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Viernes, 19 de agosto de 2016

CINE

Monstruita

En Escuadrón suicida, una de superhéroes de la factoría de Batman y Superman, Harley Quinn es la loca y temeraria novia del Guasón por quien vale la pena ver la película.

 Por Marina Yuszczuk

Su mayor atractivo es que está loca. Es bella y peligrosa porque está fuera de control y es capaz de todo; se pasea con un mazo en la mano y todo el mundo sabe que está dispuesta a usarlo. Harley Quinn es una supervillana que apareció allá por el 92 en la historieta Batman: La serie animada de DC Comics, y no dejó de crecer hasta estar actualmente frente a la posibilidad de conseguir su propia película. Por ese entonces era la única mujer en la troupe de desquiciados que rodeaba al Guasón y se vestía con un catsuit de arlequina, mitad rojo y mitad negro, además del clásico gorro con dos puntas terminadas en pompones. El personaje llamó la atención y poco después, en Batman: Mad love, se le inventó una historia. Su verdadero nombre era Harleen Frances Quinzel y trabajaba como psiquiatra en el Asilo Arkham, ese antro gótico al que van a parar los villanos de Gotham que además están rayados. Ahí le tocó atender al Guasón como paciente y pronto se enamoró de él, porque lo primero que hizo fue tirársele encima y estrangularla. Lo ayudó escaparse y se dedicaron juntos a perseguir a Batman; el Guasón, entregado a esa histeria prolongada que lo lleva a no querer concretar nunca la muerte del superhéroe que le da sentido, y Harley, más pragmática, dispuesta a liquidarlo de una vez y terminar con el asunto.

A pesar de que el personaje tuvo después sus propias historietas en las que se separaba del Guasón por exceso de maltrato, así la retoma Escuadrón suicida, la nueva película de DC que reúne a una banda de supervillanos elegidos por el gobierno para encargarse de los trabajos sucios. Entre villanos bonachones presididos por la cara serena de Will Smith tratando de simular un asesino a sueldo, Harley, qué duda cabe, es la estrella de la película y probablemente lo único que vale la pena mirar. Porque además la interpreta Margot Robbie y se roba cada escena: atrás quedó el traje de arlequina que la enfundaba sugerentemente pero sin mostrar nada; esta Harley se pasea en minishorts, medias de red y botas, con una remera que dice “Daddy’s lil monster” (monstruito de papá) y un collar donde se lee un tierno “Puddin” (pastelito) pero también tiene reminiscencias de SM. No hay dudas de que hay mucho de eso en su romance con el Guasón, el tipo que la arrojó (porque ella quiso) en un piletón de productos químicos y después la rescató con un beso, o le hizo electro-shock para dejarla un poco más parecida a él mismo.

El romance de la rubia platinada y el Guasón está hecho de golpes y excesos, de brutalidad y arrebatos de dulzura, y está claro en la película que todo tiene que ver con que la chica está totalmente cucú. Porque ella, en el fondo, sí que es un pastelito; su máxima fantasía, de hecho, es formar una familia encantadora con un Guasón al que imagina besando a sus bebés al llegar del trabajo mientras ella lo espera en la cocina en ruleros, como una esposa perfecta de esa dorada década del cincuenta con sus falsos brillos. Desquiciada por fuera, tradicional por dentro, tatuada hasta en el pubis donde se lee “Lucky you” pero deseosa al fin de una plácida vida familiar en la que el varón sea el jefe, la Harley Quinn de Escuadrón suicida está lejos de ser salvaje como sus predecesoras en papel: puede ser que revolee su bate de béisbol mientras hace globos con el chicle, sí, pero la película se cuida bastante de que nunca tenga que usarlo. Ella parecería encarnar, en la exuberancia de Margot Robbie (que interpretó a una esposa parecida en El lobo de Wall Street), una preciada fantasía masculina, la de la chica que está loca pero loca por vos, que se pasea mostrando el culo y puede ser que todos la miren pero jamás miraría otro tipo que no fuera su novio, y que en definitiva tiene toda su locura y energía sexual reguladas por una férrea monogamia. Ojalá que la próxima Harley Quinn, si es que le toca una película, sea algo más estimulante que eso.

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