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Miércoles, 27 de marzo de 2013

DISCOS › ALGúN DíA, EL FLAMANTE áLBUM DE VíCTOR HEREDIA

Una canción que es la misma

A través de diez canciones, todas provenientes de su pluma, el autor de “Sobreviviendo” vuelve a cantarle al hombre nuevo y se asume portavoz. Pero esta vez corre a un costado las desesperanzas de un mundo hostil y da crédito a la confianza.

 Por Cristian Vitale

Un despegue a lo Pink Floyd y un bandoneón que baja a tierra, tal vuelo es como empieza Algún día, el nuevo disco de Víctor Heredia. La breve intro marca territorio y resume bien su historia estética. Grafica, además y como parte de ese todo, una melancolía intermitente, una tristeza que dura poco pero está, siempre. “Cenizas de ayer” –así se llama el primer track– le ubica un sonido afín a la aceptación de haber vivido como vivió. “La vida es como el mar, un sueño donde ya/ no hay mucho que soñar y empecinada va/ diciendo su verdad, dura y sincera./ No hay nada que llorar, no hay nada que olvidar”, canta Heredia y en ese puñado de palabras que conmueven –como es habitual en su obra– incluye a quienes serán protagónicos en su nuevo disco, en su vida: el Che Guevara, la voz de Gardel, el exilio de Madrid, algún amor perdido. Testimonial, entonces. A diferencia de anteriores producciones, el cantautor corre a un costado –sin dejarlas de lado, necesariamente– desesperanzas de un mundo hostil (“Mariposa de Bagdad”) y da crédito a la confianza: “Patria mi amor, yo creo en vos” (“Algún día”), remite más al “Veinte mil años patria”, de Taki Ongoy que a la patria dañada por el paco y la magra desilusión de un oscuro devenir.

A través de diez canciones, todas provenientes de su pluma, Heredia vuelve a cantarle al hombre nuevo, y se asume portavoz. Se atreve, sincrónico, a resumir una historia de las Malvinas (“Breve historia de las islas Malvinas”) y dedicársela a los caídos... Un input contundente y efectivo, de paso, para tener en cuenta en las escuelas. Dedica una pieza a su amigo Silvio Rodríguez (“Canción censurada”) y en ella incorpora “la cartita” de Rodolfo Walsh, a Paco Urondo, y otra vez al Che, que también tiene su canción y se llama “Los ojos del Che”. Gabino Fernández al piano, Gustavo López en batería y percusión y Panchi Quesada en arreglos y guitarras visten de un folk rock fresco y simple una mañana feliz, en la que Heredia guarda en su memoria los ojos del revolucionario asesinado en Bolivia: “Hoy me levanté con esa luz, que germina a veces en el sur”.

Como un fresco de las figuras que lo hicieron así, poético y comprometido, Heredia también incorpora en su panteón de héroes colectivos a Armando Tejada Gómez (“La veleta de Armando”) y cuela a través de su espectro una crítica a los puros de la izquierda celestial, “los que le complicaron todo a Salvador/ tras la cordillera, te recuerdo, con dolor”. Se acuerda también de Facundo Cabral (“Momento”), con un impecable trabajo de Luis Gurevich en acordeón y condensa en “Ahora” una intención global: la pluma de Heredia, hoy y aquí, refleja los tiempos que corren. Los acepta y se aprovecha de ellos para decir lo que dijo siempre, de muy diferentes maneras: sabia comprensión de un devenir personal con la historia a cuestas y un porcentaje necesario de subjetividad. Asume que, recién aquí y ahora, está dejando de ser quien quiere para ser quien es... Un detalle de madurez, una nueva canción que, aun con sus giros, bemoles y atajos, sigue siendo la misma.

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