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Sábado, 10 de marzo de 2012

VIDEO › LA CHICA DE MIS SUEÑOS, DIRIGIDA POR EL PUERTORRIQUEÑO MIGUEL ARTETA

Doble relato de iniciación

Basada en una novela y dirigida por un cineasta indie, la película acompaña las desventuras y los entuertos de un joven acomplejado por sus problemas para relacionarse con las chicas. Para cambiar las cosas, se inventa una segunda personalidad.

 Por Horacio Bernades

La tapa de un viejo vinilo de Sinatra, una masturbación y una voz en off. Así comienza Youth in Revolt, que combina dos variantes clásicas del relato de iniciación: la del chico urgido por perder la virginidad y la del novelista cachorro. El chico del caso es Nick Twisp, convencido de que las chicas de Oakland desarrollaron un interés en él igual a cero. Tal vez por eso piensa que las novelas clásicas y las canciones de Sinatra son lo más parecido al paraíso que hay sobre la Tierra, mientras escribe todo eso en un archivo de Word de la compu. Ya tendrá ocasión de conocer a una chica que, deslumbrada por la cultura francesa de los ’60, tiene como máximos ídolos a Belmondo y Serge Gainsbourg. Y por qué no podrían hacer un dúo el autor de “L’Homme à tête de chou” y el intérprete de “Take Me To The Moon”. Traducible como Juventud sublevada, en Argentina el sello AVH acaba de lanzar Youth in Revolt con el título, ligeramente más romántico, de La chica de mis sueños.

¿Quién otro si no Michael Cera podía ser Nick? De Supercool en adelante, este chico de aspecto tímido y retraído (que ya no es tan chico y tal vez no sea tan tímido y retraído) se posicionó como primera opción para esa clase de papeles. Basada en una novela y dirigida por el puertorriqueño indie Miguel Arteta, La chica de mis sueños (si es el título que hay, habrá que usarlo) lo presenta, en los primeros tramos, sufriendo a sus padres separados. Mamá (la comediante Jean Smart) es una de esas señoras convencidas de que la mejor manera de conseguir un caballero es disfrazarse de veinteañera, sin advertir que lo que así consigue es cualquier cosa menos un caballero. Vean si no a Jerry (el omnipresente Zach Galifianakis), que obliga a toda la familia a salir huyendo, el día que tres marineros vienen a reclamar que el auto usado que el tipo les vendió se partió en dos. Por lo cual mamá, él y Nick rumbean hacia un camping lejano, donde un amigo de Jerry tiene una casa rodante para prestarles. Trailer que está, claro, más destruido que el auto de los marineros.

Dando por descontado que por sí solo no puede conquistar a Sheenie (Portia Doubleday, que parece una Emma Stone de repuesto), Nick se inventa una segunda personalidad, una suerte de ello demodé, a quien bautiza François Dillinger. Es él mismo con bigotitos, anteojos clipper, poses de dandy y psicología de machote, y Nick se lo imagina como si tuviera existencia propia. François lo guía para conquistar a la chica y desfacer entuertos. O para hacerlos, más bien. Provoca al nuevo amante de mamá, que es policía (Ray Liotta), le prende fuego a medio pueblito vecino y finalmente él o Nick traman una conspiración bastante jodida para recuperar a Sheenie. En el papel del padre de Nick, Steve Buscemi luce como uno de esos tipos que sin trabajar se las ingenian para vivir como reyes; M. Emmet Walsh (el detective psicopático de Simplemente sangre) y Mary Kay Place son los padres-fanáticos religiosos de Sheenie; Justin Long, el hijo que los endroga con hongos, y Fred Willard un muy naïf activista prominorías, mientras que una Rooney Mara predragón tatuado hace de amiga ninfomaníaca de Sheenie. En otras palabras: todo servido para una película picante. Si el picor no llega a tanto, tal vez sea porque en lugar de sacarles el jugo a sus personajes La chica de mis sueños se conforma con surfear de uno a otro, como olitas suaves.

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La chica de mis sueños, un film picante que se queda a mitad de camino.
 
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