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Viernes, 16 de marzo de 2012

TELEVISION › MARCOS GORBAN Y EL PORMENORIZADO RELATO DE NOMINADOS

“Es un modo de despejar fantasmas”

“Muchos de los que hablaron de Gran Hermano lo hicieron sin saber, sin preguntar”, dice el productor que, ya alejado del programa, prefiere no emitir juicio sobre la actual edición.

“Gran Hermano es el reality show más importante del mundo. El de mayores audiencias, el de mayor facturación, el que más fantasías despierta. ¿Los drogan? ¿Les dan alcohol para que tengan sexo? ¿Está todo arreglado? ¿Por qué están tomando sol todo el día sin hacer nada? ¿Están guionados? Los mitos que se tejieron alrededor del programa son muchos. Y han ido cambiando a través de los años. Pero hay muchas historias que el público y la prensa desconocen.” Así se presenta en su contratapa Nominados (Editorial Sudamericana), el libro que aborda el detrás de escena del mayor exponente del “entretenimiento televisivo” de la última década, el reality show que más cabalmente representa las características –artísticas, sociales y culturales– de la época: Gran Hermano. Escrito por Marcos Gorbán, quien fuera productor general del ciclo hasta la edición de 2007, el libro revela toda la ingeniería televisiva puesta en marcha en el armado y desarrollo de un ciclo que llegó a ocupar alrededor de 30 horas semanales de aire, y el primero al que la industria local le dedicó cámaras y trabajo las 24 horas.

Quien pretenda encontrar en la publicación grandes revelaciones que pudiesen alimentar las peores sospechas que tuvo, tiene y tendrá el reality show se verá sin embargo desilusionado. Es que Nominados no es más (y todo eso) que la historia íntima del funcionamiento de la maquinaria televisiva que se puso al servicio de un proyecto 24 horas en modo ON. Al fin y al cabo, Gran Hermano es el paradigma de la televisión actual, donde los participantes “desnudan” su intimidad y sus miserias ante las cámaras y los millones de televidentes que están del otro lado, a la espera de que lo prohibido –cualquier cosa– surja en escena. “Siempre tuve ganas de hacer un libro sobre GH, pero desde adentro de Telefe, desde la producción, no tenía la perspectiva para escribirlo. En Nominados cuento cómo se hicieron las cosas, cómo aprendimos a hacerlas, por qué se hicieron”, cuenta a Página/12 Gorbán, productor de ciclos como VideoMatch, Edición Plus, Tierra de periodistas, Operación Triunfo y Talento Argentino.

–Nominados resulta una interesante guía para conocer todos los aspectos que rodean lanzamiento, desarrollo y puesta al aire de un megaproyecto como GH. ¿Por qué se propuso contar esa parte del fenómeno?

–Debe ser porque me salió el docente de adentro. Soy profesor en la Universidad de San Andrés y me cuesta encontrar libros que expliquen cómo es el trabajo de producción desde adentro. Pero además porque como nunca se contó con tanto detalle, pesan más las fantasías de lo que se hizo, que lo que se hizo en verdad. Muchas de esas fantasías fueron tiradas con mala leche por gente que no suele hacerse cargo. A lo largo de los años y de los ciclos fuimos cientos de personas las que trabajamos en el proyecto con mucho sacrificio, honestidad y buena leche. Sentía que tenía que homenajear todo ese laburo. Contar el paso a paso y la arquitectura del sentido común me pareció la mejor manera de despejar fantasmas. Sé que hay gente a la que no le importa lo que se pueda decir. A mí, sí. No quería que quedara instalada la mala leche sin oponer por lo menos una voz.

–¿Por qué señala en el libro que en un reality show el aspecto fundamental es el casting?

–Porque una vez que entran a la casa todo queda en manos de los participantes. No es como una ficción en la que si descubrís que un personaje no funciona le podés dar una vuelta. Cada uno hace dentro de la casa lo que quiere. Y si no es empático o no funciona es un error del casting. No te queda otra que esperar que los compañeros lo nominen y el público lo saque. Los pasos de la eliminación no están en manos de la producción. Ese es el chiste del programa. Si no, no tendría gracia. La producción, el canal son los que eligen a los que entran. Una vez adentro de la casa, sólo les queda mirar lo que decidan los demás.

–¿Qué parámetro tomaron para hacer la selección en el casting? ¿Cómo fue el proceso?

