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Viernes, 3 de enero de 2014

MUSICA

Narraciones terroríficas

Llevaba tres libros escritos desde 2005 (una novela de ciencia-ficción, un diario informal del backstage de los Cadillacs, y un compendio de cuentos y anti-poemas) hasta que hace pocas semanas editó Surfer Calavera, su primer material de narraciones terroríficas, ilustrado en tapa por un esqueleto que surfea las olas con notable habilidad. “Son cuatro capítulos, pero no sé si se entiende así –protesta su autor—. Ya se lo dije a mi editor: lo que parece el primer cuento no es el primer cuento, es el primer capítulo... Pero igual, es un delirio.”

Porque después de las olas y el surf y el bajo y el punk y el ska –o todo al mismo tiempo–, lo que mueve a Sr. Flavio es el terror. “Un vampiro de grado menor, baja estofa. Muerde cuellos de animales pequeños en los bosques de Camet: conejos, ratas, gatos. El ajo lo confunde”, escribe en “El vampiro de Camet”. “Soy un gran amante del terror. Con mi esposa consumimos el 99,9 por ciento del terror que se filma en el cine. También el de la literatura, pero leo tanto que termino leyendo otras cosas: filosofía, H. P. Lovecraft, lo que fuere. Pero en películas, es sólo terror. No veo otro cine que no sea de terror, estoy permanentemente comprando películas. Me gusta todo, incluso el terror clase B; es más: digo que soy un escritor de terror clase B.”

“Un vampiro nuevo, inseguro, virgen, con culpas, vuela y sobrevuela la noche oscura de la Avenida Alem. El ajo le provoca panic attack”, dice en “Brand New Vampiro”. “Me inspiran las momias, los zombies que caminan lento. Y también el suspenso: Patricia Highsmith, o Agatha Christie, aunque es más filopolicial; Stephen King es estilizado, por ejemplo. Siempre le voy a robar a Twin Peaks: esa tensión, esos diálogos que nunca llegan a ningún lado...; eso me motiva, y me vuelve una y otra vez. Quien sea fan de Twin Peaks y de David Lynch entiende lo que digo. Pero el terror clase gore, el que quiero llevar a mi literatura, desordena.”

Sin embargo, aunque al terror le ponga palabras, nunca le puso música “a lo grande”. “Muchas veces me pregunté por qué. En realidad, hay una canción en Fabulosos Calavera que se llama ‘El carnicero de Giles’, con la que quise inspirar algo medio gracioso, pero no tengo la capacidad de Marcelo Pocavida (ex Cadáveres de Niños, motor punk argentino)... Me di un poco el gusto con mi banda Misterio, cuando Astor en la batería era muy chiquito: grabamos Beat Zombie y Los ojos del mal; de ambos discos hicimos un compilado que está en vinilo: 10 Years Old Zombie, se llama, porque Astor tenía 10 años.”

Y tiene ganas de ir a la próxima Marcha de los Zombies porteña, aunque se le advierta que son todos una manga de muertos. Larga la carcajada: “¡Perfecto, entonces! Es una truchada... ¡por suerte! El terror lo admite todo”.

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