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Viernes, 10 de septiembre de 2004

VIOLENCIAS

¿Alguien busca al Turco?

José “Turco” Chaín salió tranquilamente de su casa, donde cumplía arresto domiciliario, hacia ningún lugar el mismo día en que un tribunal oral lo condenó a prisión perpetua por el asesinato de su ex esposa. Es raro que quienes debían vigilarlo no lo hayan visto huir aunque, revisando la lista de sus amistades, es fácil imaginar el entramado del encubrimiento.

Por roxana sanda

La primera vez que José Nicolás “Turco” Chaín huyó fue en julio del 2000, mientras se lo investigaba por el asesinato por encargo de su ex esposa, Ana María Domínguez, ocurrido tres meses antes en la ciudad de Luján. La segunda fuga la emprendió en junio último desde la puerta de su casa (colgado de una prisión preventiva morigerada), mientras un tribunal oral lo condenaba a reclusión perpetua como instigador del crimen. A la fecha, este ex oficial inspector médico de la Policía Bonaerense, de 48 años, cumple cómodamente sus sesenta días en la clandestinidad, pese a la recompensa de 30 mil pesos que el Ministerio de Seguridad bonaerense ofrece a los que aporten alguna información sobre su paradero, a esta altura una especie de burla pública, ya que días atrás se ocupó de pagar la renovación de la matrícula que lo habilita como profesional de la salud. El trámite lo concretó su actual pareja, Nancy González, una chica de 22 años que se cruzó con Chaín a los 16, cuando era mesera del boliche donde éste solía lamentarse frente a otros amigos por “la hija de puta de mi ex mujer”.
Esa “molestia” llamada Ana María Domínguez fue picaneada y luego asfixiada por Carlos “Perita” Saayavedra, un sicario que solía “trabajar” a las órdenes de Chaín y que el 10 de abril de 2000, luego de “un pacto infame” entre ambos –según consideró uno de los jueces de la causa–, entró en su casa y la persiguió por las habitaciones hasta someterla a una descarga eléctrica interminable, suficiente para atontar a un cuerpo fuerte como el de Domínguez y luego provocarle una muerte laxa, sin resistencia.
Durante el juicio, el asesino dijo que Chaín le entregó 1300 pesos en concepto de pago, pero que tiempo atrás también se permitió darle algunos consejos “de amigo”. “No te conviene meterte con mujeres con esos problemas; fijate el lío que tengo yo con mi ex mujer, me tiene cansado, en cualquier momento la voy a matar.”
“El lío” era una intimación por alimentos que le presentó Ana María para la hija de ambos, Sofía, cinco días antes del asesinato, en la que reclamaba un retroactivo de casi 15 mil pesos.
Ese crimen fue el desenlace de antiguas palizas y de un hostigamiento obsesivo concretado a través de Saayavedra, que se encargaba sucesivamente de desvalijar la casa de Ana María o de arrojar ácido al automóvil de su nueva pareja, Roberto Almeyda. El “Turco” se reservaba para tareas más “delicadas”, como dar de baja todos los servicios del departamento que ocupaban su ex mujer y su hija, o preguntarle a la pequeña, en sus días de visita, si su mamá y su nuevo novio dormían juntos, se tocaban o se besaban delante de ella. En esa época, Sofía tenía 4 años.

Chaín practicaba artes marciales, había sido director asociado de la Colonia Domingo Cabred, en Open Door, gozaba de influencias locales y provinciales, nunca aceptó un no por respuesta, es un golpeador y un cultor del abuso psicológico. Ana María aprendió todo esto en carne propia al tiempo de conocerlo, a principios de los ‘90, hasta la separación, en 1997. Después llegó Roberto Almeyda, su último compañero, con quien tuvo a Bernarda, una niña de cinco años que el día del crimen, entonces de siete meses, estaba acostada en la cuna, muy cerca del cuerpo de su mamá, que quedó tendido en la cama matrimonial. “En todo este caso horroroso –relata Almeyda– hay algo muy intenso para destacar: durante el juicio oral, el 17, 18 y 22 de junio, fueron determinantes las declaraciones de otras mujeres que conocían a Ana. Todas aportaron pruebas esclarecedoras, que permitieron al tribunal votar en forma unánime el veredicto para Saayavedra, condenado a prisión perpetua, y de reclusión perpetua para Chaín, como instigador del asesinato.”
Esas “otras” que menciona Almeyda son la psiquiatra y ex directora de Colonia Cabred, Graciela Lavazza, que conocía a la pareja; las tías Luisa y Leonor Domínguez; la prima María del Carmen Domínguez; las amigas, María Rosa Rojas Viabry y Alejandra Marisol Crossa, y la vecina Norma Beatriz Besso. Cada una confesó que llegó a temer por su vida “porque Chaín no sólo generaba temor en su pareja sino también en sus amigas, por el hecho de ser quienes le brindaban apoyo a Ana en las emergencias”, reveló Rojas Viabry. Quizá la psiquiatra Graciela Lavazza es una de las pocas personas que conoce a Chaín en una dimensión más abarcadora. De hecho, coincidieron como directora y director asociado de la colonia: “Chaín es hiperactivo -advirtió Lavazza–, muy capaz, inteligente, hiperreactivo, reacciona rápidamente, a veces un poco impulsivo, tímido cuando está solo, si hay público es sensible al aplauso”.

La persistente impunidad del prófugo José Nicolás Chaín es la muestra más grosera del modo en que tejen sus vínculos los protagonistas del poder local. En ese entramado aparecen el intendente justicialista Miguel Angel Prince, con quien el “Turco” mantenía una relación de amistad además de los lazos políticos que sostuvieron mientras Prince ocupó la Subsecretaría de Salud provincial y Chaín accedió a la Dirección de Bromatología. O Gabriel Miranda, actual secretario privado de Prince y primo de Carlos Saayavedra, el asesino de Ana María. La lista se completa con Raúl Lafont, amigo íntimo de Chaín, dueño del bar donde éste conoció a su actual pareja, Nancy Sosa, y hermano del “Enano” Lafont –un empresario del juego a quien años atrás le secuestraron el hijo durante un episodio leído por muchos como ajuste de cuentas–, y el abogado Carlos “Coco” Aroza, primo de Ana María y representante legal de Chaín durante el juicio oral.
“En este caso hubo una red de encubrimientos demasiado compleja para entenderla en toda su dimensión, pero no cabe duda de que todavía hay muchos puntos oscuros, como la fuga de Chaín dos días antes de la sentencia. ¿Cómo pudo escaparse de la policía, si se supone que había un grupo de custodia permanente?”, se pregunta Damboriana.
Por estos días, la fiscal Miriam Rodríguez investiga la huida de Chaín: a esta altura nadie descarta la posibilidad de hallar responsables entre policías de la Departamental de Mercedes a cargo de “la visualización del reo”. Y todas las fichas caerían una vez más sobre el titular de esa jefatura, Daniel Rago, un comisario mayor investigado en el 2002 por su amistad personal con el ex comisario Juan José Ribelli, ahora absuelto en relación con su vinculación en el atentado a la AMIA.

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