futuro

Sábado, 1 de julio de 2006

LIBROS Y PUBLICACIONES

 Por Federico Kukso

LA MUJER DESNUDA
Un estudio del cuerpo femenino
Desmond Morris
Planeta, 328 págs.

Desmond Morris no escandaliza, aclara: “No es un texto médico ni un ensayo psicológico, sino un retrato zoológico, celebrando a las mujeres como aparecen en el mundo real, en su entorno natural”. Así, como si el enfoque elegido fuera el más común del mundo, el zoólogo y etólogo inglés arranca su último libro con el que amaga escandalizar y levantar las cejas de las más fervorosas feministas. Sin embargo, no tiene éxito pues el efecto que consigue es más bien el contrario: lo que logra en realidad es asombrar de principio a fin con una catarata de datos, anécdotas e historias ocultas del trajín evolutivo del cuerpo femenino durante millones de años.

Así como hizo en El cuerpo al desnudo (Bodywatching, 1985), el autor del clásico El mono desnudo (1967) vuelve al ruedo y examina exclusivamente a la mujer de la cabeza a la punta del pie en un viaje anatómico donde mezcla la mirada antropológica, histórica y biológica. Cada parte del cuerpo tiene su espacio: el cabello, la frente, las orejas, los ojos, la nariz, las mejillas, los labios, la boca, el cuello, los hombros, los brazos, las manos, los pechos, la cintura, el vientre, la espalda, el vello púbico, los genitales, las nalgas, las piernas, los pies, en un análisis que deconstruye la figura femenina en sus partes últimas.

Superando la visión algo estrecha del zoólogo respecto de los seres humanos –quienes los consideran “simios sin rabo con un cerebro muy grande”–, Morris se desparrama en halagos a la mujer, en una especie de postura feminista extrema (la mujer como “el organismo más fascinante del reino animal”) y que abunda en lo políticamente incorrecto. Después de todo su premisa fundamental, la tesis detrás de la tesis, consiste en que la mujer no es para nada igual al hombre. Todo lo contrario: según el zoólogo, el cuerpo de la hembra humana ha evolucionado en muchos aspectos más que el del macho. La diferencia no estribaría sólo en la apariencia: los hombres son ligeramente más infantiles en su comportamiento, las mujeres en su anatomía. O que la razón de la existencia de más inventores masculinos que femeninos radicaría en que las mujeres tienden a ser cautas mientras que los hombres son más proclives a tomar riesgos, a experimentar con lo desconocido en vez de confiar en pautas ya establecidas.

Puede que su aproximación a los humanos desde un punto de vista plenamente zoológico haya sido en su trayectoria el blanco preferido de las críticas, pero Morris en esta ocasión lo supera: ya no todo está únicamente atravesado por la evolución biológica. Ahora, la intervención social (la “evolución cultural”) tiene cabida en su análisis como rectora de transformaciones y divergencias. Como si el zoólogo hubiera por fin abierto los ojos y se hubiera percatado de que hace millones de años el ser humano por fin abandonó la selva.

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