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Martes, 18 de octubre de 2011

PLASTICA › LA MUESTRA DE MARTíN BONADEO EN LA FUNDACIóN TELEFóNICA

Tiempo, lugar y otras perspectivas

Hoy se inaugura la exposición de un artista particular, “mezcla rara de ingeniero, filósofo y publicista, que prefiere pensarse artífice en vez de artista”. Es un gran desarmador. De máquinas y también de certezas.

 Por Laura Malosetti Costa *

Es dueño de un agudo pensamiento analítico. Va de la observación de la naturaleza a la estructura del artificio, deconstruye –literal y simbólicamente– y reconstruye alterando las leyes aprendidas. Estudia puntos de vista insospechados y está muy atento a los detalles. Opera, ni más ni menos, con los presupuestos del paradigma científico del siglo XIX, aquel que con tanto acierto Carlo Ginzburg llamó “paradigma indiciario” o “método de Sherlock Holmes”, para subvertir su lógica y discutir sus pretensiones omniabarcadoras. Ese es Martín Bonadeo, una mezcla rara de ingeniero, filósofo y publicista, que prefiere pensarse artífice en vez de artista.

Las obras de Bonadeo ejercen una rara fascinación en mí. Las reflexiones que siguen van en ese camino: indagar los modos en que se produce el hechizo, pensar no solo la lógica de sus invenciones, sino también el poder de sus efectos. Y parodiando un poco su modo sistemático y preciso de aproximarse a un problema cualquiera, voy a hacer una lista. Una lista poco rigurosa, eso sí, un poco a la manera de aquella antigua enciclopedia china de Las palabras y las cosas, la que Foucault tomó prestada de Borges. Sólo que mucho más concreta, pues su base lógica está allí, al alcance de la mano, como se verá.

Detalle de una obra de Martín Bonadeo.

1. A MB le molesta muchísimo aceptar esas pequeñas verdades que no se discuten y que hacen a la vida cotidiana. Sobre todo, los lugares comunes empapados de lógica vulgar que producen pares de opuestos irreconciliables.

2. Son muy diferentes los colores que proyecta la luz que los que se obtienen con pigmentos para fijarlos en una superficie. Unos son transparentes y pueden sumarse. Los otros son opacos y superpuestos, tienden a restarse mutuamente.

3. En la base de los desarrollos tecnológicos más novedosos están siempre los grandes y simples inventos del pasado, como las lentes cóncavas, el reloj, el teléfono, los teclados, la fotografía y el ferrocarril (se entiende desarmando todo).

4. El arte latinoamericano no existe. Es más bien una estrategia de mercado que un sentimiento o lazo de pertenencia de los artistas. Persiste una lógica de naciones junto a una muy fuerte identidad de ciudades. Buenos Aires es única.

5. El Sur es una dirección, no queda abajo ni arriba. Discutir esas ubicaciones ficticias es seguir la lógica de los mapas convencionales (aquí la crítica a los sures emblemáticos de Torres García, Victoria Ocampo y el Malba apuntando hacia abajo)

6. Viajó a la Meca de las nuevas tecnologías en los Estados Unidos y volvió pensando como Federico Peralta Ramos “a mí me gusta acá”.

7. Es amigo de Gyula Kosice y lo admira. “Es raro que un artista te diga en la cara que tu obra es una porquería.”

8. El arte interactivo en general es muy conductista: da instrucciones al espectador para que funcione apretando botones. “La obra no se tiene que explicar, ella misma tiene que funcionar.”

9. Las patentes han sido los más eficaces instrumentos imperiales. Con ellas todos perdimos, no sólo la posibilidad de inventar y usar los inventos, sino también las poéticas de las cosas. Romper esos paradigmas gigantescos, esa meta está en el núcleo duro del arte de MB.

10. Apelar a todos los sentidos, no sólo la vista, sino también el olfato, el oído, el tacto. Estimular perspectivas insospechadas.

Vista parcial de otra obra de Bonadeo.

La poética de MB se vincula con el pasado de un modo intenso y poco previsible. No hay citas ni parodias ni recreaciones en sus obras. Hay un modo de pensar los problemas –los conceptuales y también sobre todo los prácticos: la tecnología– que implica llegar a la raíz, a las primeras formulaciones de un orden, para tomar un camino diferente.

Para Bonadeo es fundamental atraer al espectador, llamarlo e interesarlo en la propuesta. Y lograr que en ese involucramiento su lugar se desestabilice de algún modo. El ejemplo más notable me parece su “Vanitas en tiempo real”, ante la cual una persona puede verse a sí misma reflejada en un reloj de arena, que simbolizó el paso del tiempo y la muerte desde la antigüedad. A medida que la arena –y el tiempo– pasan, la superficie reflectante se ubica en el piso. De modo que uno puede verse a sí mismo pasar de la verticalidad a una aterradora horizontalidad. Todo ello aromatizado con naftalina.

MB discute el orden del tiempo y el espacio. Y en ese gesto discute cronologías y fijaciones territoriales. Ha creado banderas blancas sobre las cuales la luz dibuja diferentes colores, bandas y órdenes posibles, discutiendo la supuesta esencialidad de esos paños con colores fijos que simbolizan naciones.

Viaja en el tiempo para encontrar respuestas simples a cuestiones de la más estricta contemporaneidad. En general, utiliza el sistema binario (el de los bits, que está en el fondo de todo el sistema digital) para desarmar precisamente las lógicas binarias que rigen los lugares más oscuros de la cultura. Trabaja mostrando la paradoja de los juegos de oposiciones que sustentan la autopercepción del ciudadano común. A él se dirige siempre, me parece. En distintos soportes, con diferentes artilugios tecnológicos, MB crea su magia para desarticular oposiciones de conceptos como el de nacionalidad/ extranjería, vida/ muerte, adentro/ afuera, público/ privado. Es un gran desarmador. De máquinas y también de certezas. Su cinta de Moebius de 2006 fue toda una revelación.

Aun cuando sus proyectos lleguen a realizarse en otra parte, siempre nacen pensando en un lugar específico, de la sugerencia que un lugar, un objeto o una circunstancia especial le inspiran.

Trabaja con paradojas, como la de proyectar bellísimos paisajes dentro de un departamento claustrofóbico. Y hacer coincidir el horizonte con los zócalos. El desconcierto da lugar a una situación parecida a la revelación de una verdad incómoda.

Trabaja ahora con la paradoja de los teléfonos: el invento de Graham Bell en 1876 lo ha invadido todo, desde la intimidad de las familias hasta las nuevas maneras de hacer guerras. Por eso –otra vez– el juego de palabras: Bellico, de Bell y de guerra. Su exposición habla, sobre todo, de la incomunicación a partir de la invasión de la telefonía. Y está pensada, obviamente, para el espacio de la Fundación Telefónica.

La belleza de sus recursos poéticos transforma la angustia en el placer de empezar a pensar de nuevo las viejas cosas de siempre.

* Doctora en Artes (UBA), investigadora del Conicet y profesora de la Unsam. Fragmento editado del texto que será publicado en el catálogo de la exposición de Martín Bonadeo que se inaugura hoy en la Fundación Telefónica, de Arenales 1540, con entrada libre y gratuita.

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Detalle de una obra de Martín Bonadeo.
 
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