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Viernes, 9 de diciembre de 2005

POLíTICA

Juego de roles

Si se quiere pensar cuál será el peso simbólico –y político, por supuesto– que podrían tener las designaciones de dos mujeres en lugares claves y no tradicionales del Poder Ejecutivo, la experiencia de Chile es un buen espejo donde mirar. De hecho, el próximo domingo la candidata Michelle Bachelet tiene todas las encuestas a su favor en las elecciones presidenciales. Algo imposible si no hubiera pasado antes por la gestión en el Ministerio de Defensa de Ricardo Lagos.

Nunca lo pretendió, tampoco lo buscó”, dice el perfil de Michelle Bachelet que se titula “Una candidata casi por casualidad”, del diario chileno El Mercurio sobre la candidata presidencial y –presunta– futura presidenta de Chile. La falta de ambición ya habla de un hecho raro para un probable mandatario (que sería mandataria) latinoamericano. No es lo único raro. Tiene 54 años, es mamá de tres hijos (Sebastián, de 27, Francisca, de 21, y Sofía, de 12) de dos matrimonios distintos de los que no conserva ningún marido. Es médica cirujana y desde el 2000 hasta el 2002 fue ministra de Salud del gobierno de Ricardo Lagos. Dejó ese cargo para ser, hasta el 2004 –cuando abandonó su cargo para volcarse a la campaña electoral–, ministra de Defensa, no a pesar de sus pesares, sino por sus pesares: ella estuvo secuestrada y fue torturada por la dictadura de Augusto Pinochet, que también mató a su padre, el militar democrático Alberto Bachelet.

¡Ah! dice que le gustan la cerveza y el vino blanco, no tiene Dios ni religión, no se resigna a no encontrar pareja (ni aunque llegue a la presidencia) y además no se despega de su condición femenina: ya anunció que su gabinete estaría integrado por la mitad de mujeres, lo que le valió –ay, claro– una andanada de críticas en medio de la campaña electoral. Esta es la mujer que va a competir por la presidencia de Chile el próximo domingo 11 de diciembre, con la carta de ser la favorita. Aunque, según una encuesta de la consultora Ipsos, sacaría el 38,5 por ciento de los votos (frente a un 22,1 del centroderechista Sebastián Piñera, un 16 del derechista Joaquín Lavin y un 7,6 por ciento del izquierdista Tomás Hirsch) y tendría que ir a una segunda vuelta con Piñera.

Patricio Navia, doctor en ciencias políticas y profesor de New York University y de la Universidad Diego Portales en Chile destaca la importancia del paso de Bachelet por el Ministerio de Salud y de Defensa para que hoy pueda ser la futura presidenta de Chile. “Bachelet era una persona desconocida políticamente hablando antes de ocupar el Ministerio de Salud en el primer gabinete de Lagos en marzo del 2000. Incluso ella reconoce que jamás habría sido candidata presidencial de no haber sido ministra. Aunque fue militante socialista de toda la vida, y su padre fue ministro de Allende, Bachelet siempre ocupó posiciones secundarias en los gobiernos de la Concertación entre 1990 y el 2000. De hecho, en 1996 fue candidata a concejal en Las Condes y obtuvo el 2,3 por ciento de los votos. En esa ocasión, Joaquín Lavin obtuvo el 77,7 por ciento de la votación y ganó la alcaldía de Las Condes, la comuna donde vive la mayoría de las personas más ricas de Chile”, recuenta el politólogo chileno.

Está claro: Bachelet no se hubiera convertido en presidenciable sin haber sido una ministra exitosa. Además, otra mujer, Soledad Alvear, ex ministra de Relaciones Exteriores (otro puesto clave y no tradicionalmente femenino) fue su competidora interna en la Concertación para la Democracia para batallar por la presidencia chilena. Bachelet se impuso, pero Alvear es candidata a senadora.

Esta experiencia demuestra que las gestiones en puestos significativos son las que pueden generar otra imagen de las mujeres en el poder. En ese sentido, Natalia Gherardi, abogada y coautora del informe Participación de las mujeres en cargos públicos, del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, rescata sobre los nombramientos de Felisa Miceli, al frente del Ministerio de Economía, y de Nilda Garré, al mando –¡mando!– del Ministerio de Defensa: “Es para celebrar que dos mujeres hayan llegado a cargos tradicionalmente masculinos y, sin duda, es una oportunidad para demostrar la capacidad femenina en puestos claves”. En comparación con la realidad trasandina hay un dato significativo: “Chile no tiene ley de cupos, pero llegó a tener dos candidatas presidenciables. En la Argentina sí tenemos ley de cupos en los poderes legislativos y, sin embargo, en los poderes ejecutivos nacionales, provinciales y municipales siempre hubo una gran ausencia femenina. Por ejemplo, la cantidad de intendentas es bajísima. Y la verdad es que desde esos lugares la gestión es mucho más visible. Por eso, ahora, saltar a la vidriera pública es interesante”, analiza Gherardi.

Claro que también tiene sus costos. En su programa de radio, Mario Pergolini comunicó, el día del anuncio de la designación de Felisa Miceli, que una mujer era ministra de Economía y que no se podía levantar los plazos fijos ni irse del país. En fin, algo habrán hecho por la (machista) historia argentina... ¿algo nuevo podrán hacer, igual que Bachelet y Alvear, las flamantes ministras Garré y Miceli?

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