futuro

Sábado, 31 de enero de 2004

LA INTERNET INTERPLANETARIA AVANZA

La invención de la eternidad

 Por Federico Kukso

Mientras todo el mundo duerme, ella crece. A un ritmo voraz, va tejiendo su red –por necesidad de muchos y voluntad de nadie–, en la que cada vez caen más adictos. Y pronto, el planeta le quedará chico. Entonces, Internet se despojará de su actual nombre y adoptará uno nuevo, más pomposo y elocuente: Interplanetary Internet (Internet Interplanetaria, IPN o InterPlaNet) que también crecerá y crecerá como su antecesora hasta cubrir cada centímetro cuadrado del Sistema Solar.
El doctor Vincent Cerf (creador del TCP-IP, el protocolo de transmisión de información que da vida a Internet, por lo que se lo considera uno de los progenitores de la actual telaraña global de computadoras) es el hombre detrás del proyecto, patrocinado por el Jet Propulsion Laboratory en Pasadena (California, Estados Unidos) y financiado por Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency), el mismo consorcio del gobierno estadounidense que en los ‘70 “encendió” la red. Y como buen gurú tecnológico, Cerf ya pregona las bondades del nuevo ciberespacio. Se trataría de una red inalámbrica de comunicaciones de alcance sin precedentes basada en una serie especial de protocolos que eventualmente permitirán a bases terrestres, naves espaciales y astronautas ubicados en distintos planetas charlar entre sí.

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La arquitectura de la InterPlaNet deberá ser tal que pueda solventar tres problemas básicos: distancia, tiempo y costo. El espacio que hay entre la Tierra y Marte, obviamente, no es el mismo que separa a Buenos Aires de Kiev (Ucrania), sólo por nombrar un lugar lejano. Hay muchos kilómetros de por medio y los criterios de “en directo” o de “ahora” no se aplicarían. Actualmente, los robots que están sobre suelo marciano se comunican con los centros terrestres con casi 20 minutos de diferencia. Como todo transporte de datos, los paquetes de información que viajan de computadora a lo largo de las arterias informáticas deberían alcanzar y hasta superar la velocidad de la luz para simular la sincronía entre uno y otro extremo. Pero, como se sabe, eso es físicamente imposible.
Como un cordón umbilical, la IPN hará posible un contacto estable entre la Tierra y las misiones interplanetarias de turno. Sin embargo, con la tecnología actual el caudal de información transmitida sufriría constantes cortes esporádicos ocasionados por el debilitamiento de las ondas de radio en el vasto espacio profundo. Sin embargo, Cerf no desespera. Según avizora, para 2020 la actual comunicación radial será desplazada por la comunicación óptica, y para 2040 mejor aún: la puesta a punto de un grupo de satélites con nuevos protocolos que actuarán como eslabones de una cadena aceitada siempre en movimiento y retransmitirán la información de un punto a otro muchísimo más rápido. Lo que se dice un servicio alla Pony Express (aquel servicio urgente de correos a caballo del siglo XIX en Estados Unidos), pero con millones de kilómetros entre posta y posta.

Refresh
Las estadísticas sobre el crecimiento de Internet son asombrosas: de los 6,5 mil millones de habitantes del mundo, cerca de 690 millones son usuarios asiduos de la World Wide Web. Del año 2000 para acá hubo una explosión de cerca del 89 por ciento (entonces había 370 millones de internautas). En 2006 habrá 900 millones, y en 2010 casi la mitad de la población mundial estará conectada. Eso sin contar la InterPlaNet.
Hoy por hoy, la NASA lleva rastro de sus misiones a través de la Deep Space Network (Red de Espacio Profundo), un complejo internacional de inmensas antenas que apuntan al cielo asentadas en Goldstone, desierto de Mohave (California, Estados Unidos); cerca de Madrid, España; y en las afueras de Canberra, Australia. Para recibir mensajes, estas parabólicas de 70 metros de diámetro y más de 40 años deben apuntar en la dirección correcta en el momento exacto o la señal simplemente se pierde. Los robots gemelos en suelo marciano (Spirit y Opportunity), la Cassini (en dirección a Saturno), la Génesis (que regresará en septiembre de este año después de “cazar” viento solar), la Stardust (que visitó un cometa) y las ya viejitas Voyagers se comunican a través de este sistema para llamar a casa.

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Cerf ya tiene todo armado. El bosquejo de la red interplanetaria consta de tres fases para su desarrollo. Actualmente se está en el segundo período, “fase 1” (la anterior fue la fase 0, de estudio preliminar), en la que se está construyendo una sencilla y pequeña red local en el planeta rojo: la Marsnet. Ajustadas y sincronizadas, cada una de las sondas que rodean y rodearán Marte hasta 2040 formarán una constelación de satélites (con el mismo protocolo) que recibirán la información mandada por los robots en la superficie y la enviarán directamente a la Tierra (hasta que el hombre finalmente viva en la Luna y el trayecto se haga más corto). Pero no todo es hipotético: los Mars Exploration Rovers que están ahora mismo en Marte están equipados con los protocolos Ccsds (Sistemas de Información Espacial del Comité Consultivo) que en algunos años formarán parte de la infraestructura de la IPN. Y ya se ven sus mejoras: mientras que en 1997, la Mars Pathfinder mandaba en un día 30 megabits de información a la Tierra (con un promedio de 300 bits por segundo, en sus mejores horas), en estos momentos el Spirit y el Opportunity lo hacen a 11.000 bits por segundo, lo que les permite enviar imágenes con mejor resolución y panorámicas de 360º de la superficie marciana.
A este ritmo, la primera versión de la InterPlaNet se verá en 2010 y, según creen Cerf y los suyos, para 2020 estará tan asentada como lo está hoy Internet. Los “arquitectos informáticos” ya le asignaron dominios a cada planeta del Sistema Solar (por ejemplo, están .moon –.luna–, .mars –.marte– y .earth –.tierra–).
Como hoy ya es común y corriente recibir e–mails a todo momento de cualquier parte del mundo, un día de estos la casilla rebalsará de mensajes de procedencia marciana, joviana o plutoniana. La Solar System Wide Web aplastará a la actual World Wide Web; todo punto en los confines del espacio conocido será cubierto por esta máquina total, y los chats y videoconferencias con solitarios astronautas se pondrán de moda. Pero como dice el popular adagio, no todo lo que brilla es oro: hackers y spam (correo no deseado) serán también infinitos.

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