espectaculos

Martes, 26 de julio de 2016

PLASTICA › LA EXPOSICIóN ANTOLóGICA RETROSPECTIVA DE YOKO ONO EN EL MALBA

Instrucciones para seguir participando

Yoko Ono es una figura clave del arte de posguerra, una pionera en los campos de la performance y del arte conceptual. La muestra del Malba se centra en sus “Instrucciones” y consigue el objetivo de ser participativa.

 Por Fabián Lebenglik

Yoko Ono visitó Buenos Aires por primera y única vez en octubre de 1998 para acompañar sus dos exposiciones simultáneas, Ex it, en el Museo de Arte Moderno y En trance, en el Centro Cultural Recoleta. Más allá del juego del palabras, ambas muestras reflexionaban sobre el tema de la paz, entre otros leitmotivs de las artista.

Durante aquella visita, en la brevísima conferencia de prensa que dio en la confitería La Ideal, de Suipacha al 800, todos querían preguntarle, y ella declinó dar respuestas, sobre John Lennon. Una escena demostrativa de que, para muchos, Yoko Ono no tenía entidad más allá de Lennon. Y para unos cuantos sigue siendo así. Pero Yoko Ono ya era reconocida como artista a comienzos de los años sesenta, al mismo tiempo que nacían Los Beatles.

Yoko Ono, siete años mayor que Lennon, antes de conocerlo ya era compositora, cantante, poeta, performer, cineasta y mezclaba todas esas vertientes en happenings que exploraban los límites de cada campo, transgrediéndolos y expandiéndolos.

Cuando John conoció a Yoko en 1966 quedó fascinado por varias de sus obras, como el ajedrez blanco, o sus performances y películas, que le produjeron un impacto profundo.

El que presentó a John y Yoko fue George Maciunas, un gran amigo común, artista de origen lituano, que había fundado el grupo Fluxus en Alemania unos años antes. Fluxus era un grupo internacionalista que reunía artistas plásticos de procedencias estéticas diversas pero que en todos los casos compartían su admiración por el dadaísmo y se oponían a la mayor parte de los condicionamientos del mundo del arte y a los gestos y tendencias enaltecidos (o devaluados) por la academia. En marzo de 1961 Fluxus pasó de Alemania a Francia y a Estados Unidos.

Las muestras y actividades de aquel grupo de vanguardia eran generalmente variaciones alrededor del happening, para generar la participación activa del espectador, anticipando lo que muchos años después tomaría el nombre de “arte relacional”: la lucha era contra la compartimentación técnica y genérica, contra las convenciones artísticas y los prejuicios, combinando lo visual con lo musical, lo escénico y lo literario en un marco que podría pensarse como una suerte de espectáculo popular. Yoko Ono ya era una artista multimedia conocida desde 1961 cuando se une a Fluxus.

La influencia de Yoko fue central en la estética de Lennon y generó mucha resistencia en los demás Beatles. Luego de haberla conocido y de quedar cautivado por ella, John retomó el dibujo utilizando los pinceles sumi-e que se usan en la técnica oriental. A su vez, Lennon no era un improvisado en cuestiones visuales: las artes plásticas fueron el primer interés de Lennon. Comenzó a dibujar mucho antes que a tocar la guitarra. Cursó el prestigioso Liverpool Art Institute durante tres años (que fueron los años de formación de los Beatles: de 1957 a 1960). Y era el Beatle que tenía más clara conciencia estética y visual.

Yoko Ono ayudó a John a presentar su primera exposición de dibujos en 1970, en Londres, porque a él, por ser un Beatle, le resultaba humillante ir a las galerías de arte para ofrecer una muestra: los galeristas le pedían que hiciera un recital en la sala y él no accedía a utilizar ni mezclar su música con la exposición de sus dibujos.

Aquella primera muestra fue escandalosa: la serie de dibujos en exhibición –lineales y libres, inspirados formalmente en la historieta y el dibujo animado, aunque de trazo económico y sugerente– evocaban a Yoko desnuda en diferentes poses y a la pareja teniendo sexo. Aunque los dibujos eran de una síntesis lineal poética, Scotland Yard, en un happening involuntario, rodeó la galería porque había recibido denuncias de que allí se exhibían dibujos pornográficos: las obras de Lennon fueron confiscadas bajo el cargo de obscenidad.

El concepto de happening, que le venía a John a través de Yoko, fue el que utilizó la pareja para hacer activismo político por la paz. El caso paradigmático fue la conferencia de prensa que ambos dieron desde la cama, en Amsterdam, en 1969.

