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Domingo, 24 de marzo de 2013

TELEVISION › OPINION

Panelismo

 Por Gustavo Noriega *

El de panelista fue el mejor trabajo que tuve en mi vida, medido en la relación esfuerzo/diversión/paga. Tuve la fortuna de integrar el panel de Indomables, por América, y de Duro de domar, por el Trece, ambos con la conducción de Roberto Pettinato. Era poco lo que se pedía: que cada uno opinara libremente y, si fuera posible, que no estuviéramos todos de acuerdo. Sabíamos, aunque nadie nos lo dijera, que nuestro aporte fundamental era el de darle pie a Petti para que improvisara, generalmente provocando gracia a costa nuestra. Desarrollamos un arte insólito: el de resumir alguna idea en un tiempo mínimo, imponiéndonos por sobre el griterío generalizado. El antecesor de Twitter en el prime time televisivo.

Fueron días felices. Con mi amiga Fernanda Iglesias, compañera de panel, decíamos que nuestro deseo laboral no era ir escalando profesionalmente, sino que el tiempo se detuviera en ese momento mágico.

El tiempo no se detuvo y hoy ya no estamos en la televisión, ambos como consecuencia del delito de opinión. Tampoco Pettinato, que era el que realmente tenía talento. Hoy la tele es otra cosa. Paneles para comentar escándalos privados desvergonzadamente convertidos en públicos y paneles uniformizados, soviéticos, para instrumentar una única idea política. El sopor de ver 6,7,8 deriva justamente de que una de las múltiples traiciones de Diego Gvirtz tiene que ver con revertir la esencia de sus programas: la imprevisibilidad, el caos y la multiplicidad de sentidos al servicio de la brillantez de un conductor rock star. Conducir el programa político insigne de la TV Pública es, en cambio, ir dando la palabra a cada uno de los panelistas que, burocráticamente y sin apuro, aportará una pieza más de un rompecabezas de sentido único.

A diferencia de 6,7,8, el Duro de domar actual, sostenido con bajo rating en el canal sin dueño, trata de conservar en lo formal algunas de las características de su predecesor. Sin embargo, el hecho de haberse convertido en un arma política hace que repita como tragedia lo que alguna vez fue farsa.

* Periodista, ex panelista.

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