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Viernes, 30 de junio de 2006

SALUD

Naturaleza da

Cansadas de ser ninguneadas por sus pares varones, un grupo de investigadoras creó su propio seminario sobre las capacidades terapéuticas y cognitivas de las drogas llamadas psicódelicas. Reunidas en California, reivindicaron el rol femenino en la recolección y el descubrimiento de sustancias que hoy se usan tanto para acompañar el paso a la muerte como para moderar adicciones peligrosas.

 Por Veronica Engler

Como otras veces, el año pasado Diane Darling dijo presente en la conferencia Elixires Sagrados –California, EE.UU.– en la que se juntaron personas interesadas en investigar las propiedades curativas o los efectos sobre la conciencia de algunas sustancias.

Como otras veces, también, Darling –que escribe desde hace años sobre experiencias terapéuticas con marihuana– observó que había tantas mujeres como hombres en la reunión. Pero –adivinen qué– sólo unas pocas expusieron sus trabajos en público, y en la mayoría de los casos lo hicieron secundando a un varón. “Yo sabía que algunas mujeres tenían trabajos propios importantes, aunque no los estaban presentando. ¿Por qué? Porque no solían ser invitadas para exponer en este tipo de encuentros.” Esta constatación fue el puntapié inicial para que Darling comenzara a organizar junto a sus congéneres SheShamans and Magic Mamas, la conferencia que se realizó el fin de semana pasado en Geyserville, California. Allí, damas provenientes de diferentes ámbitos (como la etnobotánica, la psiquiatría y el arte) compartieron sus conocimientos sobre sustancias psicoactivas que se encuentran en la naturaleza (en plantas y hongos, por ejemplo) o que se sintetizan en laboratorios (como el LSD).

La reunión contó con el apoyo de la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), organización que nuclea a numerosos científicos involucrados en el estudio de sustancias psicodélicas para diversos usos terapéuticos o de indagación psíquica. (La MAPS financió investigaciones en diferentes países con el fin de determinar la efectividad de la 3,4-metilendioximetanfetamina o MDMA –conocida como éxtasis en su variante fiestera– en la cura de ciertas patologías, como el estrés postraumático.)

Para Darling, la ausencia de féminas en la discusión internacional sobre el uso de sustancias psicoactivas está relacionada con que “el énfasis está puesto en la investigación científica, en la cantidad de papers publicados y en trabajos que cumplen con los parámetros de la academia, generados mayormente por hombres. Aunque hay algunas mujeres trabajando con esos estándares científicos, la mayoría del trabajo hecho por mujeres implica el compromiso con las personas que quieren y necesitan la experiencia que ellas ofrecen”.

Hay numerosas palabras utilizadas para designar al tipo de sustancias que provocan estados modificados de conciencia: alucinógenas, psicodélicas o psiquedélicas, psicotrópicas y visionarias, entre otras. Sin embargo, en SheShamans... la mayoría optó por hablar de enteógenos (que se refiere a cierto tipo de inspiración mística), un término propuesto por el antropólogo Robert Gordon Wasson a fines de los ’70. En El camino a Eleusis, Gordon Wasson –que se había fascinado en México con la curandera mazateca María Sabina– comenta que palabras como “psiquedélica” estaban “demasiado investidas de connotaciones de la cultura pop de los años sesenta” y que, por lo tanto, resultaba incongruente relacionar a un chamán con este tipo de drogas.

“Las mujeres han realizado una contribución fundamental en la investigación de enteógenos en culturas antiguas y contemporáneas, que utilizan estas plantas como sacramentos y como medicinas poderosas”, cuenta Julia Onnie-Hay, integrante de la MAPS que habló en SheShamans... sobre las propiedades medicinales de la ayahuasca (una liana de las selvas sudamericanas que lleva miles de años de uso entre los indígenas de la región). “Como la historia fue escrita mayormente por hombres europeos o norteamericanos, los nombres y las historias de las mujeres que trabajaron con enteógenos no ha quedado registrada.”

