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Sábado, 21 de junio de 2008

VIDEO › MAñANA CON PáGINA/12, EL DVD MUNDIAL ’78: LA HISTORIA PARALELA

El lado oscuro de la fiesta

Con investigación del periodista Gonzalo Bonadeo, sobre un guión de Ezequiel Fernández Moores, el documental deja en evidencia el efecto narcótico que tuvo el Mundial ’78 en la sociedad argentina, cuando los goles de Kempes ocultaban los horrores de la dictadura.

 Por Emanuel Respighi

A treinta años de que la Selección Argentina de Fútbol se consagrara campeón mundial por primera vez en su historia, ya nadie duda de que aquel Mundial realizado en estas tierras fue, es y será una de las páginas más negras del deporte nacional. Organizado y utilizado políticamente por la dictadura militar encabezada por Jorge Rafael Videla para intentar mejorar su imagen en el exterior y encubrir los miles de asesinados, desaparecidos y torturados que había generado, el Mundial fue mucho más que un evento deportivo. Mientras buena parte del pueblo festejaba los goles de Mario Kempes y compañía, otra considerable parte sufría en las sombras los tormentos de un régimen asesino. Incluso, a metros del estadio Monumental. A días de cumplirse treinta años de la vuelta olímpica del equipo de César Luis Menotti, Página/12 ofrecerá mañana con el diario el DVD Mundial ’78: la historia paralela, un documental que cuenta la otra cara –la más dolorosa– de “la fiesta de todos”.

Resultado de un trabajo de investigación producido por Eyeworks Cuatro Cabezas y Ayer Nomás Producciones, del periodista Gonzalo Bonadeo, sobre un guión de Ezequiel Fernández Moores, el documental deja en evidencia el efecto narcótico que tuvo el Mundial en la sociedad durante junio de 1978, donde la alegría por los goles del seleccionado de César Luis Menotti silenció los horrores del plan sistemático de aniquilación de personas que paralelamente llevaba a cabo la dictadura más sangrienta del país. Con imágenes de archivo iné-ditas y entrevistas realizadas a integrantes del plantel campeón, sobrevivientes de la ESMA y miembros de organismos de derechos humanos, Mundial ’78 indaga en el costado más oscuro de esos tiempos y revela detalles terribles sobre los detenidos ilegalmente.

El comienzo del documental es representativo: las imágenes de archivo muestran el agasajo que Videla le brindó en la Casa Rosada al equipo de Menotti días antes del comienzo del Mundial. “Señores, así como el comandante arenga a su tropa antes del combate, así he querido hoy, frente a ustedes a través de esta visita ejemplar, que se sientan y sean realmente ganadores”, les dijo el represor a los jugadores el 26 de mayo, como si se tratase de una orden militar. Había que ganar el Mundial para convalidar la dictadura. Costara lo que costase.

El documental plantea, recordando las actitudes de Adolf Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, y Benito Mussolini, en torno del Mundial de Fútbol de Italia en 1934, que el Mundial ’78 fue “una de las más groseras utilizaciones políticas de la historia del deporte”. El relato toma como eje la cruel convivencia de dos países opuestos en menos de mil metros: el de la euforia en el Monumental y el de la picana en la Escuela de Mecánica de la Armada. Graciela Daleo, militante torturada en la ESMA, cuenta que el día de la final “el Tigre Acosta entró levantando los brazos y gritando: ¡ganamos, ganamos!. Ahí tuve la certeza de que si él gritaba que habían ganado, entonces nosotros habíamos perdido”. Daleo señala que, descaradamente, sus captores la obligaron a festejar el campeonato la noche de la consagración junto a ellos. “Viendo a la multitud festejando –recuerda– viví otro momento de infinita soledad, porque me di cuenta, llorando, de que si me ponía a gritar que era una desaparecida nadie me iba a dar pelota.”

Para combatir la llamada “Campaña antiargentina”, Emilio Massera armó su propio mecanismo de propaganda con la creación en el altillo de la ESMA de una oficina de prensa. “La pecera” –tal como la llamaban los prisioneros– tenía un doble objetivo: difundir información que fuera afín a los intereses de la dictadura y archivar lo que se difundía sobre Argentina en el extranjero. Raúl Cubas, uno de lo secuestrados que trabajó para salvar su vida en “la pecera”, cuenta que una vez lo mandaron a cubrir una conferencia de prensa de Menotti, en busca de obtener una opinión favorable del director técnico sobre la situación del país. “La idea –cuenta Cubas– fue del teniente de navío Rolón, que incluso me acompañó a la entrevista. En la rueda de prensa lo único que hacía era mirar alrededor. Me parecía una locura, porque estaba allí, pero en realidad no pertenecía a este mundo.” El ex secuestrado señala que luego participó de una entrevista con el técnico, donde no le faltaron ganas de confesarle a Meno-tti su condición de desaparecido. Pero no se animó por miedo. “Mi único momento de racionalidad –recuerda– fue ubicarme cerca de Menotti en la rueda de prensa para tratar de salir en una foto. Incluso, en la foto que salió publicada en La Nación se ve a Rolón, y yo detrás, parado. Pensaba que si podía salir libre, ésa era una prueba de que había estado allí. Porque en ese momento no sabía si después de la entrevista iba a vivir o si me boleteaban inmediatamente.”

Con el paso de los años, el plantel de aquel Mundial fue criticado por la falta de compromiso con lo que ocurría en el país. Entre los testimonios de varios jugadores se destaca el de Osvaldo Ardiles, quien confiesa que “estaba convencido de que nosotros éramos derechos y humanos”. “Me molestaba cuando atacaban a Argentina, cuando periodistas del exterior me hacían preguntas difíciles. Yo pensaba que era todo propaganda comunista, zurda. Ese era yo, que era uno de los más instruidos”, se justifica. A su vez, Mundial ’78 sostiene que, durante el Mundial, Menotti se escapaba de la concentración para reunirse con dirigentes del Partido Comunista. “Tuve muchas reuniones –admite el entrenador– en las que discutíamos todo, hasta la lucha armada. Hay muchas cosas que a mí me avalarían para demostrar que fui más combativo que muchos de los que ahora dicen pavadas: yo tuve gente en mi casa y también saqué gente de la calle.”

El especial se cierra con las palabras de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, a quien la dictadura le quitó a su hija Laura, que esperaba un hijo (Guido) para la época en que se jugaba el Mundial. “El propósito de la dictadura –indica– era deshacer este país, reinar por tiempo indeterminado y que la familia de los que llamaron subversivos fuera diseminada. Pero no lo consiguieron porque estamos juntos, el país existe y está de pie.” A tres décadas de aquella puesta en escena narcotizante, no hay nada que festejar y sí mucho que recordar.

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Había que ganar el Mundial para convalidar la dictadura, costara lo que costase.
 
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