futuro

Viernes, 18 de enero de 2002

Informe sobre el Sol vs. Piel

Por Agustín Biasotti

Incluso antes de la llegada del verano, cuando los primeros calores de la primavera nos autorizan a liberarnos de las ropas del invierno, los argentinos elegimos caminar por la vereda del sol, en un intento de mudar de la palidez al bronceado. Pero a medida que la primavera cede al estío y los agobiantes días de ardiente sol pasan a ser una presencia cotidiana esta adicción se profundiza, y las plazas, las playas y las terrazas se tapizan de cuerpos que siguen el trayecto del sol por la bóveda celeste guiados por una suerte de fototropismo cultural.
Nuestra pasión por el bronceado nos obnubila, impidiéndonos ver el riesgo que implica una desmedida y descuidada exposición a la radiación ultravioleta del sol, cuya acumulación en las células de nuestra piel es el elemento indispensable para la aparición de los temidos cánceres cutáneos, entre los que se cuenta el cuco mayor: el melanoma. Pero así como uno de los culpables de nuestro descuido es el desconocimiento –y, muchas veces, la negación– de las pautas básicas sobre protección solar, otro elemento causal es la confusión en torno de la naturaleza del sol, la radiación ultravioleta y el tan mentado agujero de ozono.
Por eso, en esta entrega de Futuro sobre salud en vez de consultar a médicos decidimos hablar con un físico bastante experimentado en el tema. Nuestro entrevistado en cuestión es el doctor Rubén D. Piacentini, investigador principal del Conicet, profesor de la Universidad Nacional de Rosario y miembro del Equipo Satelital TOMS (Total Ozone Mapping
Spectrometer) de la NASA, por parte de la Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales (CONAE).
Hace unas semanas, el doctor Piacentini participó de la “Jornada S.O.S. Piel y Ozono”, organizada por la Fundación del Cáncer de Piel Argentina; su conferencia estuvo centrada en diez de los interrogantes más comunes sobre la tormentosa relación sol y piel (en la que desde un buen tiempo a esta parte hay un tercero en discordia: el agujero de ozono) y que con mayor frecuencia suelen dar lugar a respuestas erróneas. Empecemos entonces por la primera pregunta:

1. ¿Cómo está el sol?
Es común escuchar camino a la playa o en un banco de plaza a alguien advertir: “¡Cuidado que este verano el sol está bravísimo”. Si bien no es del todo ilógico establecer una relación entre temperaturas extremadamente altas y un astro rey exasperantemente ardiente, esto es erróneo. Como explica el doctor Piacentini, “el sol como fuente de radiación ha permanecido razonablemente constante durante muy largo tiempo: miles de años y más”.
Es cierto que el ciclo de actividad solar (que dura aproximadamente once años) tiene un máximo y un mínimo. Pero si bien algunas de sus radiaciones experimentan importantes fluctuaciones, aclara este especialista, “en el caso de la radiación ultravioleta entre el máximo y el mínimo del ciclo solar las fluctuaciones son de alrededor del uno por ciento. Es por eso que no se le puede atribuir al estado del sol los problemas ocasionados por la sobreexposición solar”.
Llegados a este punto, vale recordar que los daños que sufre la piel –envejecimiento prematuro y lesiones precancerosas– como resultado de la exposición a las radiaciones ultravioletas del sol son acumulativos; es decir que se producen por la acumulación de radiación en las células cutáneas y no, como hemos visto, porque un verano el sol haya estado “más fuerte” que el anterior.

2. ¿Las radiaciones ultravioletas aumentan por igual en todas partes como resultado de la destrucción del ozono?
El cuco del agujero de ozono ya lleva varios años incomodando a los veraneantes que dudan si éste se encuentra sobre Mar del Plata o sobre Punta Cana. La raíz de la confusión es que, en primer lugar, no suele decirse con toda claridad que esta suerte de ventana abierta en la capa de ozono atmosférica que normalmente filtra las radiaciones ultravioletas que bañan la Tierra es nada más (y nada menos) que eso: una ventana. “Sucede que la destrucción del ozono no ha sido homogénea en toda la Tierra”, explica Piacentini.
“Si bien desde que comenzó este fenómeno en la década del ‘80 se ha destruido en muy pequeña medida (entre un 5 y un 7 por ciento) el ozono de las regiones de latitudes medias, como la parte central de la Argentina -comenta–, la destrucción del ozono ha sido mayor (más del 10 %) en latitudes más altas, latitudes en nuestro país correspondientes a la Patagonia o la Antártida”. (Aclaración: las latitudes son más altas a medida que nos acercamos a los polos). Pero entonces:

