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Viernes, 11 de diciembre de 2015

CINE

El aburrimiento

Con un resultado agridulce, la película escrita, dirigida y actuada por Angelina Jolie junto a su marido Brad Pitt, replica y reduce a polvo algo de las lujuriosas vidas reales de sus protagonistas.

Primero se sacó los pechos, después los ovarios y las trompas de Falopio. Ese no es un comienzo esperable para una nota sobre una película pero la verdad es que Angelina Jolie, o más específicamente el cuerpo de Angelina Jolie, tan discutido como casi ausente del cine en los últimos años, está en el centro de By the sea, la película que la actriz, también en los papeles de guionista y directora, estrena por estos días. También lo está la historia familiar: su madre, su tía y su abuela murieron de cáncer, y hace poco Jolie contó en una entrevista que la película se basa, al menos en parte, en un recuerdo de su madre, Marcheline Bertrand, que se extirpó los ovarios en 1999 después de que le diagnosticaran esa enfermedad.

Algunxs consideraron un exceso que Jolie se sacara algunos órganos porque las probabilidades de morirse antes de tiempo son demasiado altas; como sea, ese mismo cuerpo tan polémico y a la vez, probablemente el más glamoroso que pise por estos días las alfombras rojas de Hollywood, con aire gélido y llevando del brazo a Brad Pitt, es una de las principales atracciones de By the sea.

Jolie, que hasta ahora fue mayormente una heroína de acción, tenía que saberlo muy bien cuando encaró este proyecto en el que puso como protagonista a la pareja más mirada del mundo, es decir, la de ella y el marido. Ella es Vanessa Bertrand, una mujer fría salvo cuando se enoja demasiado con él, con un

pelo rubio que recuerda a la enferma mental interpretada por Jolie en Inocencia interrumpida (1999). El gesto excesivo y la mirada loca es algo que a la actriz le cuesta mucho sacarse de encima y además, difícilmente se la pueda dejar de ver como una mujer disfrazada con anteojos y vestidos retro en ese hotel francés a la orilla del mar ambientado en los setenta. Su esposo es Roland Bertrand (Pitt), un escritor al que la inspiración le está fallando y trata de recuperarla en unas vacaciones tranquilas.

Con un planteo que recuerda a películas de la modernidad europea como Viaggio in Italia (1954) de Roberto Rossellini o La notte (1961) de Michelangelo Antonioni, en las que los conflictos de una pareja afloran durante el viaje o la fiesta, en ese tiempo de ocio que no permite que el desgaste se siga disimulando como rutina, By the sea tiene también del cine europeo un modo de narración moroso, que se toma su tiempo para mostrar el aburrimiento y no sólo contarlo. Mientras Roland va a un bar a emborracharse y conversar con el dueño (el francés Niels Arestrup, que en su papel de tipo normal no hace más que subrayar lo impostado de las actuaciones de Pitt y Jolie), Vanessa no hace nada. Ni siquiera toma sol, ni se mete en el mar; tiene un problema con su cuerpo y ése es el misterio que se mantiene durante toda la película. ¿Por qué no puede relajarse, sacarse la ropa o ducharse con el marido? Es muy lento el proceso por el que empieza a saberse la respuesta, y aunque sea de un nivel de simplificación casi indignante, de telenovela, hay algo en todo ese camino que puede convertir a By the sea en una película que por momentos seduce.

Es que el matrimonio tiene una réplica varios años más joven en la habitación de al lado del hotel: Léa y François (Mélanie Laurent y Melvil Poupaud) se acaban de casar y están felices, cogen y comen frutillas con crema. Vanessa descubre un agujero en la pared por el que puede espiarlos y no tarda en compartir el secreto con el marido. Así, los más mirados del mundo se convierten en los que miran y ejercen un poder, de a ratos perverso, sobre lxs recién casadxs.

Esa es una película que muchos querríamos ver, pero no dura mucho. Si Angelina Jolie se permitiera la maldad, otra hubiera sido la historia, pero acá pesa más la necesidad de convertirlo todo en justificación, en historia ejemplar, algo que Rossellini o Antonioni, mucho más dispuestos a enfrentar el mal sin resumirlo en una frase, jamás hubieran hecho.

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