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Sábado, 16 de abril de 2005

LIBROS Y PUBLICACIONES › BIBLIOTECA CIENTIFICA

ERASE UNA VEZ EL ZORRO Y EL ERIZO

Las humanidades y la ciencia en el tercer milenio
Stephen Jay Gould
Ed. Crítica, 334 págs.

 Por Federico Kukso

Además de genial paleontólogo, biólogo evolutivo, divulgador científico y pensador polifacético, el estadounidense Stephen Jay Gould (1941-2002) fue un fructífero comentarista de libros, obras de teatro, películas y hasta de partidos de béisbol. Así lo demostró siempre en sus artículos y en sus obras –ya clásicos de la literatura científica–, atractivas desde su mismísimo nombre (que suelen combinar juegos de palabras y guiños al lector): La falsa medida del hombre, El pulgar del panda y Un dinosaurio en un pajar. Lo cierto es que en sus miles de páginas escritas, Gould desliza siempre una estrategia inquietante y cautivadora: la de resucitar maravillosos textos olvidados y, después de una crítica sagaz, asestar observaciones originales, es decir insumos para la reflexión y el asombro. Es, en definitiva, uno de los rasgos más encomiables de un buen ensayista, y Gould lo pone nuevamente en práctica en Erase una vez el zorro y el erizo, su último libro.

Apoyado en la fábula del zorro y el erizo (cada animal como representante de un conjunto certero de cualidades), el paleontólogo desgrana en trescientas y pico de páginas sus enérgicas críticas a aquella falsa dicotomía, peligrosa y simplista, que enfrenta a la ciencia con las humanidades. Las tensiones entre estas dos grandes vías del saber, admite Gould, son antiguas y profundas, y el debate siempre vuelve a flote muchas veces resucitado como “la guerra de las ciencias” (entre realistas –que defienden la objetividad y la naturaleza progresiva del saber científico– y relativistas –que consideran a la ciencia un sistema de creencias, en fin, una construcción social–) y ayudado por aquella tendencia cognitiva humana a enmarcar cualquier cuestión compleja como una batalla entre dos campos opuestos (dicotomización).

La receta que propone Gould al respecto es simple: dejar de lado las escaramuzas ficticias de una guerra imaginaria, y salvar las diferencias entre estas “dos culturas” (tal cual las definió C.P. Snow) buscando permanentemente –o cada vez que sea posible– una reintegración (o hibridación) fructífera de estos campos, en el fondo no tan distintos, para despertar en el lector (así como en el conaisseur) el asombro visceral, tan humano y tan pujante, ante la magnífica diversidad de la cultura y la naturaleza.

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