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Miércoles, 14 de enero de 2009

DISCOS › RAICES, 30 AÑOS, UN MERECIDO AUTOHOMENAJE

Espíritus del Río de la Plata

A 30 años de la grabación de B.O.V Dombe, Beto Satragni reunió a la legendaria formación de Raíces y sacó un CD notable, con canciones viejas y nuevas. Frescura y swing se combinan en un trabajo donde se percibe la evolución individual de los integrantes del grupo.

 Por Cristian Vitale

Es prácticamente irrastreable, de este lado del río, la existencia del candombe rock antes de Raíces. Ergo, hay sólo un después del género. 1977: un uruguayo –cuándo no– tiene la irresistible idea de engendrar un monstruo de varias cabezas. Que tuviera, sí, el aura inconclusa de ese legado afín a su tierra que habían iniciado Rubén Rada y Eduardo Mateo allá por El Kinto. Pero también, lo típico de su época –el jazz-rock–, más otra arista negroide que entonces hacía furor entre la comunidad afrolatina de Estados Unidos –el funk– y cierta zona “impro” librada al arbitrio. Y entonces el uruguayo –Beto Satragni– sumergió a un negro celeste en su mambo –Jimmy Santos– y completó el staff con músicos de traslaorilla: Andrecito Calamaro –16 años–, Raúl Campana –luego Juan Carlos Tordó– y Alberto Bengolea. Un toque inicial en el Teatro Estrellas, ciertos apurones con la policía y una certeza: seguir.

El disco debut se llamó B.O.V Dombe, su presentación fue en el Teatro Cómico y la escena del vivo impactó al imaginario ¡14 tambores en el escenario! Es hoy, aquel vinilo, un incunable por el que te pueden partir la cabeza en el Parque Rivadavia, sólo por su estigma de rareza. Una tapa austera –el nombre del grupo con una raíz que se extiende hacia el fondo de la tierra– y canciones que, por entonces, eran como moscas verdes para charlatanes: !Esto es Candombe”, “Destilando Aceite”, “Belmiro” o la increíble “Hay un funky en la oreja del Obelisco”. Luego, otro disco que los ubicaba ya en un lugar clave de la escena a base de africaneadas rioplatenses: Los Habitantes de la Rutina. Una aparición estelar como teloneros de Seru Giran en el famoso Obras del ’82. Y corte. Ascenso y caída, pero no de-saparición. Satragni siguió editando discos con diversos músicos pero mismo nombre (Empalme, 1994; Ey Bo Road, 1997) hasta que el calendario lo avivó de un dato nodal: se cumplían 30 años de la aparición del magistral B.O.V. “Empezamos a mailearnos con Andrés, nos copamos con la idea y el resto se acopló solo”, dice él. ¿Qué idea? Regrabar aquellos viejos temas, con aquella vieja formación pero con el peso inercial de cada historia personal encima. Litto Nebbia puso Melopea a disposición del deseo y acá está, recién horneado: Raíces, 30 Años. Frescura, un swing tremendo, y una vena afro siempre latente se combinan en trece canciones viejas y nuevas: las nombradas de B.O.V, incluido el “hit-hot” “Esto es Candombe”, con Calamaro cantando como si fuera un Tom Waits andaluz, más una maravillosa versión de “El otro cambio, los que se fueron” –guiño a Nebbia, con Nebbia en teclados y voz–; dos canciones de la dupla Calamaro-Larrosa (“Mancada en La Pampa”, “De las dos orillas”) y otra vez, cruzando el río, bajo la luna, un tambor que llega. Un tambor antropomórfico de cinco rostros impulsados al barro por un designio precursor. Raíces fue vanguardia y es escuela.

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El grupo Raíces, con Andrés Calamaro.
 
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