las12

Viernes, 13 de febrero de 2004

TELEVISIóN

Haceme el estereotipo

Quiere el morbo de espectadores/as y gerencias de programación que los programas de citas y levantes vuelvan una y otra vez a la pantalla, siempre bien dotados con altas dosis de estereotipos y sexismo a flor de piel. Este verano, dos “nuevos” ciclos vinieron a confirmarnos que no piensan ser la excepción a la regla, y aún más: la cuestión viene empeorando. En una misión de alto riesgo, Las 12 sufrió por ustedes, nomás para cumplir con el deber de avisarles.

 Por Mariana Enriquez


Los programas de citas son tan viejos como la televisión. En EE.UU hizo escuela The Dating Game en los ‘70, en Argentina Yo me quiero casar, ¿y usted? de Roberto Galán; los rituales de apareamiento televisivos siempre han contado con el favor del público y sirvieron como termómetro del sexismo y el candor social. Pero Química y Cambio y fuera (los miércoles y los viernes a las 23 por Canal 9) llegan al límite de la vacuidad. Nadie está pidiendo conversaciones brillantes, retruécanos, esgrima verbal; pero el pobrísimo vocabulario de los participantes exige al menos un guión. Aunque, pensándolo bien, Química lo tiene, merced entre otras cosas a las intervenciones del conductor Diego Korol. El problema más importante es que ambos son muy mala televisión; lo que pone de malhumor es la nula imaginación y la obsesión por mostrar a las mujeres como muñecas listas para todo y a los varones como pavotes celestiales que babean cuando ven curvas y jadean ante cualquier insinuación de revolcada.

Cambio y fuera
El formato es el de Dismissed, reality de citas de MTV que en sus últimas entregas tiene como escenario Miami (quizá porque es hot): participantes muy jóvenes y tontos; las chicas compiten con ferocidad y se acusan mutuamente de gordas y pacatas (Pecados Capitales), mientras los chicos, norteamericanos al fin, se autoproclaman ganadores en el primer segundo y exhiben sus abdominales. Cambio y fuera es igual, pero con anfitrión (Pablo Marcovsky) y participantes aún menos interesantes.
Ejemplo de programa reciente. Incomodísimos, el candidato y las tres aspirantes están paraditos en una playa –más bien un lodazal– del Tigre. Él se llama Andrés, contador, 25 años. Ellas son Silvina, Mónica (italiana) y Marina (tetona). Andrés debe elegir entre las tres muchachas. Antes de que comience la competencia, explica su estado de ánimo: “Ansioso y tranquilo es la palabra”. Todo es terriblemente aburrido, los participantes hablan del calor, y se preguntan qué hacen de sus vidas (“Me gustan los rompecabezas y las manualidades”, abunda Silvina). Después las chicas tienen que bailar para seducir al galán –las dirige un morocho– y toman unos tragos bajo el sol. En el segundo bloque, él tiene quince minutos a solas con las participantes.
La edición rescata esta charla de los quince minutos a solas de Andrés y Marina:
El: –¿Relajada, tranqui?
Ella: –Ahora que estoy al lado tuyo, sí.
El: –¿Cómo la pasaste vos?
Ella: –Bien, y ahora mejor.
El: –Qué bueno. ¿Sabés?, me gusta mucho tu seducción. Tenés una seducción incorporada en el cuerpo que me resulta muy atractiva.
Ella: –Es hermoso lo que me decís.
El: –Además, sos muy tranqui. Sos como la combinación perfecta, seductora y tranqui.
Ella: –¿Qué te gustaría hacer una noche?
El: –¿Conmigo?
Ella: –Sí, por supuesto. Una cena...
El: –¿Romántica?
Ella: –Sí, con velas. Me encanta, sí, con sushi, con música de jazz.
Ella será la elegida. ¿Por qué? Porque la palabra clave para comprender al galán es “tranqui”. El mismo lo enuncia: no quiere una chica demasiado extrovertida, ni dicharachera ni charlatana (son sus palabras); no quiere que llame la atención, aunque sí la prefiere divertida. Pero tranqui. Muy tranqui. Muda, en lo posible. Mónica (la tana) no es tranqui porque osó besarlo en la boca y lo puso incómodo. Silvina es demasiado tranqui (tampoco la pavada). La favorita de Andrés es Marina, entonces. “Porque es sumamente sensual y al mismo tiempo muy tranqui, muy cachengue”(¿?). Muchacho, póngase de acuerdo. ¿O quiso decir cachonda? No importa. En seguida se pasa al caso inverso, donde una chica (Zoele) es seducida por tres varones. Ella les hace preguntas para “conocerlos mejor”:
Zoele: –¿Qué cosa no te gusta hacer en la cama?
Carlos: –No me gusta que me dominen. Y tampoco me gusta hacer lo que el otro no quiere hacer. No me gusta obligar a nadie a nada.
Zoele: –¿Qué es lo más raro que te pidieron?
Javier: –Que se lo hagan por atrás.
(Nota de la traductora: se refiere al sexo anal.)
Zoele: –¿Qué preferís, charla o sexo?
Facundo: –Sexo oral.
(N. de R.: Chiste del guionista, con seguridad.)
Antes, en los quince minutos a solas, todo es lugar común. Carlos le hace masajes de piel a Zoele y le propone una cena afrodisíaca. La palabra clave sigue siendo tranqui. A ella le gusta que los chicos sean tranquis, a los chicos les parece que Zoele es tranqui. Javier le prepara tragos. A ella le parece un joven “muy tímido y tranqui”. Carlos también la querría llevar a un lago, y tomar champagne. Facundo prefiere bailar “lentos”. Ellos hacen un strip tease, quizá tratando de invertir los roles. No funciona. ¿Qué importa a quién elige Zoele? Imposible llegar al final sin roncar. Uno se encuentra añorando Confianza ciega.

