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Sábado, 12 de noviembre de 2005

FINAL DE JUEGO › DONDE SE SIGUE CON EL PROBLEMA DE LOS UNICORNIOS EXISTENTES E INEXISTENTES

 Por Leonardo Moledo

Bueno, dijo el Comisario Inspector. Julieta Pinasco escribió disculpándose: “No era mi intención herir su susceptibilidad. Le pido mil disculpas”, aunque me acusa esta vez de susceptibilidad, cosa a todas luces falsa, y después me dice con mucho afecto: “No les preste atención a anónimos difamatorios. Usted no se los merece”. Respecto del anónimo recibido, podemos decir que el autor se excusó y reveló su identidad (Carlos Enrique Iorio), aclarando que fue solamente un descuido.

Las múltiples respuestas sobre el tema de los “unicornios existentes” está bien reflejada en la carta que publicamos, y gira sobre el argumento de que “existente” no es un atributo, como lo son rojo o grande. Sin embargo, el argumento no me convence del todo. Que la existencia de los unicornios o de dios esté colgada de una propiedad puramente semántica irrita mi sensibilidad policial (a propósito, Gustavo se refiere a mí como Él, con mayúscula, cosa que me honra verdaderamente, a mí y a la Institución). Lo que yo preguntaría es si a ningún lector se le ocurre una respuesta que funcione aceptando que “existente” es un atributo. ¿Y qué pasa con las cosas inexistentes? ¿Inexistente es un atributo?

¿Qué piensan nuestros lectores? ¿A alguien se le ocurre algo?

Correo de lectores

UNICORNIOS EXISTENTES I

¡Hola! Intentaré ser breve, aunque el tema da para mucho. El punto en el que se producen los cortocircuitos con esta cuestión es la consideración de la existencia como un atributo. Si estamos dispuestos a aceptarla como tal, entonces la prueba ontológica funciona, puesto que un ser perfecto, que posea todos los atributos que indican perfección debería poseer también el de la existencia (desde luego, suponiendo que es mejor existir que no existir).

Pero si no estamos dispuestos a considerar la existencia como un atributo, entonces la prueba ontológica no funciona y la pregunta por los “unicornios existentes” pierde sentido. ¡Ojo!, porque “pierde sentido” no quiere decir que la respuesta a la pregunta sea negativa, sino simplemente que es imposible tal como está formulada. Hablar de “unicornios existentes”, si la existencia no es atributo, debería convertirse en un “los unicornios existen”, proposición cuya verdad puede establecerse, pero cuya falsedad no. En rigor, no hay forma de probar la no existencia, de modo que la disyuntiva sería entonces la siguiente: O bien Dios existe, o bien la pregunta por su existencia no tiene sentido. Lo mismo vale para los unicornios y, desde luego, para el Comisario Inspector, que por su aplicación indiscriminada de lo que para Él es el predicado “existente” parece estar altamente necesitado de asegurar la existencia de los personajes de ficción, sean estos unicornios, Dios, o el protagonista de un suplemento semanal.

Gustavo Fernández Walker

UNICORNIOS EXISTENTES II

Los unicornios existen y se los conoce por el nombre de rinocerontes. También están los unicornios de mar, o narvales. Si nos referimos al ser mítico que llamamos “unicornio”, como todo ser mítico, no existe. En este sentido “unicornio existente” es un oxímoron como “fuego helado”, “creacionismo científico” o “racionalismo lacaniano”.

Claudio H. Sánchez

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