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Viernes, 3 de junio de 2016

PANTALLA PLANA

Abrirse paso

En la cuarta temporada de la serie de Netflix, House of Cards, Claire Underwood dejó de ser la esposa funcional a los intereses de su marido para transformarse en la mujer capaz de arrasar con el mundo.

 Por Silvina Herrera

Claire ya no vive, planea su rutina ni piensa alrededor de su marido. Claire ya no es la sombra del hombre que teje sus acciones desde y hacia el poder, que lo ejerce todos los días como una estrategia de supervivencia, Claire ya no es el bastón en el que se apoya Frank Underwood para hacer realidad sus egocéntricos deseos. En la cuarta temporada de House of Cards se volvió la mujer que es capaz de enfrentar a su marido, el presidente de Estados Unidos, hasta hacerlo tambalear. Si en las tres temporadas anteriores Claire y Frank eran una pareja que iba hacia el mismo lado, un entramado de identidades para lograr que él acceda a sus intereses, en la cuarta Claire y Frank aparentan ir juntos pero en la intimidad estalló un vaivén fascinante de tensiones en las que se juegan las intrincadas relaciones entre poder y resistencia. Claire dejó de ser la esposa sometida a la disciplina de su marido para volverse la mujer que maneja su discurso y su accionar en función de sus propias aspiraciones. Ese pasaje de oprimida a autónoma por supuesto no se da de un momento a otro, o de un capítulo a otro, es una transición gradual, un modo de ser que va creciendo hasta que termina de explotar en los 13 episodios de la nueva temporada. Desde los inicios pudo percibirse esas ansias de rebelarse, las ganas de enfrentar a su marido, pero el temor escondido entre el terror al hombre poderoso y la falta confianza en sí misma la hacía vacilar, una vacilación que va desapareciendo hasta que por fin se atreve primero a dejarlo y después a volver con él, cuando se da cuenta que ella también puede manejarlo a su antojo para lograr su cometido.

Esta cuarta temporada se ve a un Frank atacado por todos los frentes, esta vez también desde su propio hogar, su mujer ni siquiera se queda a su lado cuando está en el hospital luego de ser atacado por el amigo vengador de la periodista y víctima de Underwood, Zoe Barnes, sino que decide viajar a Rusia para negociar con el presidente soviético con un solo objetivo: hacerse cada vez más fuerte para alcanzar la fortaleza que le va a permitir ser candidata a vicepresidenta y tener una presencia en los medios tan grande como la de su marido. A esta transformación gradual de Claire el espectador accede desde cierta distancia y frialdad, porque la mirada principal sigue estando en Frank, que aunque menos que en la primera temporada todavía le habla a la cámara para revelar sus ideas más profundas. De Claire se sabe sólo lo que se quiere mostrar y en estos nuevos episodios deja entreverse una mujer que a pesar de haberse hecho de piedra mantiene algunas emociones, como la tristeza por la situación de su madre y el romance con el escritor biógrafo. La relación con su madre pone de manifiesto un vínculo entre dos mujeres libres, bravas y distantes, pero que en el fondo se cuidan y se respetan.

“No es un testamento sobre Washington y la política en general, sino más sobre estos dos personajes en particular. Estamos atentos a lo que pasa, pero no tratamos de hacer un espejo de la realidad, es ficción”, aseguraba la guionista Laura Eason durante su paso por Buenos Aires. De todas formas, es casi imposible no relacionar a Claire Underwood con Hillary Clinton, dos esposas de presidentes demócratas que buscan su propio lugar en la política estadounidense. Pero mientras Hillary aceptó públicamente las infidelidades de su marido y siguió a su lado sin nunca dar a conocer un amante, Claire le es infiel igual que su esposo. Las expectativas de la quinta temporada están puestas en el crecimiento de Claire, que puede ser todavía mucho más grande.

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