La periodista argentina Analía Bernardo –investigadora de las tradiciones sagradas femeninas y autora de Diosas y Chamanas, orígenes de las Brujas– considera que “la tradición chamánica femenina es muy antigua. Las mujeres han sido en muchos casos las descubridoras de las plantas Maestras, como las llaman los pueblos originarios de América latina, porque fueron desde la prehistoria las principales recolectoras de hierbas, frutos y hongos para la alimentación. Esto las llevó a encontrar plantas que no sólo daban energía y nutrición, sino que tenían otras propiedades como son las medicinales y las visionarias”.

De sanadoras y otras yerbas

Son varias y bien diversas las propuestas que las chamanas de nuevo cuño traen bajo sus túnicas o en la notebook. Todas, claro, reivindican la experiencia sanadora e iluminadora. Pero también se hacen cargo de la dimensión política que implica el trabajo con sustancias cuyo uso está penado en muchos lugares.

Valerie Corral, por ejemplo, creó Wo/Man’s Alliance for Medical Marijuana (WAMM) a comienzos de los ’90, junto a otras personas que utilizaban marihuana en forma terapéutica. Luego de caer presa junto a su marido por tener plantas de marihuana que utilizaba para paliar los ataques epilépticos que sufría, decidió iniciar acciones legales. Fue la primera en hacerlo en el estado de California, y desde entonces los litigios continúan (probablemente el año que viene su caso llegue a la Corte Suprema), pero logró autorización para poder cultivar y distribuir marihuana para usos médicos en forma gratuita. El trabajo de WAMM se vio varias veces limitado por las intervenciones de la DEA (la Agencia Antidrogas de los EE.UU.), por eso la organización ahora solamente atiende a personas en estado muy grave de salud.

La charla que brindó Corral en SheShamans se relaciona con su tarea de asistencia a personas en el último trayecto de vida, que no se limita a la provisión de marihuana. Taking Death as A Lover (Tomando a la muerte como amante) fue el título inquietante de su exposición. “Puedo ver que no es fácil morir, que las personas tienen algunas dificultades. Creo que hablando de otra manera de algo que es natural, e inevitable, como la muerte, podemos manejarnos mejor con eso que no entendemos y jugar con las limitaciones de nuestra percepción. Entonces, ¿por qué no cambiar de perspectiva? ¿Por qué no entrar en lo desconocido con una danza en vez de una batalla? ¿Por qué no tener algo de diversión en el camino?”, pregunta Corral.

Otra que contó su experiencia terapéutica es Sandra Karpetas, la directora del Iboga Therapy House –en Vancouver, Canadá–, donde se tratan problemas de adicción (al alcohol, la heroína, la cocaína y la metadona) con Iboga, una planta de Africa occidental utilizada por la cultura Bwiti para sanación y exploración espiritual. “Es la única sustancia conocida para el ser humano que tiene la increíble propiedad de quitar significativamente los síntomas de abstinencia a partir de la primera toma. Por supuesto, los efectos subjetivos de la iboga son muy interesantes. Algunas personas describieron la experiencia como altamente terapéutica e iluminadora a nivel espiritual.”

Karpetas no sólo trabaja con personas que intentan recuperarse de sus adicciones a las drogas, sino también con aquellas que las consumen, con mayor o menor frecuencia, pero que no son adictas. Esta parte de su labor está inspirada en las iniciativas que trabajan por la reducción de daños y que abogan por un consumo lo más seguro posible para los usuarios y usuarias de drogas. Uno de los proyectos en los que participa es CosmiKiva Sanctuary, un espacio que montan en grandes festivales para asistir a las personas que están teniendo una mala experiencia bajo la influencia de sustancias psicoactivas. “Es obvio que la guerra contra las drogas ha fallado. No está reduciendo su uso, sino que está contribuyendo a incrementar los daños potenciales que pueden estar asociados con las drogas”, afirma.

En los albores del tercer milenio, las chamanas y las madres mágicas siguen recreando ritos ancestrales y buscando nuevos elixires sagrados para sanarnos en cuerpo y alma. “Nos juntamos para compartir, danzar, reír y volvernos más fuertes y así poder encarar los eventos de nuestros tiempos”, decían las organizadoras del encuentro californiano.

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