Este cronista tuvo la oportunidad profesional de cruzarse varias veces con Yoko Ono, a lo largo de los últimos veinticinco años, antes y después de la presencia de la artista en Buenos Aires, especialmente en algunas bienal de Venecia, donde expuso varias veces –como artista convocada para la muestra de tesis del pabellón central de los Giardini, o en algunas muestras colaterales de mediana o gran importancia, según cada edición– hasta que el jurado de la Bienal de 2009 le otorgó el León de Oro a la trayectoria, (junto con el artista norteamericano John Baldessari), según explicó el jurado “porque Yoko Ono es una figura clave del arte de posguerra, fue una pionera en los campos de la performance y del arte conceptual de Japón y del mundo occidental”.

En aquel junio de 2009 se presentaba una retrospectiva de Ono en el Palacio Tito, en la zona de Dorsoduro, montada por la artista especialmente para cada uno los distintos ambientes y salas de aquel pequeño palacio bello y decadente. Se trataba de una serie de instalaciones nuevas, a las que se sumaba algunos trabajos históricos. La exposición, variada y exquisita, incluía películas, bandas sonoras, esculturas, dibujos e instalaciones que invitaban, como siempre, a la participación del público. En una de las salas había una escultura de un desnudo femenino en mármol, fragmentado y recostado a lo largo de una mesa/camilla. La propuesta era que el visitante mojara sus manos en un recipiente ad hoc y tocara las diferentes secciones de aquel cuerpo yacente.

“Dream Come True”, la antología retrospectiva de Yoko Ono que el Malba presenta hasta fin de octubre, con curaduría de Gunnar Kvaran y Agustín Pérez Rubio, incluye más de ochenta trabajos, entre objetos, films, instalaciones y registros sonoros, y se centra en las “Instrucciones” que la artista viene desarrollando desde hace seis décadas.

La muestra genera una módica masividad: los visitantes forman largas filas fuera y dentro del museo para ver la exhibición. Un efecto deseado y felizmente coherente con el carácter participativo que siempre tuvo la obra de la artista.

Con el tiempo, los films y videos de Yoko Ono, como varios de los que aquí se exhiben, fueron transformándose en clásicos. Entre ellos, Freedom (Libertad, de 1970) una pieza de un minuto, con música incidental compuesta por John Lennon, muestra el torso de una mujer que se esfuerza por romper su corpiño por delante, en un gesto que apelaría metafóricamente a la liberación femenina.

Entre las obras participativas, las hay, fundamentalmente, con el público, pero también con sus colegas artistas. Entre estas últimas está el “Evento Agua” (1971-2016), para el cual la artista redactó la siguiente carta/instrucción: “Queridos colegas artistas, quiero pedirles que produzcan un recipiente para poder llevarles agua a determinadas personas, ya sea para curarles la mente (como en el caso de las autoridades militares) o para reconocer su valentía para manifestarse (como en el caso de los activistas populares). También pueden destinarse específicamente a una persona, pueblo o región que necesite desesperadamente agua (amor). Ustedes y yo aportaremos el agua. Todas las obras serán exhibidas en el museo con su dedicatoria. Espero que nos divirtamos trabajando juntos. Les mando mi amor y mi respeto. y.o. 2016”.

Los artistas latinoamericanos participantes del “Evento agua” son Alexander Apóstol (Venezuela), Tania Bruguera (Cuba), Antonio Caro (Colombia), Ana Gallardo (Argentina), Alfredo Jaar (Chile), Runo Lagomarsino (Argentina-Suecia), Teresa Margolles (México), Hernán Marina (Argentina), Amalia Pica (Argentina), Liliana Porter (Argentina), Rosángela Rennó (Brasil) y Tercerunquinto (México).

Junto con un catálogo de la muestra que incluirá gran cantidad de material gráfico, textos de los curadores y un ensayo de Nicolas Bourriaud sobre la artista, el Malba hará una reedición de Pomelo, el “librito” de Yoko Ono que Ediciones de la Flor publicó Buenos Aires en 1970 con tapa de Oscar Smoje (Dibujante y pintor que desde hace unos años dirige el Palais de Glace) y traducción de Susana “Piri” Lugones (secuestrada y desaparecida por la dictadura cívico militar en 1977).

* En el Malba, Avenida Figueroa Alcorta 3415, hasta el 31 de octubre.

Compartir: 

Twitter
 

Detalle del video Freedom (1971), de Yoko Ono. Abajo: instalación participativa de Ono.
 
CULTURA Y ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2021 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.