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Viernes, 5 de febrero de 2016

EL MEGáFONO

No somos ñoquis, pero vamos a estar cada 29

 Por Lía Ghara

El pasado viernes 29 de enero sucedieron hechos de infinita poética, casi una ficción patriótica digna de algún mito de mayo: Despedidos, echados, vulnerados y –término que detesto– cesanteados llenando plazas de comida. A pulmón.

Hombres y mujeres con la incertidumbre a futuro de poder llenar sus propias mesas para los suyos, reparten comida en la plaza pública, a fuego lento: Amasan, cocinan, transpiran, trabajan, cuentan, cantan, se queman, se curan. Una corte de los milagros de la América morena (de ese tipo de Milagro moreno que hoy encarcelan y condenan) invita a amasar.

La ñoquiada popular es un evento de carácter cultural, social, político, artístico, abierto, que busca calar irrumpiendo con la palabra, mesa y masa como excusa para que nuestras voces se escuchen.

¿Cuantos kilos de ñoquis en las plazas amasaremos hasta que al fin nos encontremos codo a codo: lxs despedidxs de cada dia, lxs abandonadxs por programas sociales, lxs profesionales que supieron hacer de su academia inclusión social, lxs reprimidxs, lxs convencidxs, lxs no tanto y aquellxs arrepentidxs también, sindicatos, organizaciones y estudiantes, clamando por aquello que nos supo pertenecer y hoy en día nos están arrebatando a tal velocidad que nos deja cual trompos girando en el tablero; chocando entre nosotrxs, con un único punto de apoyo que es la realidad?

¿Donde estan todos los dueños de los nombres en las listas negras modernas que no están en la plaza, en sus veredas contando su realidad?

Grasas, ñoquis, aluvión zoológico, periféricos, vagos camporistas, marcianos, choriplaneros, nos ponen nombres todos los días y, desde hace ya un tiempo. Trabajadores nos gusta llamarnos. Hoy por hoy, vivos testimonios de cómo el Estado se vacía, se achica, se esfuma despojando la sociedad entera de derechos.

No somos ñoquis. Nunca lo fuimos. Aun así, los tiempos que corren nos obligan a apropiarnos y resignificar los términos (como bien sabemos las travas, las tortas, las negras y los putos). Nunca lo fuimos, pero lo seremos; seremos comida en la plaza para cuando haya hambre, seremos trabajo colectivo y mesa servida.

Tenemos la confianza que nos da el amor profundo en lo que hacíamos desde nuestra baldosa en el Estado, en las muchas horas dedicadas a la construcción de políticas públicas con un sólo sueño: que estemos todxs adentro y la prioridad actual de jamás dejar solxs a nuestros compañerxs vulneradxs . La confianza de comprender el valor de la palabra y la mano tendida.

Acá vamos a estar, cada 29, esperando el encuentro. Limpiando la tierra de nuestros hombros entre tanto estigma, represión y demonización. Canjeando sonrisas e historias por oídos comprometidos y cuerpos solidarios

Y si corresponde cesantear algo, que sea la impunidad. Nunca la política.

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