futuro

Sábado, 1 de julio de 2006

LIBROS: LA COLECCION “CIENCIA JOVEN” DE EUDEBA

Destejiendo el arcoiris

 Por Federico Kukso

Desde su nacimiento bien remoto en el siglo XVII de la mano de Galileo Galilei (que dejó por un momento de lado el latín para comunicar su obra), la divulgación científica sacude sus propios demonios. Si bien los obstáculos son varios (el siempre espinoso asunto de la precisión, despertar la curiosidad, llamar la atención, explicar claramente ideas complejas, etc.), tal vez uno de los que más hace ruido salga del propio nombre de esta especie de subgénero del ensayo, para hablar en términos literarios. Porque, se quiera o no, lo de “vulgarización”, que anida en el término “divulgación”, esconde una postura ideológica, un punto de partida desde ya desigual que o concibe a los científicos como iluminados o como poseedores de la verdad.

Tal reclamo de disconformidad nominalista se ha vuelto puertas adentro casi un lugar común, uno de esos reclamos al aire perfectos para arrancar una charla o una conferencia sobre el tema. Se intentó con “popularización de la ciencia” y se terminó con el políticamente correcto “comunicación pública de la ciencia”, una etiqueta pomposa que se presenta en congresos y actos protocolares, aunque siempre el título de “divulgación científica” asome y muestre los dientes.

Tenga el nombre que tenga, su núcleo diseminador de conocimiento siempre fue el libro. Las revistas tuvieron su cuarto de hora (en la década del 90 por ejemplo, cuando convivían en los kioscos publicaciones como Muy Interesante, Conozca más, Descubrir, Enciclopedia Popular Magazine), los programas de TV van y vienen (la eterna “Aventura del hombre”, “El mono que piensa” o el actual “Científicos Industria Argentina”, que cada vez está más escondido en la grilla de programación), los canales hacen lo que pueden y algunos suplementos sobreviven en los diarios, entre la sangre de la sección policial, los índices bursátiles de economía, las celebridades del espectáculo, los marcadores del deporte y las novelas de la política. Pero siempre se cumple la ley borgeana: “los periódicos se leen para el olvido, y los libros para la memoria”.

Será por eso que la aparición de una colección de libros de divulgación científica organizada por una editorial argentina tal vez merezca un poco más de atención que la que se le asigna al mundo bullicioso de los libros y las publicaciones. El número de títulos ya asombra. Ni tres ni ocho ni quince: la colección “Ciencia Joven” de la Editorial de la Universidad de Buenos Aires (Eudeba) está compuesta por 21 títulos-tema cada uno enfocado en una parcela científica.

Pero no se agota ahí el punto de distinción de esta colección para nada modesta. Los autores, por cierto, además de argentinos (que cuentan, explican y comentan la ciencia en “argentino”, algo ya novedoso en un mapa editorial copado por los autores norteamericanos e ingleses), son investigadores y profesores de la Universidad de Buenos Aires.

Así, por ejemplo, Diego Harari y Diego Mazzitelli hacen lo suyo en 100 años de relatividad; Evolución y selección natural está a cargo de Esteban Hasson, Ricardo Miró habla de Números combinatorios y probabilidades; Daniel Florian emprende Una expedición al mundo subatómico: átomos, núcleos y partículas elementales; Gustavo Duffó describe los Biomateriales: una mejor calidad de vida; Marta Tesone ahonda en la Reproducción humana, Marcelo Rozenberg comenta La física y la edad de la información, y les siguen Entre el calamar y el camello. O del control del medio interno, de Carlos Amorena y Alejandra Goldman; Por los senderos de la noche. Guía de viaje para los mochileros del Universo, de Pedro Saizar; La física de los instrumentos musicales, de Javier Luzuriaga y Raúl O. Pérez; Contaminación y medio ambiente, de Daniel Cicerone; Las plantas entre el suelo y el cielo, de Jorge Casal; Introducción a la geología: el planeta de los dragones de piedra, de Víctor Ramos, Andrés Folguera y Mauro Spagnuolo; La intimidad de las moléculas de la vida: de los genes a las proteínas, de Martín Vázquez; El lenguaje de las neuronas, de Osvaldo Uchitel; Biología marina, de Pablo Penchszadeh y Martín Brögger, para citar algunos.

“La idea surgió del interés del ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de disponer de libros de ciencias naturales y exactas. Sobre la base de esta idea general Eudeba pensó y ofreció títulos sobre temas específicos e interesantes de todas las ramas de las ciencias escritos por investigadores universitarios”, explica a Futuro Patricio Garrahan, presidente de Eudeba.

De los diez temas solicitados en diciembre de 2004 por el ministro Daniel Filmus, se terminaron proponiendo (y aprobando) 21 textos que no siguen estrictamente el programa de enseñanza sino que lo complementan con el análisis de cuestiones específicas de interés y actualidad.

Que la colección lleve como nombre “Ciencia Joven” más o menos expone a qué público está dirigida. “Los libros –comenta Garrahan– están inicialmente orientados a estudiantes y docentes de la escuela media pero los temas y el nivel del tratamiento lo hacen de interés para el público general no especializado interesado en algunos o todos los aspectos de las ciencias naturales y exactas que la colección trata.”

Esta apuesta que se agrega a su colección orientada al público infantil “¿Querés Saber?”, se levanta sobre una postura ideológica más amplia: “La divulgación científica –remarca Garrahan– es una obligación, un deber de los investigadores universitarios de transferir sus conocimientos a los estudiantes y docentes de la escuela media y al público en general”. En definitiva, una propuesta que ubica modestamente a los autores en el mismo sendero que recorrieron Carl Sagan, Stephen Hawking, Richard Dawkins, Stephen Jay Gould, Martin Gardner, Jared Diamond, Steven Pinker e Isaac Asimov, para nombrar algunos de los autores que no sólo compartieron con amigos, familiares y desconocidos hipótesis, teorías y debates científicos sino que exhibieron a su modo las inquietudes culturales de su época para desenmascarar los prejuicios y destejer las telarañas del pensamiento.

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