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Viernes, 7 de octubre de 2011

TELEVISION › EN EL BACKSTAGE DE ALUVION, QUE SE ESTRENA HOY A LAS 23.30

“El peronismo es una cantera de épicas, sagas y estéticas”

La frase de Daniel Santoro, uno de los responsables de la serie, da una adecuada explicación de las razones detrás de la serie ficcional, que arranca rescatando aquella vieja leyenda urbana de la sirvienta peronista que se comía al bebé de sus empleadores.

 Por Facundo García

Algunos todavía juran que ocurrió. La secuencia es la siguiente: un joven matrimonio de clase media contrata a una empleada doméstica, estando la esposa cerca del final de su embarazo. Nace el bebé. Semanas después, marido y mujer salen de noche para ir al cine y dejan el niño al cuidado de “la sirvienta”. De su morocha sirvienta peronista. Al volver encuentran la casa con las luces encendidas. La empleada los saluda ceremoniosamente –según versiones, vestida con el traje de novia de la señora– y les dice que preparó una sorpresa. Cuando los hace pasar, les muestra una mesa de gala que en el centro tiene al hijito en una fuente, asado y rodeado de papas. Esta extraña historia circuló por Buenos Aires a fines de los años ’40, y pocos tendrían la audacia de ponerla al servicio de una trama ficcional. Aluvión, todo lo que usted siempre quiso saber sobre el peronismo y no se animaba a preguntar lo hará por Canal 9 a partir de hoy a las 23.30, con los toques creativos del artista plástico Daniel Santoro y del director de cine Francis Estrada, y con participaciones estelares como la de Víctor Hugo Morales, que asumirá el rol de un sacerdote gorila. Y eso es sólo el principio.

Zona de cruces

El set está que arde. Tras el primer capítulo de la empleada caníbal, ya se está rodando otro sobre un complot para matar a Perón. El lugar para relajarse unos minutos es la terraza de un departamento porteño. Una parrillita portátil va expeliendo sándwiches que el staff devora con descamisado fervor. Rodeado de ensaladas y sillas plásticas, Daniel Santoro comparte impresiones. “Cuando murió Néstor Kirchner –rememora– nos juntamos con Francis a hacer una puesta en común. Sentíamos que el peronismo era una cantera de épicas, sagas y estéticas que no había sido muy explorada por la cultura, salvo por tipos como Leonardo Favio, Ricardo Bartís o Alejandro Tantanián.” Se podrían agregar a la lista Tomás Eloy Martínez, Germán Rozenmacher, Guillermo Saccomanno y –más cerca en el tiempo– Diego Capusotto, cada uno con sus obsesiones. En el caso de Santoro-Estrada, la dupla se interesó “por las zonas de fricción con la clase media”, es decir, por “los anatemas y leyendas que marcaron áreas del abanico político en las que era vergonzoso o peligroso estar”.

¿Quién puede seguir charlando si de repente aparece Víctor Hugo Morales vestido de sacerdote? La voz y el porte le infunden un aura inquietante. Entra al baño –¿arremangará la sotana?–, luego se escucha el ruido de la cadena y finalmente sale, ya listo para arrancar las grabaciones. Morales está actuando precisamente en El luto, que se emitirá la semana que viene y que lo tiene en el rol de un cura que –a poco del fallecimiento de Eva– se coordina junto a varios ricachones (Nicolás Pauls, María Inés Aldaburu) y un profesor universitario (Esteban Mihalik) en un plan para liquidar “al régimen” matando a Perón. Obviamente, el General tendrá sus defensores, como un “negro, puto y peronista” interpretado por Juan Palomino que tal vez –sólo tal vez– evitará el magnicidio.

Hay que tener agallas para meterse en ese berenjenal. “Me entusiasman los raptos de locura de Daniel, eso es todo. Habría venido a actuar de cura, de punk o de lo que fuera”, confiesa el Padre Morales. Estrada, el director del rodaje, se acerca para explicarle que su personaje ve al peronismo como “un culto hereje” y que, en consecuencia, “cree que es legítimo combatirlo con métodos de la Inquisición”. Léanse unas líneas del guión –con voz de Víctor Hugo, por supuesto– para tener un boceto del conspirador propuesto: “Es muy triste ver al pueblo embriagado con ritos paganos, adorando a esa mujer como si fuera una santa...”.

–En la ficción le tocó ser un cura malvado. En la realidad, ¿se podría anticipar un Víctor Hugo peronista?

–Como buen uruguayo, tengo mis barreras frente al peronismo. De todos modos, debo admitir que al ir teniendo más contacto –a partir de mi necesidad periodística– aprendí a verlo desde otros ángulos; a lo que hay que sumarle constataciones muy concretas, como la seguridad laboral de la que gozan muchos trabajadores hoy en la Argentina. Difícilmente podría ser peronista –me resulta una calle ideológica demasiado ancha–, pero hoy los miro con muchísimo más respeto del que yo hubiese imaginado. Siento que mi crecimiento político en Argentina tiene bastante que ver con ese cambio.