Quimica
Las participantes no ven al candidato, que sí puede verlas a ellas, y se encuentra en una especie de cápsula del otro lado del estudio. El pregunta cosas, todas de índole sexual. Ellas son unas diosas, lanzadas, tremendas, comehombres, voraces; además están espléndidas, flacas, son románticas, en el fondo se quieren casar. Están listas, preparadas para cualquier cosa y se atreven a toda proeza amatoria. Y todo, todo para un hombre que ni siquieran ven.
Así es el interrogatorio del candidato:
Hernán (a Brenda): –Vos dijiste que el deporte te pone de tan buen humor como una relación sexual. ¿Qué ingredientes tiene que haber?
Brenda: –El ingrediente lo tenemos que poner juntos.
Hernán (a Romina): –Sos bonita, decís que querés ser modelo. A la hora del sexo, ¿la belleza te condiciona, estás pendiente de no transpirar o despeinarte?
Romina: –No, la verdad que cuanto más salvaje, mejor.
Hernán (a Natalia): –Vos tenés una hermana melliza. ¿Alguna vez le cumplieron la fantasía de las mellizas a alguien?
Natalia: –Esa fantasía no te la voy a cumplir.
(Nota: Natalia será la primera descalificada, quizá por insurrecta.)
Hernán (a Cristina): –Dijiste que te ratonea ver a dos chicas. Quiero saber si alguna vez hiciste realidad la fantasía.
Cristina: –Nunca lo hice, pero creo que lo haría.
Matizan los gritos de Korol, del tipo: “¡Muchachos, se nos dio!” o “¡Muchachos, tenemos cosas que hacer, vengan!”, cuando una de las chicas confiesa su fantasía lésbica. Hernán (rugbier, creativo, diseñador, de Martínez) es un compendio de contradicciones. En el primer bloque Romina le gusta porque es salvaje y no tiene pudor, en el segundo porque es dócil. Notable que la “docilidad” de una mujer sea considerada una virtud. Dócil pero amante siempre lista: la frase clave es “ir al frente” acompañada de “que no esté todo a la vista”. Es decir: sexo sí, pero tampoco que la dama sea una descocada; si hasta aparece la madre del candidato en un clip, dándole consejos a su futura “nuera”. Si hasta hay un bloque “dulce”, con unos niños que se meten en la cabina del candidato y le preguntan si le dice piropos a las chicas por la calle (“Les digo, no me alcanza la lengua, se me traba”). Cuando una de las chicas está a punto de ser rechazada por el candidato, puede jugarse su “comodín”: una elige mostrarle el cuerpo, la otra la bombacha, la otra un par de esposas –para usar en los juegos sexuales, se supone–. El candidato saca la lengua, caliente. La palabra clave es “espectacular”. Los comodines de las chicas le parecen “espectaculares”. Pero finalmente elige –¡cómo no adivinarlo desde el principio!– a la que se ratonea con chicas, dejando de lado a una morocha guerrera por demasiado osada. Y culmina: “Aunque mis amigos me maten”, porque es evidente que se quedó con la opción más “tranqui”. Hay que recordar que las chicas no lo ven hasta el final, cuando las dos últimas participantes tienen que adivinar entre quién es el candidato. Algo gratuito, porque el falso candidato siempre es mucho más feo. Y ahí se queda la feliz pareja, rumbo a Brasil. “El se lo pierde, los amigos lo van a matar”, dice Brenda, la morocha que mostró la bombacha, perpetuando todos los prejuicios. Como si hiciera falta.

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