–Más allá de los detalles, es un trabajo periodístico. Se trata de ver y escuchar a los que se presentan. Entrevistarlos y tratar de buscar potenciales participantes que por su historia, su manera de ser o su manera de contar y de enfrentar la entrevista puedan ser parte del grupo que va a ser protagonista de la historia que se teja ante las cámaras.

–Nominados derriba todo tipo de mitos: desde que los chicos están guionados hasta que les dan alcohol para que tengan sexo. ¿No teme que se piense el libro como una manera de limpiar la imagen del ciclo?

–Absolutamente. Durante muchos años fuimos los que hicimos GH, pero no los que hablamos sobre GH. Muchos de los que hablaron lo hicieron sin saber, sin preguntar siquiera. Algunos por ignorancia. Otros, porque les dieron más espacio a sus propias fantasías que a la realidad, y otros directamente con deshonestidad. Tenía ganas y la necesidad de contar la verdad de cómo se trabajó en un programa que vieron millones de personas.

–¿Que GH se haya mantenido con el correr de los años en pantalla habla mucho de la TV argentina o de la sociedad en la que se vive?

–No, habla de que es un formato que cuenta también el tiempo en que se produce y parte de la sociedad que somos. No es lo mismo el GH 1 que el que se vio en el 2007 y el que está en el aire hoy. Los que viven dentro de la casa tienen diferentes discursos, búsquedas y maneras de entender el juego. Lo mismo el público. Y la propia producción. En la televisión los programas que mejor funcionan son los que cuentan el tiempo en el que les toca vivir. Y en ese sentido GH cuenta varios aspectos de las generaciones que lo protagonizan.

–¿Considera que GH acompañó los cambios sociales?

–No, no sólo tiene que ver con los cambios sociales, sino con los cambios de la generación de los chicos que la protagonizan. En 2001 todos éramos más ingenuos. Los participantes, el público y hasta la producción éramos vírgenes de GH. Alguno buscaba una aventura, otro el premio, otro probarse, alguno salirse de la mediocridad de la vida que estaba llevando... En 2007 los que se presentaron al casting ya tenían una percepción más instrumental de GH y de la tele. Diego Leonardi entró para poder sacarse la mochila de haber estado preso. Claudia Ciardone, para poder explotar una carrera de modelo que hasta el momento no había estallado... Pero ya todos sabían con claridad de qué se trataba el programa y lo veían como “un medio para”. A mí me da la sensación de que esta última generación viene a jugar a que están en la tele o por la fama en sí misma. Para ganar plata un par de meses en los boliches a los que los inviten y nada más. Por lo menos eso es lo que me transmiten. Ahora, ¿es así? ¿O soy yo que me estoy poniendo viejo? Así como me rompió las bolas los que hablaron con prejuicio de los pibes, no puedo hacer lo mismo ahora yo. No sé si soy la persona más indicada para definir entonces a esta generación porque no sé si estoy en lo cierto.

–GH levantó todo tipo de debates. ¿Cuál fue su límite en los años que lo produjo?

–Los límites siempre estuvieron planteados desde el primer momento. Aun antes de salir al aire. Menos lo escatológico, se contó todo lo que sucedió dentro de la casa y tal como sucedió. Y los que lo contaron o tejieron la historia fueron los participantes. Si alguien nos contó antes de entrar algo que no quería que se supiera, no se supo. Sólo salió al aire en el programa lo que ellos mismos contaron. Y lo que no, no.

–¿Asume algún error, tanto artístico como moral, que haya cometido?

–Errores artísticos, muchos. En algunos de los castings, en el armado de algunos programas. Sí, cualquier cantidad. Lo bueno fue reconocerlos y solucionar todos los que estaban a nuestro alcance. En cuanto a lo moral no. Nunca traspusimos ese límite que teníamos con toda claridad.

–¿Considera que GH entra en el concepto de “TV basura”?

–No comulgo con el concepto de “TV basura”. Creo que hay que tener más respeto por el deseo de la gente. La tele ofrece, la gente decide. Lo que el público no quiere ver se levanta o se cambia. Y queda lo que se mira en ese momento. En la tele abierta, si está en el aire es porque la gente lo elige. Y lo elige la misma gente que elige presidentes, diputados y concejales. No soy quien para definir como basura ningún contenido. Ni siquiera los que no me gustan.

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“Cambian los chicos que lo protagonizan, y nosotros. En 2001 todos éramos más ingenuos.”
 
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