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Domingo, 20 de julio de 2014

CULTURA › TINIEBLAS PARA MIRAR RECOPILA RELATOS INEDITOS O NO PUBLICADOS EN LIBROS

Ejemplo de una formidable destreza narrativa

“¿Sos o no sos un poeta, Hernán? Porque los poetas de verdad están con los ojos siempre abiertos, sobre todo si andan en la tiniebla”, le dice el Gallego Viñó, “fornido, desgreñado y ruidoso”, “máximo bardo nacional, cinturón negro del parnaso completo”, a ese aspirante a poeta que custodia el cadáver de Eva Perón en un camión cisterna. El cuento inédito que da título a Tinieblas para mirar (Alfaguara), catorce relatos escritos a lo largo de medio siglo –buena parte de ellos inéditos o nunca antes publicados en libro–, rebasa la formidable destreza narrativa de Tomás Eloy Martínez. “Toqué los dedos de Eva con la punta de mis dedos. Estaban entrelazados sobre el pecho y de ellos manaba el rosario que Pío XII le había regalado durante el viaje triunfal de 1947. Después me toqué la cara, para sentir que yo era yo. La tenía húmeda, arrasada. Estaba llorando. Por primera vez desde la infancia, yo, Hernán Uriarte, sentí la llamarada del llanto lloviendo sobre mi corazón.” En la nota posliminar, Ezequiel Martínez plantea que este relato refleja “su temprana obsesión” por el cadáver de Evita. En una carta de 1997 al editor Abel Gerschenfeld, el autor comparte las andanzas de este texto: “En 1963, cuando nadie sabía en la Argentina qué había pasado con el cadáver de Evita, soñé que el cuerpo era escondido dentro de un camión de gasolina y que el camión se incendiaba. Escribí un cuento que narraba ese sueño, pero nunca lo publiqué. Su título era ‘Tinieblas para mirar’”.

El volumen abre con “Confín” (1979), publicado por primera vez en el diario Ultimas Noticias, de Caracas, el 5 de septiembre de 1982, elegido por los editores por considerarlo “una poderosa e inquietante metáfora de la Argentina”. El fervor por un delincuente manco tucumano, una especie de santo para el pueblo, atraviesa “Bazán”, texto que salió por primera vez en La Gaceta de Tucumán en diciembre de 2006 y que tuvo una edición en la editorial Eloísa Cartonera. Otro relato que indaga en las creencias populares es “Habla la rubia”, uno de los primeros cuentos que escribió en 1961. Otro del mismo período es “La inundación”, donde se percibe el oído de un joven escritor atento al habla y a ciertas expresiones, como “andar intruseando”. Otro poderosísimo cuento es “Colimba”, una ficción autobiográfica que se difundió a través de The New York Times Syndicate, en mayo de 2006, con el título de “Primavera del 55”. El narrador, al que justo le toca hacer la colimba en el año ’55 –uno de los “más caudalosos en golpes militares y acuartelamientos”–, siente miedo cuando se entera de que junto con otros soldados deberá controlar una manifestación de dos mil obreros que avanza desde los ingenios hacia Tucumán, cantando la marcha peronista. “Yo no entendía muy bien por qué mi familia odiaba a Perón ni por qué otros lo querían tanto. Lo único que entendía era que el golpe militar de septiembre había dado felicidad pero también desdicha, y que por mí no pasaba ninguno de esos sentimientos. Yo sólo tenía tristeza, y la sensación de no estar en ninguna parte”.

Antonio Malabia, el protagonista de “Purgatorio”, es un diplomático argentino de carrera que está interesado en la gloria literaria. Un llamado del presidente lo saca del confort de Varsovia para cumplir con un encargo desopilante: viajar como enviado plenipotenciario a Andorra. “Los andorranos no van a seguir toda la vida aislados del mundo. Y el que llega primero llega dos veces. Si nadie pudo, los argentinos podemos”, se ufana el presidente. Inolvidable es Rhina, la protagonista de “Historia de la mujer que baila sin moverse”, una mujer calzada con zapatillas de ballet en una estación de tren que afirma que “sólo en esta realidad que nunca se mueve me siento segura”. Estos cuentos irradian luz sobre el caudal desbocado de la imaginación de Martínez y llevan al máximo lo que podría ser su incalculable legado literario: “Escribir ficciones es buscar lo que no somos en lo que ya somos, es aceptar, en aquel que somos, todos los otros que no podremos ser”.

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