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Viernes, 1 de julio de 2016

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Lluvia de prejuicios

Una pregunta apunta al miedo (¿te intimida esta nueva vida?), una sola a las gratificaciones de su carrera profesional (¿qué te dio el ballet?), una siempre con el filo jodidito pero casi neutra (¿por qué decidiste retirarte?), una para aleccionar y el padecimiento del trabajo intensivo y la libertad del retiro (¿qué cosas podés hacer ahora que antes no te permitías?), y la mayoría de las interrogaciones a forzar respuestas sobre las consecuencias nefastas de dedicarse a su oficio y no al mandato clásico de casarse y tener hijos (¿quemaste etapas por apostar todo a tu carrera?; ¿y el amor?; ¿sentís que por tu trabajo resignaste el amor?; ¿fantaseás con casarte algún día?) y -cómo no- la pregunta mandato-resentida clásica de clásicas: ¿Pensás en ser madre?

La intimidad es política y no hay por qué dejar afuera de una entrevista a una de las bailarinas más exitosas de la Argentina y el mundo sus vaivenes amorosos y sentimentales. Pero la entrevista de la revista ¡Hola! Argentina la interpela como si la vida fuera una tumba por no tener matrimonio o descendencia consumada. Paloma Herrera es un ejemplo de una mujer ejemplo. Pero la revista de personajes la ametralla a cuchillos de culpa, sin escala y sin treguas. Y, como si las moralejas no hubieran pasado de moda, no inspira a seguir los sueños (ni siquiera de tutú y niñas con mallita rosa bailando en puntas de pie como signo de recreo laboral legítimo para las damitas), sino a moralizar que el sueño de la vida propia termina en pesadilla si no se concilia con la maternidad y la familia.

“No me casé, no tuve hijos, pero igual soy feliz”, dice el título de la entrevista a Paloma Herrera, de la edición del 16 de junio de ¡Hola! Argentina del grupo de revistas de La Nación. El título ya apunta a todo lo que le falta, como si le faltara algo. Y a que se puede ser feliz a pesar de todo, como si una bailarina brillante tuviera que dar lástima por no ser una mujer de molde y quejas matinales para que lxs chicxs se despierten y nocturnas para que lxs chicxs se acuesten.

En la Argentina parece ser que no es negocio ser primera figura del ballet. A los 15 años Paloma Herrera entró al American Ballet Theatre (ABT) y a los 22 años llegó a ser primera bailarina en el Metropolitan Opera House, un logro que nunca había conseguido ninguna otra figura. Su popularidad en los Estados Unidos la llevó a ser tapa de la revista The New York Times. Cuando se presentó en la Argentina, a esa edad, sin embargo, tuvo un solo auspicio: Telecom, hoy tan en desuso como los teléfonos de línea. Pero la invisibilización de una mujer exitosa sigue en boga. Ahora, a sus 40 años, con 25 años de carrera y después de su retiro, se la pone casi como un ejemplo de lo que le falta y no de lo que hizo, brilló y puede hacer.

Ella está entusiasmada y tiene mil proyectos. Va a dar clases magistrales en San Diego, Nueva York, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, va a lanzar un perfume y a escribir su autobiografía. Pero se separó de su novio y la revista mete cizaña. Se separó de su novio. Y qué va a hacer una mujer sola.

–¿Te intimida esta nueva vida? -la acobardan.

–No, no me gusta achicarme ante nada, soy muy mandada –replica como si el empoderamiento fuera una palabra que en las revistas del corazón no encaja, aún en el descorazonado siglo veintiuno.

Y da cátedra:

–En los momentos más decisivos de mi vida, jamás di un paso al costado por miedo. Tenía 15 años cuando llegué a Estados Unidos sin conocer el idioma y de una me mandé a tomar una clase en la School of American Ballet. Yo hice la vida como me pareció a mí y nunca me importó absolutamente nada.

Tanta libertad, autoestima alta, seguridad, confianza, disfrute y amor propio parecen una tentación para aleccionarla en todo lo que le falta.

–¿Quemaste etapas por apostar todo a tu carrera? –se pone maliciosa ¡Hola!

–Para nada, porque amo y amaba lo que hacía, no tenía ni una duda. De chica nunca fui a fiestas de 15 y tampoco tuve viaje de egresados. Y así y todo, nunca viví la danza como un sacrificio sino con un profundo placer. Ni por todo el oro del mundo hubiera renunciado al sueño de bailar –replica ella, como si un vestido blanco, una torta de pisos, una borrachera en Gri-Su y un sexo corto y esquivo con un coordinador somnoliento fueran escenas imperdibles para toda mujer que merezca llamarse mujer o que le cante una oda María Martha Serra Lima.

Paloma eligió bailar para ser libre y eligió ahora dejar de bailar para ser más libre.

–No te puedo explicar la sensación de libertad que siento cuando camino por la calle mirando el cielo, sin preocuparme si me caigo y me rompo un dedo del pie. Soy yo, pero con una vida más relajada –rescata.

Pero tanta libertad se paga. Al menos, con el precio de ser entrevistada y que te venga el espejito rebotín de tanta libertad de no aceptar pagar el precio de ninguna reunión de padres, ningún reto del pediatra porque el bebé engordó poco o el chico engordó mucho y ni siquiera un whatsapp de mamis para hacer un messing por un buzito verde.

–Casa nueva, vida nueva. ¿Y el amor? –la pregunta viene a ser casi como una mesaza de Mirtha Legrand en donde el tenedor se puede clavar en la yugular de las faltas.

–Todas mis relaciones siempre fueron a distancia: terminaba el ensayo un viernes y viajaba por el fin de semana y el lunes ya estaba de vuelta. Y a mí me encantaba esa vida. Nos encontrábamos en Japón, París, Nueva York y después me acompañaba a la Casablanca o de repente estábamos haciendo nada en Buenos Aires. Nunca me aburrí. Pero también pienso que por esa misma razón también me fue difícil mantener una relación. Tal vez ahora, con una vida más normal y estable, las cosas sean diferentes -tiene que admitir Paloma, que tuvo la gracia de nunca aburrirse, no saber el resoplo de cada mañana, el fastidio de verse sin ganas, el reto por no llamar al plomero o comprar las manzanas en la verdulería de una cuadra y no de la otra esquina. El esmero de ¡Hola! logra conmoverla y casi, por lástima, concede que a lo mejor la daga de la normalidad también le llega.

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¡HOLA! Argentina
jueves 16.6.16
 
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