3. ¿El agujero de ozono está sobre nosotros?
Piacentini asegura que ésta es la pregunta más frecuente en lo que al triángulo amoroso piel–sol–ozono se refiere, y que muchas personas están convencidas de que el temido agujero está sobre sus cabezas. “Por empezar, hay que aclarar que el agujero de ozono se concentra en el tiempo y en el espacio. Se abre en julio y se cierra en diciembre; y se encuentra sobre la región austral del globo terráqueo, en particular sobre el continente antártico”.
Es entre septiembre y octubre que esta ventana en la capa atmosférica de ozono alcanza su máximo tamaño, momento en el cual puede llegar hasta la latitud de Comodoro Rivadavia, Santa Cruz. “Pero hay que aclarar que esto ha ocurrido en estas regiones sólo por un día, y que en Ushuauaia, donde es más frecuente, este fenómeno es esporádico y sólo dura un par de días al año –dice Piacentini–. Esto es posible dado que el agujero tiene la forma de un balón de rugby, y que rota; es en esta rotación que puede llegar a alcanzar regiones patagónicas como Ushuauaia o, más difícil aún, Comodoro Rivadavia.”

4. ¿Hasta cuándo se extenderá el efecto sobre los humanos de la destrucción del ozono?
Desde hace algunos años se llevan adelante diversas medidas (prohibición del uso de los gases clorofluorocarbonados o CFC, principalmente) para, primero, frenar el debilitamiento de la capa de ozono que alcanza su expresión máxima en el agujero de ozono y, en segundo lugar, favorecer su recuperación. “Muchos piensan que como ya se ha comenzado a controlar la emisión de los contaminantes que destruyen el ozono, la capa debería recuperarse automáticamente”, dice Piacentini.
Sin embargo, esto último es un proceso que se tomará su tiempo. Mucho tiempo. “El efecto del control de los contaminantes en tierra demorará décadas en observarse en la estratosfera, que es donde se concentra la mayor proporción del ozono. Los gases que han sido emitidos en los últimos años demoran en subir a la estratosfera por lo que aún por muchas décadas éstos seguirán destruyendo el ozono.”
Sobre la duración de este fenómeno hay distintas estimaciones: el último informe de la Organización Meteorológica Mundial y del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la recuperación del ozono tomará de tres a cinco décadas. “Los más pesimistas hablan de setenta años –agrega Piacentini–; recién entonces estaría totalmente recuperada la capa de ozono.” Es por eso que durante, al menos, las próximas tres a cinco décadas los humanos estaremos expuestos a un mayor bombardeo de rayos ultravioletas que no hallan en su entrada a la Tierra una capa protectora en buen estado. “Las personas que reciban exceso de radiación ultravioleta durante los próximos cincuenta años experimentarán sus efectos retardados: cáncer de piel y cataratas, pues se sabe que las consecuencias de una excesiva exposición a estas radiaciones en la infancia pueden aparecer cincuenta años después.” En otras palabras, “el incremento de cánceres de piel y de casos de cataratas por la destrucción de la capa de ozono continuará durante la mayor parte del siglo XXI, llegando a su máximo en las décadas de 2040 y 2050. Esto ocurrirá a menos que las personas tomen medidas para evitar la exposición excesiva al sol”.

5. ¿El riesgo solar es igual en el hemisferio norte que en el hemisferio sur?
Es decir: ¿da lo mismo tirarse al sol en las costas del Mediterráneo o de la Florida que en Mar de las Pampas o en Camboriú? No, y no sólo porque, devaluación mediante, disfrutar del verano boreal sea algo prácticamente inaccesible para el bolsillo del común de los argentinos. Sucede que el estío en el hemisferio sur es un poco más fuerte, en términos de radiación ultravioleta, que su par del hemisferio norte.
“Como la Tierra gira en torno del sol describiendo una elipse, hay momentos en que está ligeramente más cerca del sol (el perihelio) y en otros más lejos (el afelio) –explica Piacentini–. Nosotros, en el hemisferio sur, pasamos por el perihelio en los primeros días de enero, durante nuestro verano austral, mientras que el verano del hemisferio norte coincide con el afelio. En la misma latitud y en similares condiciones atmosféricas, la intensidad de la radiación solar es un poco mayor en la primavera y el verano en nuestro hemisferio sur que en el hemisferio norte”. Y ya que hablamos del sur...