Shh. En la consola piden silencio. Hay luz. Cámara. Amén.

Bastardos con gloria

La primera etapa de Aluvión está compuesta por ocho unitarios que llegarán al aire gracias al concurso Ficciones Federales que lanzó el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) para los canales de aire. El pintor Santoro y el cineasta Estrada (El viaje de Avelino) salieron a pescar narraciones que flotan en la marea del inconsciente colectivo, y les dieron otra vuelta de tuerca con la colaboración del guionista Patricio Vega (Los simuladores).

La entrega que se verá hoy, La mucama –que tiene a Julieta Cardinali, Alejandra Fleschner y Antonio Birabent en los protagónicos– retoma en tono hitchcockiano el mito de la empleada asesina, recopilado por la muy poco peronista Marie Langer hacia 1949. En “El niño asado y otros mitos sobre Eva Perón”, la psicóloga daba detalles sobre los motivos por los que éste y otros rumores adquirían de una circulación tan extendida: “Cuando publiqué este mito quise analizar su contenido inconsciente y atemporal, para comprobar que corresponde a una situación psicológica común a todos nosotros, y que encuentra plena credulidad por parte del público porque éste, a través de las distintas identificaciones con los diversos protagonistas, logra captar esa constelación y su veracidad psicológica”.

Sesenta y dos años más tarde, el mito se reformula en un programa de TV ¿No sugiere eso una alteración en la dinámica de las identificaciones? El tándem Santoro-Estrada apuesta por esa hipótesis. Aluvión abre las puertas de hierro para que desborde el sustrato mítico peronista, cercado, hasta no hace tanto, por la censura dictatorial y el buen pensar de la progresía. Dice Santoro: “Supongo que se ha perdido el miedo a hablar de estos asuntos. La tarea es desarticular los nudos en donde no podíamos verbalizar lo que sentíamos y ver con qué nos encontramos”.

Cada capítulo se asienta sobre un género cinematográfico. Además de la mucama hitchcockiana y del atentado contra el Pocho en clave de policial negro, el programa abordará la quema de iglesias desde el terror y el melodrama se desplegará a partir de los libros escolares que repartió el justicialismo en las escuelas primarias. Y la lista sigue. En El Pulqui no debe volar se destapará –en sintonía con los films de espionaje– un complot de soviéticos y estadounidenses para evitar que los argentinos consiguieran tener su superavión. Claro que los agentes imperiales no la tendrán fácil: la Fundación Eva Perón pondrá su estructura a trabajar en pos de la Patria. “El último capítulo será doble”, adelanta Santoro. “Se llama Las manos de la gloria y mezcla el asunto de las manos de Perón con la magia negra, en la onda del terror grotesco de Tim Burton. Hasta hay secuencias en la República de los Niños, con un enano espantoso que vive ahí y les reza a los retratos de Evita muerta. En fin...”.

Huelga decir que una locura semejante no habría sido posible sin el apoyo del Incaa, que aportó fondos para que se rodara con independencia del rating por el rating. Eso permitió que las fuentes de inspiración para ir a meter las patas fueran muchas más. No se puede dejar de mencionar, por ejemplo, el peso que tuvo sobre Aluvión el séptimo largometraje de Quentin Tarantino, Bastardos sin gloria. En la película de 2009 la verdad histórica es reapropiada como si fuera un arcón de recursos para jugar; y esa picardía genera una complicidad que es, simultáneamente, una forma de proponer la desconfianza como clave de lectura para todos los relatos audiovisuales. Si la operación le permite a Tarantino definir la Segunda Guerra Mundial en una sala de cine; deja que Santoro-Estrada logren armar un ménage à trois entre la mitología peroncha, el racconto histórico y los géneros del Séptimo Arte.

Santoro profundiza: “Desarticulamos estos discursos que se le han ido adosando al peronismo. ¿Cómo? Agarramos, ponele, aquello del ‘asado con las tablas del parquet’. Nos ponemos a investigar y resulta que descubrimos que había muchos calabreses que efectivamente no entendían que un piso pudiera ser de madera, porque las culturas mediterráneas prefieren la cerámica. No es que fueran bestias: en el conflicto del parquet asomaba un cruce cultural que hasta hace poco se calificaba solamente como un acto de barbarie. Así que ideamos un capítulo con Gino Renni haciendo de italiano y Osqui Guzmán como un chico de barrio, en el que estas situaciones se interpretan desde otro lado”.

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Morales es un cura que cree que el peronismo es un culto hereje al que hay que combatir con métodos de la Inquisición.
Imagen: Daniel Dabove
 
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