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Martes, 15 de marzo de 2011

PLASTICA › PAULA MODERSOHN-BECKER Y LOS ARTISTAS DE WORPSWEDE

Visiones alemanas del ’900

El Museo de Arte Decorativo muestra las obras de una comunidad rural de pintores que a fines del siglo XIX renovaron el arte de su época y anticiparon el expresionismo alemán en la mirada visionaria de Paula Modersohn-Becker.

 Por Fabián Lebenglik

A comienzos del siglo XIX, cuando las ciudades comenzaban a erigirse en poderosas máquinas cada vez más pobladas al ritmo de la creciente industrialización, las ideas del socialista francés Charles Fourier, que proponía vivir en pequeñas comunidades autosuficientes, donde las relaciones y el trabajo estuvieran regidos por la pasión y la felicidad, consiguieron gran adhesión, especialmente entre los artistas.

Comenzaron a surgir colonias de pintores y escultores organizadas en sintonía con algunos de los planteos fourieristas. Así, el abandono del modelo de vida urbano por otro rural suponía no sólo una conducta libertaria, sino en parte también una crítica vital contra el capitalismo, la industrialización, el liberalismo y contra gran parte de la nueva estructura económica.

Entre otros proyectos de vida comunitarios alrededor del arte que surgieron en Europa en el siglo XIX, la Escuela de Barbizon fue uno de los más interesantes. Allí, cerca del bosque de Fontainebleau, se estableció un grupo de artistas que, además de las posturas fourieristas, en el campo específico de la pintura se oponía al sistema académico que se había impuesto en el arte. Con elementos realistas, románticos y un redescubrimiento del paisaje (a partir de la obra del inglés John Constable), pintores como Rousseau, Corot, Millet y Daubigny rompieron el estricto formalismo de la época y se apegaron a la naturaleza como fuente de sus obras.

Los ecos de la Escuela de Barbizon fueron enormes, no sólo en Francia, sino en gran parte de Europa.

En la genealogía de aquella escuela francesa puede colocarse la pequeña comunidad de artistas que un grupo de pintores alemanes fundó en el poblado de Worpswede, cerca de Bremen, hacia fines del siglo XIX. El grupo de pintores estaba integrado por Fritz Mackensen, Otto Modersohn, Heinrich Vogeler, Fritz Overbeck y más tarde se les unió Paula Becker, casada luego con Modersohn. La posición de estos artistas no tenía el fuerte componente ideológico, social o económico de los utopistas –y si formalizaron una sociedad artística fue para manejar el creciente éxito de ventas de sus trabajos–, pero sí mantenían ciertos rasgos románticos de los pintores de Barbizon y compartían varios de sus postulados estéticos.

Organizada por el Instituto para las Relaciones con el Extranjero (IFA, según la sigla en alemán), a través del Instituto Goethe de Buenos Aires, el Museo Nacional de Arte Decorativo inauguró la semana pasada la exposición Paula Modersohn-Becker y los artistas de Worpswede, con concepto y selección de Wulf Herzogenrath.

La muestra incluye dibujos, grabados, impresos y publicaciones de cada uno de los integrantes de esta pequeña comunidad que en la figura de Paula Modersohn-Becker (PM-B) muestra la obra más innovadora respecto de los cánones de su época, al punto de anticipar el expresionismo alemán.

Rilke, en vías de convertirse en uno de los grandes poetas nacionales de su país, fue quien más difundió a los artistas de Worpswede y especialmente a PM-B: “Es una tierra extraña –escribió Rilke–. Si nos paramos en la pequeña colina de arena de Worpswede, se la puede ver extendida en derredor... Es llana, casi sin pliegues, y los caminos y cursos de agua llevan lejos hacia el horizonte. Allá comienza un cielo de una variabilidad e inmensidad indescriptibles. Se refleja en cada hoja y todas las cosas parecen referirse a él; está en toda partes”. En relación con la pequeña comunidad de pintores, los describió como “individuos esencialmente solitarios que, al volverse hacia la naturaleza, eligen lo eterno por sobre lo efímero, lo profundamente regulado a los fundamentos pasajeros, y que consideran que su tarea es capturar la naturaleza con el fin de incorporarse ellos, en alguna parte, a sus grandes contextos”. Gracias a ellos el poeta conoció a la que sería su esposa, la pintora Clara Westhoff.

Paula Modersohn-Becker, que sólo produjo obra durante una década y murió a los 31 años, fue la primera artista alemana en introducir en su país la influencia de Cézanne, Gauguin y Van Gogh.

Aunque formó parte de esta comunidad de pintores, la voracidad artística y la mirada anticipatoria de PM-B generaba tensiones con su colegas. Era la más avanzada (e incomprendida) del grupo y tanto disfrutaba de su pequeña comunidad como de los viajes Francia, para sumergirse en los museos y exposiciones que daban cuenta de la combustión artística de la vida parisina en el cambio de siglo del XIX al XX.

La vida bucólica tenía sus encantos, pero el magnetismo de las grandes ciudades como Berlín (donde se formó artísticamente mientras la urbe crecía rápidamente) o París (adonde viajó cada vez que pudo y vivió un tiempo) le causaban una fuerte atracción. En una carta citada en el catálogo, la artista confesaba en 1905 que “es extraño que de vez en cuando sienta una añoranza enorme por París. Probablemente se deba a que nuestra vida aquí se compone mayoritariamente de vivencias interiores y a veces extraño la vida externa alrededor de mí, de la cual se puede escapar cuando se quiere”.

La obra exhibida en el Museo de Arte Decorativo refleja los intereses y estéticas cruzadas, a veces contrapuestas, del grupo. Obras en distintos grados de desarrollo (respecto de la historia del arte), con la mirada puesta a veces en el presente inmediato y, la mayor parte de las veces, en la cotidianidad, los paisajes, sus habitantes, la vida rural. Se trata de obras muy expresivas, que muchas veces buscan ser descriptivas y al mismo tiempo emotivas y también componen fuertes contrastes de luz. El ojo puesto tanto en el panorama como en el detalle, por ejemplo, del trabajo del campo. Las figuras humanas son tipológicas y están subordinadas a la cotidianidad de un paisaje que las contiene y les da sentido.

* En el Museo Nacional de Arte Decorativo, avenida del Libertador 1902; martes a domingos, de 14 a 19, hasta el 3 de abril.

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Retrato de una campesina, 1899, aguafuerte de Paula Modersohn-Becker.
 
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