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Martes, 25 de febrero de 2014

PLASTICA › LA MUESTRA WALL WORKS

Muros que no separan

 Por Renata Martins *

Desde Berlín

En esta muestra de la Hamburger Bahnhof, los muros no buscan segregar o dividir. Sirven para unificar los diferentes lenguajes artísticos que fueron adaptados al ambiente del pabellón para componer los cinco bloques de la exposición Wall Works. Cada capítulo de la muestra contiene un cuestionamiento central y distinto, diversamente de lo que se acostumbra ver en las tradicionales pinturas murales, que existen desde los albores de la historia de la humanidad. El visitante presencia el conflicto artístico de las obras, con la paredes como elemento de soporte pictórico y, paralelamente, como delimitador espacial.

El mural inicial es del conceptualista francés Daniel Buren (Unexpected Variable Configurations: a work in situ, 1998), y busca provocar el cuestionamiento sobre las condiciones de presentación y de medida del arte en nuestra realidad, ya que la relación entre espacio artístico y espacio real es prácticamente inexistente. Los anillos policromáticos de la inglesa Sarah Morris –Rings (1972)–, capturan a su vez formas abstractas circulares en movimiento para hacernos reflexionar sobre el desarrollo urbano y social.

En el segundo pabellón se confrontan las tradicionales pinturas sobre tela y sobre pared, que retoman el espectro de las tendencias abstractas de fines de los años sesenta.

El mural minimalista y conceptual, metódica y coloridamente trabajado, del neoyorquino Peter Halley (Static wallpaper, 1998), da al observador una sensación embriagadora ante la fuerza de sus cuadrados multicolores, al modo de enormes pixeles. A través de la repetición mecánica de imágenes geométricas con delicados trazos impresos, el artista hace referencia a las estructuras de comunicación y organización de la era tecnológica.

El tercer pabellón está dedicado al paisaje urbano. El californiano Matt Mullican busca descifrar o recodificar el medio urbano con un sistema de símbolos.

En el penúltimo pabellón se destaca la instalación de la alemana Katharina Grosse (I Think This is a Pine Tree, –“Creo que esto es un pino”, 2013– ver foto), con inmensos troncos de árboles cubiertos por capas multicolores de pintura aplicada a soplete, en que se reflexiona sobre el espacio del arte y el espacio legitimado del observador.

Además de la intervención directa en la superficie de la pared, también con grafiti, el joven alemán Nasan Tur, en Berlin says (2013), registró lo que los habitantes de la capital acostumbran decir, hasta que los espacios entre las palabra fueran completamente cubiertos por nuevos decires. El proceso se acompaña con un video. En el último pabellón se evoca la conexión del cuerpo humano y el espacio arquitectónico y, consecuentemente, social. La performance del peruano Antonio Paucar, Voltereta en el azul Yves Klein (2013), consiste en que el artista se para sobre pigmento azul (usado y luego patentado por) Klein y luego hace la vertical y con sus piernas en alto pega una voltereta hasta impactar sus pies sobre la pared, utilizándolos como pincel, de modo que deja sus huellas impresas a través de una precisa y concentrada acción artística.

Traducción: Fabián Lebenglik.

* Licenciada, profesora y master por la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Pablo.

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