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Sábado, 7 de diciembre de 2002

NOVEDADES EN CIENCIA

Novedades en ciencia

EL ATAQUE DE LAS MEDUSAS GIGANTES

NewScientist ¿Se imagina medusas de un metro de diámetro, ciento cincuenta kilos de peso y, encima, venenosas? Bueno, cosas así existen: se llaman Stomolophus nomurai, fueron identificadas en 1920, y, tal como cuenta la revista New Scientist, desde hace unos meses han vuelto a proliferar en las aguas del mar Amarillo (que se extiende frente a China, Corea del Sur y la costa occidental de Japón). Desde agosto, más de mil S. nomurai han quedado enganchadas en las redes de los barcos pesqueros japoneses: “Todos los días buena parte de nuestros esfuerzos se dedican a quitar a estas medusas de las redes”, dijo un muy preocupado oficial de pesca nipón al Japan Times. Es que estos moluscos han reducido las capturas de peces, camarones y langostinos a la mitad. Y encima, buena parte de ellos aparecen enfermos y descoloridos por culpa de las toxinas que liberan las medusas atrapadas en las redes.
Al parecer, esta aparición de las monstruosas medusas es la más importante desde 1958. ¿Motivos? No están del todo claros, pero el biólogo marino Toru Yasuda sospecha que hay dos circunstancias que favorecerían su proliferación y crecimiento: el aumento de las temperaturas marinas en la región y la limpieza de las aguas (porque las escasas lluvias registradas en 2002 significaron una menor llegada de contaminantes terrestres al mar).

OVO LITERATURA

nature La arqueología está acostumbrada a las sorpresas. Pero hay sorpresas y sorpresas: durante una serie de excavaciones realizadas en un antiguo puerto egipcio, un grupo de investigadores británicos encontró un huevo de avestruz escrito, en árabe, con una poesía y fragmentos de El Corán. La insólita pieza tiene más de 500 años y, tal como se ve en la fotografía, está bastante bien conservada.
El huevo fue hallado junto a los restos de un antiguo mausoleo en el puerto de Seir, Egipto, frente al mar Rojo. En el siglo XV este puerto fue un importante centro de comercio entre la India y Medio Oriente. “Era un lugar de trabajo cotidiano, con edificios construidos con ladrillos de barro”, dice el descubridor del huevo, el arqueólogo David Peacock (Universidad de Southampton, Inglaterra). ¿Pero qué hacía allí un huevo escrito? Al parecer, los huevos eran objetos sagrados para los árabes y los egipcios, y esa tradición provenía de las más antiguas tradiciones religiosas. La pieza en cuestión presenta algunas citas de El Corán y una poesía que, según un equipo de traductores, describe el viaje del alma y lamenta la muerte de un ser querido. Y si bien es cierto que los versos no mencionan a persona alguna, los expertos creen que están dedicados a un hombre joven y rico. Según Peacock, esta curiosa pieza arqueológica seguirá siendo estudiada durante los próximos meses.

IMAGEN CAPTURADA EN UNA MOLECULA

NewScientist Cuando se suponía que la información no se podía contraer más y hacerla caber en espacios aún más pequeños que los actuales, un grupo de científicos de la Universidad de Oklahoma, en Estados Unidos, anunció haber logrado lo que muchos pensaban imposible: guardar una imagen digital en una simple molécula, al menos por una décima de segundo. El notable experimento realizado por un equipo de investigadores encabezado por el profesor de química Bing Fung consistió en encajonar en una molécula de cristal líquido de 19 átomos de hidrógeno una imagen en blanco y negro de 1024 bits de información con un método al que bautizaron como “fotografía molecular”.
La cuestión es que todos los átomos de hidrógeno no son iguales entre sí: pueden contener diferentes cantidades de energía que les da un particular giro o “spin”. Para embotellar la imagen en la molécula, lo primero que hicieron los científicos fue codificarla en ceros y unos para poder procesarla fácilmente por una computadora. Luego bombardearon la molécula con un pulso electromagnético que contenía 1024 diferentes frecuencias de radio (de 400 megahertz) cuya amplitud correspondía a unos y a ceros (de la imagen en cuestión) y alteraron los estados de spin de los átomos de hidrógeno.
La imagen, un cuadrado de 32 pixeles, se guardó en la imbricada y compleja interacción del “momento magnético” de los protones. Según afirma Fung, en teoría, 19 átomos de hidrógeno con dos estados de spin podría albergar, cada uno, entre 219 y medio millón de bits de información.
Ahora bien, como no es posible leer a simple vista esta información impresa en la molécula, le dispararon un segundo pulso con una pequeñísima alteración en su frecuencia y midieron con un instrumento de resonancia magnética nuclear los cambios que se producían. En fin, un experimento a decir verdad fascinante que deja picando la pregunta por los límites de la miniaturización y el procesamiento de la información, y en qué momento la naturaleza va a decir basta.

 

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