futuro

Sábado, 29 de abril de 2006

FINAL DE JUEGO

Donde el Kuhn y el Comisario Inspector acuden al diccionario para disipar un enigma semántico

 Por Leonardo Moledo

–En realidad –dijo el Comisario Inspector– había estado pensando que la pregunta ¿por qué asesinar es un delito? estaba mal formulada porque la palabra asesinato llevaba implícita la idea de delito, y significaría “matar delictivamente”. Pero no. Tengo ante mis ojos el diccionario de la Real Academia, y he aquí lo que entienden los muchachos por asesinar.

–Asesinar –leyó Kuhn–: “Matar a una persona con premeditación, alevosía, etc. ...” Curioso ese “etc.”. O sea que, por ejemplo, en la guerra, en que se mata con total premeditación, cada muerte es un asesinato y desde ya no es un delito.

–A menos que la parte delictiva esté escondida en la palabra alevosía –dijo el Comisario Inspector.

–Veamos –dijo Kuhn, manipulando el diccionario. En esta sección, las cosas necesarias siempre están a mano y aparecen de la nada–. “Alevosía: cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas sin riesgo para el delincuente.”

–Ahí estaba –dijo triunfante el Comisario Inspector–. Si es como yo digo, que la policía supera de lejos a la lingüística, que, al fin de cuentas, define asesinar así: “Matar a una persona con premeditación, cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas sin riesgo para el delincuente, etc.”. Esto es, asesinar es matar gente de manera delictiva; por lo tanto, preguntarse por qué asesinar gente es un delito no tiene sentido porque es una tautología.

–Aquí, sin embargo, veo un acertijo interesante. Un verdugo ejecuta a un delincuente condenado a la pena capital (sin entrar en discusión sobre la pena de muerte). ¿Lo está asesinando? Hay premeditación desde ya, hay alevosía, porque se hace con cautela... pero lo dejamos para los lectores.

¿Qué piensan nuestros lectores? ¿El verdugo es un asesino o no según la definición?

Correo de lectores

Antropoides altruistas

En nuestra cultura, asesinar es un delito repudiable. ¿De dónde provienen los juicios éticos que, en muchos casos, tanto para creyentes o laicos, son coincidentes? Para las personas religiosas, dios es la fuente; y nos acusan a los no creyentes de no tener moral, argumentando que tales valores sólo emanan de dios.

Y no es así: los canales de comunicación de dios con la humanidad son inciertos y dudosos; es más atinado considerar que los principios morales se desarrollaron con la evolución. “Se ha vuelto evidente en los últimos años que, en un estudio filosófico de los seres humanos que trate de cuestiones tales como la naturaleza de la conciencia, la inteligencia y el altruismo humanos, ya no se puede ignorar el origen de estas capacidades humanas en nuestros ancestros antropoides.” (Ernst Mayr, Página/12.)

Quienes no acepten la realidad de una moral atea, no comprendieron las ideas de Darwin.

Roberto Fedorovsky

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