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Sábado, 31 de enero de 2004

NOVEDADES EN CIENCIA

Novedades en ciencia

SCIENTIFIC AMERICAN
Hasta en los calzoncillos
Cada vez más, la tecnología se inmiscuye en los intersticios más íntimos de la vida humana. El reloj de pulsera no llama más la atención; los anteojos no estremecen a nadie y, poco a poco, los teléfonos celulares se disimulan como extensiones de brazos y orejas. Lo único que faltaba era que chips y otros electrodos se adosaran a las prendas íntimas que uno lleva todos los días. Y así fue: científicos holandeses del Laboratorio de Investigación de Philips en Eindhoven acaban de lanzar al mercado un nuevo tipo de ropa interior inteligente que promete hacer furor. La razón: salvan vidas.
Confeccionados con un sistema de sensores internos, los corpiños, calzoncillos y bombachas de esta línea monitorean, registran y analizan los latidos del corazón de quien los calza. En caso de emergencia (por ejemplo, un ataque al corazón), los sensores que adornan estas prendas se conectan automáticamente a través de tecnología inalámbrica a un teléfono celular que solicita una ambulancia y avisa a familiares y médicos.
Con un sistema de energía de consumo “ultrabajo”, el nuevo equipo inalámbrico de monitoreo puede recolectar información por un lapso de tres meses en sus 64 Megabytes de memoria interna y ayudar a los médicos a hacer un buen diagnóstico.
Karel Joosse, director del proyecto, ya promociona estos trapos íntimos como si fuera todo un publicista: “Son realmente muy cómodos para usar; los pacientes ni se dan cuenta que llevan puesta ropa interior especial”. Lo que Joosse no aclaró fue si él ya probó estos “calzoncillos electrónicos”, especialmente, en un día de lluvia.

NATIONAL GEOGRAPHIC
Lo que dijo el elefante
Al igual que las ballenas, los elefantes son bastante parlanchines: a través de gritos infrasónicos y ruidos de muy baja frecuencia –alrededor de 20 Hz– por debajo de la capacidad de captación del oído humano, estos paquidermos son capaces de enviar mensajes y advertencias en ocasiones a más de un kilómetro de distancia. Además, cuentan con un rudimentario lenguaje del que hasta ahora un equipo austríaco liderado por la científica Angela Horvath-Stoeger en el zoológico Schoenbrunn en Viena descubrió al menos 70 señales distintivas. Según la zoóloga, a un pequeño elefante africano macho llamado Abu le tomó sólo 4 meses entender los distintos elementos del lenguaje.
Además de valerse de sonidos vocales, los elefantes también se comunican mediante el tacto, la vista (ya se detectaron 160 signos visuales diferentes), señales químicas y hasta a través de golpes al suelo con la generación de una onda sísmica.
Complejo como su estructura social (basada en relaciones familiares estrechas), el lenguaje del elefante sirve de medio para las expresiones de ira, simpatía, deseo sexual, jugueteo, y otro variado conjunto de emociones de este animal capaz de detectar (por las vibraciones en el suelo) tormentas y terremotos a más de 200 km de distancia.
La gran incógnita –que ahora Horvath-Stoeger pretende disipar con su viaje a Africa– es si el lenguaje del elefante es el mismo en todas partes del mundo o si, como los seres humanos, han desarrollado diferentes dialectos para comunicarse unos con otros.

nature
El polen y los naufragios
Como si tuvieran una propiedad intrínseca especial, los naufragios de barcos antiguos despiertan casi desde siempre curiosidad. Tal vez sea por los tesoros que muchos de estos navíos pudieron haber transportado en sus arcas o por todos aquellos piratas con parches en un ojo que quizá dieron una manito para que estas naves se fuesen a pique.
Sea como fuere, buscadores de naufragios en el mundo hay miles. El francés Serge Muller de la Universidad de Montpellier II es uno de estos fanáticos de los barcos hundidos y, en su fanatismo, con una pizca de ciencia desarrolló un método para identificar de qué puerto y en qué año zarparon muchas de estas naves hundidas. El elemento principal de su estudio es el polen que, según el especialista, funciona como una “huella dactilar” de la especie de plantas del lugar del astillero donde fue construido el barco. Estos polvillos fecundantes se pueden encontrar con facilidad en la pegajosa resina utilizada para sellar el casco del navío.
El método puede ser de gran utilidad para historiadores y arqueólogos. Muller ya lo aplicó para rastrear los orígenes del “Baie-de-l’Amitié”, un naufragio de 2000 años de antigüedad que ahora yace cerca del puerto de Cap d’Agde, al sur de la costa de Francia. Con el análisis del polen (del platanus, un árbol que para entonces sólo crecía al este del Mediterráneo), Hohlfelder concluyó que el barco fue construido al este de Italia. También fortalecen la hipótesis el hecho de que parte del polen hallado también procede de hojas Haplophyllum, de especies que crecen al este italiano.
Datos como estos pueden forzar a historiadores a revisar algunas de sus ideas sobre el transporte antiguo. Hasta ahora, muchos creían que naves pequeñas como la “Baie-de-l’Amitié” solamente se usaban para transportar carga por pequeñas distancias. Pero los análisis de Muller indican que claramente este barco viajó a través del Mediterráneo.
Como se ve, el polen puede ser una buena herramienta para los detectives de barcos hundidos. Sus granos (que constan de una célula con un solo núcleo) son muy pequeños (apenas perceptibles a simple vista) y tienen generalmente color amarillo o naranja y, menos frecuentemente, rojo, azul, púrpura o blanco. Y, además de estar cubiertos por una exudación cerosa que los hace pegajosos y facilitan que se adhieran al cuerpo de los insectos, pueden preservarse por millones de años.

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