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Sábado, 21 de junio de 2008

HISTORIA DE LA CIENCIA: HIPATIA DE ALEJANDRIA (370?-415)

Matemáticas y género en el siglo IV

Hubo en Alejandría, hace algún tiempo, una mujer cuya erudición e inteligencia brillaron en el ocaso de la Antigüedad. El amor por el saber –eso que llaman filosofía– fue para Hipatia, durante sus años de matemática, tierra fértil para extender su pensamiento; hasta que murió asesinada por los cristianos, cuya manera de mirar el mundo estaba en franco ascenso.

 Por Gimena Fuertes

Hipatia de Alejandría fue la primera mujer que hizo importantes contribuciones al desarrollo de las matemáticas y llegó a ser, hacia el 400, referente de la escuela neoplatónica de Alejandría. Más de mil años después, Descartes, Newton y Leibniz extendieron su trabajo. “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”, dejó escrito.

Hipatia fue la última científica que trabajó en la que había sido la Biblioteca de Alejandría. Fue matemática, astrónoma, física y practicó la filosofía en una época en que las mujeres eran tratadas como objetos de propiedad.

No se sabe si nació en 355 o en 370 en la misma Alejandría, Egipto. Era hija del matemático, astrónomo y filósofo Teón quien daba clases en la biblioteca que en algún momento sustituyó a la famosa Biblioteca, desaparecida en el incendio del año 48 d.C. Según algunos historiadores, no hay evidencia de que Hipatia haya hecho alguna investigación original en matemáticas, sólo asistió a su padre en la redacción de las once partes de su comentario al Almagesto de Ptolomeo y que también lo ayudó a producir una nueva versión de los Elementos de Euclides, que fue la base para todas las ediciones posteriores.

Otros sostienen, en cambio, que incluso superó al padre, que muchos de los escritos conservados que se suponen de Teón son en realidad de ella, y que además escribió comentarios sobre la Arithmetica de Diofanto, las Cónicas de Apolonio, y sobre los trabajos astronómicos de Ptolomeo.

Los estudiantes asistían a las lecciones de Hipatia sobre matemáticas, astronomía, filosofía y mecánica y su casa se convirtió en un centro intelectual donde se reunían los estudiosos para discutir cuestiones científicas y filosóficas.

Uno de sus alumnos fue Hesiquio el Hebreo, quien escribió obras en las que asegura que “los magistrados acudían a ella para consultarle sobre asuntos de la administración. Vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón y de Aristóteles”.

Hipatia se educó en un ambiente académico y culto. Viajó a Atenas y a Roma siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar. Estudió la historia de las diferentes religiones, oratoria y los principios de la enseñanza. También se interesó por la mecánica y la tecnología. Se sabe que inventó un aparato para destilar el agua, un hidrómetro graduado para medir la densidad de los líquidos y un artefacto para medir el nivel del agua.

“ALGO HABRA HECHO”

La ciudad de Alejandría, capital de Egipto, fue uno de los centros intelectuales más grandes en los días en que Atenas y Roma todavía gobernaban el mundo.

En la época de Hipatia –ya bajo dominio romano desde hacía tiempo– era una ciudad que sufría graves tensiones. Era lugar de revueltas callejeras, masacres y guerras civiles. A Hipatia le tocó vivir en tiempos duros en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana, por lo que comenzó a ser considerada pagana. Los filósofos neoplatónicos como ella no eran bien vistos y pronto se vieron cruelmente perseguidos. Pero continuó enseñando y publicando a pesar del peligro que corría.

Sin embargo, entre sus alumnos había muchos cristianos importantes, como Sinesio de Cirene, quien después sería obispo de Temópolis, y que dejó mucha información sobre su maestra. Gracias a él se llegaron a conocer los libros que ella escribió, aunque ninguno ha llegado hasta la actualidad.

Hipatia tuvo que sufrir años de ignorancia y la intransigencia de personajes como los obispos Teófilo y Cirilo, cuando las ciencias y el saber estaban casi olvidados y perseguidos. Además, su asesinato tuvo que ver también con disputas políticas.

En el año 412 el obispo Cirilo de Alejandría, principal responsable de la muerte de Hipatia, fue nombrado patriarca, título de dignidad eclesiástica. Aunque no exista documentación directa que acredite que ordenó su asesinato, sí se supone que por lo menos creó el clima político que lo hizo posible. Un obispo de Egipto del siglo VII, llamado Juan de Nikio, justificó la masacre que le costó a Hipatia la vida. Cuenta cómo un grupo de cristianos fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo donde la torturaron, la mataron y quemaron su cuerpo.

Otra versión de su muerte cuenta que cuando Cirilo (quien después fue San Cirilo) se convirtió en patriarca, se enfrentó con el prefecto romano Orestes, amigo de Hipatia, y ambos se convirtieron en acérrimos rivales políticos en la lucha por el control de la ciudad. Esto, junto con los prejuicios contra sus posiciones filosóficas, que eran consideradas paganas por los cristianos, hicieron que Hipatia se convirtiera en el eje de las luchas entre cristianos y no cristianos.

Con la muerte de Hipatia se terminó también la enseñanza del pensamiento platónico no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio, donde el interés por las ciencias iba debilitándose. Poco después se produjo la partida de muchos estudiosos, lo que marcó el inicio del declive de Alejandría como un importante centro de aprendizaje de la Antigüedad.

Esta forma de conocimiento pudo sobrevivir en Bizancio y luego floreció en el mundo árabe musulmán. Como no hubo adelantos significativos en matemáticas, astronomía ni física en ninguna parte del mundo occidental durante los mil años siguientes, Hipatia simboliza, en cierta medida, el fin de la ciencia antigua.

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“Hypatia”, óleo de Charles William Mitchellen (1885).
 
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