6. ¿En qué región de la Argentina los rayos ultravioletas son más intensos?
¿En la costa atlántica?, ¿en las sierras cordobesas?, ¿en el extremo sur del territorio? “No, en la Puna de Atacama (y en el norte de Chile, sudoeste de Bolivia y Perú) –responde Piacentini–, por diversos factores. En primer lugar porque el altiplano es una región de gran altura, lo que implica una baja atmósfera, es decir una menor concentración de los gases que allí habitan, como el ozono.”
Además, “la Puna forma parte de la zona intertropical que (como hemos dicho más arriba) tiene una capa de ozono más débil. Por último, también influye la posición del sol: durante gran parte del año el sol está muy alto sobre nuestras cabezas la mayor parte del día, y esto hace que la radiación solar atraviese perpendicularmente la atmósfera, lo que facilita la entrada de los rayos ultravioletas”.
“Eso hace que el récord mundial de intensidad solar ultravioleta se dé allí, en la Puna de Atacama, en el período cercano al solsticio de verano (21 de diciembre) –comenta este físico–. Por consiguiente, los habitantes de la región y, particularmente, los visitantes provenientes de otras regiones con piel blanca y no expuesta previamente al sol, deben extremar las precauciones para protegerse de la sobreexposición solar.”

7. ¿Por qué nos quemamos cuando hay nubes?
“¿Para qué te vas a poner protector solar si está nublado?” es una frase tan frecuente como equivocada, ya que no todas las nubes brindan protección contra los rayos ultravioletas. “Las nubes atenúan significativamente las radiaciones solares sólo si son de color gris oscuro –señala Piacentini–. Por otra parte, las nubes fraccionadas, comolos cúmulos, pueden incrementar hasta en un 30% la intensidad solar, por efecto de la reflexión en los bordes y la difusión en su interior.”
Las únicas nubes que ofrecen algún grado significativo de protección solar son aquellas “suficientemente oscuras, gruesas y espesas que no producen sombra*. Sólo éstas absorben casi toda la radiación solar”. Además, “no hay que guiarse por el hecho de que al estar nublado uno sienta menos calor y más fresca la piel, porque si la nube es blanca y tenue uno se quema igual”.
En los días nublados, “una regla práctica es considerar que el riesgo es muy bajo sólo si el cuerpo no proyecta sombra”, dice Piacentini, que de eso sabe bastante. Después de todo fue él quien acuñó aquella otra regla práctica de protección solar que dice que hay que evitar tomar sol cuando la sombra que proyecta el cuerpo de uno en el suelo es más corta que la estatura.

8. ¿Conviene exponerse al sol durante la mañana o la tarde?
Esta pregunta también surge de un común y corriente malentendido. En este caso lo que sucede es que suele confundirse el hecho de que las temperaturas de la mañana suelen ser más leves que las de la tarde con una supuesta menor incidencia de los rayos solares de la primera mitad del día. Como hemos anticipado, esta suposición está errada.
“En realidad es tan riesgosa la mañana como la tarde porque la radiación solar es simétrica, es decir que se comporta igual tres horas antes del mediodía solar (las 13 horas en Argentina) que tres horas después –aclara Piacentini–. Aunque la temperatura sea menor durante la mañana, la intensidad solar de un día de cielo claro es prácticamente la misma que la de la tarde.”
Es por eso que para determinar cuándo es más riesgosa la exposición solar es mejor recurrir al citado método de la sombra: sombra corta-riesgo alto, sombra larga–riesgo bajo.

9. ¿El riesgo solar es menor en primavera que en verano?
Aquí se plantea una confusión similar a la de la pregunta anterior:
“Creemos que porque hace más calor en verano hay más radiación solar. Sin embargo –asegura Piacentini–, en la mayor parte de la Argentina la primavera es tan riesgosa como el verano. Hay que prestar mucha atención a este punto, porque es justamente en primavera que muchas personas comienzan a exponerse al sol y confunden temperaturas relativamente bajas respecto del verano con radiaciones solares”.

10. ¿Se puede extender el período de exposición al sol sin aumentar el riesgo de sufrir una quemadura?
La solución más fácil a este problema es el uso de protectores solares tópicos (cremas, emulsiones, leches, geles) con factores de protección no menores a 15 y en lo posible mayores a 30. Pero no es la única. Muchos dermatólogos se esfuerzan actualmente en recordarnos que la sombra (de un árbol, de un alero, de sombrillas, de toldos, etcétera) y las ropas (preferentemente de trama compacta y sombreros de ala) están ahí para protegernos del sol.
También hay propuestas más originales: “Una persona en movimiento tiene tres veces menos riesgo de quemadura solar en el presente y de cáncer de piel en el futuro que si se expone en situación estática –afirma Piacentini–. En otras palabras, es conocido el hecho de que las personas que se quedan dormidas resultan con serias quemaduras, mientras que las que se mueven exponiéndose al mismo intervalo de tiempo, no resultan afectadas en la misma proporción”.
¿Por qué? “Es simple –responde–, cuando la persona se mueve sus células cutáneas cambian de posición y enfrentan distintas zonas del cielodonde no hay tanta radiación ultravioleta. Porque en realidad no es el sol sino a través de la bóveda celeste que envía la radiación de modo difuso y en distintas direcciones.”

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