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Mil años de soledad

El 30 de abril del año 1006 se encendió el cielo: lo que comenzó siendo al principio un tímido punto de luz creció bestialmente hasta convertirse en una tremenda bombita de luz colgada del firmamento, causando asombro y espanto, para luego disiparse en la oscuridad. Sin pedir permiso y con toda la furia, las supernovas habían hecho su presentación en sociedad. Desde aquel día perdido en la Edad Media, se apreciaron a simple vista otras cuatro explosiones lumínicas similares, que no superaron en magnificencia ni por asomo a la “original”. A mil años de aquella primera observación, Futuro viaja al pasado para ser testigo privilegiado de estas estrellas moribundas que se despiden del universo en un estallido estrepitoso de materia y energía.

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Sábado, 29 de abril de 2006
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