para la retrospectiva del artista en 2006. Se trata de Identificaciones, una serie de ocho cuadros expuestos por única vez en Buenos Aires en septiembre de 1971. El estilo naturalista, inusual dentro de la producción de Deira, acentuaba la crudeza de esta suerte de breviario de los acontecimientos más violentos que se desataron en aquellos años: la pobreza en el Tercer Mundo, los procesos de descolonización, la invasión norteamericana a Vietnam y, en particular, el asesinato del Che en Bolivia manifiesta en la reiterada aparición de una mano recortada en alusión directa a la mutilación del cadáver para proceder a su identificación dactilar.

Es interesante señalar cómo la inclusión de la serie por medio de fotoduplicaciones realza la ausencia de las pinturas y recupera un tema relacionado con su locación actual. Para entender el origen de esta inquietud es necesario volver sobre el camino andado por estos cuadros.

En noviembre de 1971 –en coincidencia con la llegada de Fidel Castro a Santiago Identificaciones se expuso en la Sala Universitaria del Instituto de Arte Latinoamericano (IAL) de la Universidad de Chile. La exposición formaba parte del programa latinoamericanista y revolucionario que dentro del vasto proyecto cultural impulsado por la Unidad Popular se ideó para el instituto creado por Miguel Rojas Mix. Las obras aún se encontraban allí cuando, en 1973, fue derrocado el gobierno de Salvador Allende. Por varios años se creyeron perdidas o destruidas ya que durante la dictadura nadie se atrevió a reclamarlas. El mismo Deira murió convencido de esta pérdida. Sin embargo en 2003, con la ayuda de Carmen Waugh –entonces directora del Museo de la Solidaridad–, Luis Felipe Noé ubicó las obras en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago.

Pero, ¿cómo habían llegado las obras a la reserva de aquel museo? Tanto la Sala Universitaria como el MAC eran dependencias del Instituto de Arte Latinoamericano, por lo tanto resulta entendible que la serie permaneciera en la reserva del museo una vez finalizada la exposición. A esta misma institución llegaron las donaciones de un grupo de artistas internacionales en apoyo al gobierno de la Unidad Popular para dar origen al Museo de la Solidaridad. Consecuentemente, la recepción de obras estuvo organizada por el IAL que, dicho sea de paso, fue clausurado el mismo día del golpe de Estado.

Es en este punto donde ambas historias se cruzan. Comenzada la dictadura chilena, las obras fueron guardadas en el MAC. Posiblemente al estar en la misma reserva, las de Deira fueran inventariadas como parte del Museo de la Solidaridad y posteriormente como parte del MAC, en 1976, cuando se unificaron los inventarios de ambos museos ya que el primero no tenía entidad legal definida, recién la obtuvo con el retorno a la democracia. Esta confusión fue evidentemente subsanada visto que las obras permanecieron en el museo universitario cuando el de la Solidaridad pasó a depender de la Fundación Salvador Allende. Es así como, durante treinta años, las obras fueron resguardadas por el museo chileno, en cuya reserva se encuentran actualmente. Es probable que este malentendido las salvara de ser destruidas, sin embargo no deja de ser por una confusión que las obras se inventariaron como propias, y la razón por la que se dio por sentada la posesión.

Frente a esta circunstancia es inevitable que surjan las siguientes preguntas vinculadas a la tenencia de las obras: ¿Por qué continúan éstas bajo la guarda del MAC cuando es claro que deben reingresar al patrimonio del artista o, en este caso, al de sus legítimos herederos, quienes las reclaman desde el año 2006? ¿Por qué demora tanto en resolverse este pedido? Si bien el tema debe arreglarse como un asunto de interés privado, y de hecho es así como se está procediendo, ¿no debería el Estado argentino interesarse en el tema por tratarse de la repatriación de piezas que son parte constitutiva de nuestra historia cultural? Lamentablemente aún no hay respuesta definitiva para estas preguntas, esperemos que pronto la haya para que Identificaciones pueda volver al país. Por ahora, sin duda es un tema para seguir debatiendo.

Deira 1967-1977, en la galería Jacques Martínez, Av. de Mayo 1130, 4º G, hasta el 30 de julio.

* Historiadora del arte. Investigadora de la Universidad de Buenos Aires.

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Memoria de Grünewald, pintura de Ernesto Deira, realizada en 1967.
 
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