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Miércoles, 20 de septiembre de 2006

DISCOS › CUARTETO CEDRON

Al rescate de la ciudad perdida

En Frisón Frisón, el Tata musicaliza poemas poco conocidos de Homero Manzi.

 Por Karina Micheletto

Ya instalado definitivamente en la Argentina, de regreso de un exilio de treinta años en París, Juan “Tata” Cedrón emprendió una tarea en la que vuelve a mostrar el hilo del sello que inventó. Musicalizó una serie de poemas de Homero Manzi, prácticamente desconocidos, que en la década del ’40 quedaron escritos para que los tomaran distintos compositores. Junto a su cuarteto, Cedrón arrastra ahora estos temas desde añosas calles de Barracas, Pompeya o Boedo, actualiza una ciudad que ya no existe, pero que –parece ser la declaración de principios de este trabajo– se adivina si se observa con cuidado en sus pequeños detalles. En este Frisón Frisón –tal el título del disco, que alude al poema vuelto milonga “En un corralón de Barracas”– resuenan los cascos de los caballos sobre los empedrados de una Buenos Aires todavía pueblerina.

El gesto es el mismo que el que llevó a Cedrón a musicalizar, en su momento, a Raúl González Tuñón, Juan Gelman o Julio Cortázar. Concentrarse en el núcleo poético de las letras, abrirlas a una suerte de descubrimiento donde la música, y el canto mascullado de Cedrón, sirven de vehículo para acentuar o despojar, volver más brillantes, más tristes o más cargadas de nostalgia las palabras, según los casos. Esa es la operatoria que realiza sobre estos once poemas desconocidos de Manzi –no inéditos, aclara Cedrón, porque estaban publicados en una antología, pero sí inadvertidos para el gran público–.

En estos poemas, Buenos Aires tiene un río que la organiza y le da vida, y alrededor de él hay muchas voces, sonidos, curtiembres, corralones, areneras, carros, tranvías. Y, como motor de todas estas actividades, frisones, esos caballos de tiro que servían para las tareas pesadas. “Brilló tu pelo de cuarteador / al sur de Barracas viejo. / Cartel y orgullo del corralón, / frisón de cinchar parejo”, describe Manzi en “Matungo”. Y también: “Bailetín de guitarras en el barrio sencillo. / Corralón de San Telmo con portón de madera. / Una sombra que fuga y otra sombra que espera. / El sainete prepara su final a cuchillo” (“El pucho”). “Un día, caminando por Boedo con Acho Manzi, caí en la cuenta de algo importante: ‘¿Te das cuenta, Acho, que por acá pasaba tu viejo con Pedro Maffia, Sebastián Piana, Cátulo Castillo, toda esa muchachada?’, le dije. Entonces, Acho me dio el primer poema escrito a máquina por su padre, ‘Palabras sin importancia’. Así empezó todo”, cuenta Cedrón. Casi todos estos textos fueron concebidos como letras de canciones, incluso varios fueron pensados para que algún compositor puntual les pusiese música: Sebastián Piana, Juan de Dios Filiberto o Mariano Mores, según los casos. Además de los temas de Manzi, en el disco hay dos tangos instrumentales, con orquesta (“Responso”, aquel con el que Troilo homenajeó a su amigo, y “La bicicleta celeste”, de Cedrón), un texto de Acho Manzi y otro de Antonia García.

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Cedrón, experto en poetas: Tuñón, Gelman y ahora Manzi.
 
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