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Viernes, 12 de octubre de 2007

ARTE

Imágenes del cambio

Al menos en el terreno de las artes visuales, las mujeres siguen ganando espacios importantes, como lo demuestra la edición de Expotrastiendas que abre hoy. Las artistas participan en absoluta paridad, flanqueadas por numerosas curadoras y galeristas, amén de la dirección general de Pelusa Borthwick al frente de un equipo organizador mayoritariamente femenino.

 Por Moira Soto

8 de marzo de 2001, Centro Cultural Borges. Pelusa Borthwick inaugura la muestra Autorretrato, con el apoyo de Mónica Guariglio, de la Dirección de Museos de la Ciudad. La dueña de la galería Arcimboldo, premiada en el ‘95 como galerista del año por sus colegas, ha convocado a 25 curadoras para que cada una de ellas invite a 5 mujeres artistas. Fue una gran muestra con importante catálogo. Así hace las cosas Borthwick, una dinámica y emprendedora dama que, de trabajar como intérprete de inglés (llegó hasta el Mundial de España), se pasó a otra de sus pasiones de toda la vida, las artes visuales. En el ‘90 abrió su galería, que se volvió cada vez más prestigiosa, y en el ‘91 se lanzó a trabajar en Expotrastiendas, una creación de la Asociación Argentina de Galerías de Arte que abarca todo el país. Como hacía falta una coordinación general, ni corta ni perezosa, el año pasado Pelusa se propuso y fue aceptada. De allí a convertirse en directora general de la gran feria sólo había un paso, que Borthwick dio este año con aprobación general. Aunque consagrada en estos días a la organización de Expotrastiendas, ella encuentra tiempo para dictar su cátedra sobre circulación de la obra de arte en el IUNA, dirigir su galería y organizar otras muestra afuera. Pese a tanta actividad, extraña el programa de radio que hizo durante cinco años con Luz Castillo en Radio Cultura.

“Aunque tomamos el mando ahora, todas veníamos trabajando en la feria”, dice la flamante directora. “Patricia Moreira pasó al rol de producción ejecutiva, Marcela Andino al de producción comercial, Nuria Abadad se hace cargo de los números y Magdalena Pagano se ocupa de la coordinación del auditorio y de la sala Incaa. Todas mujeres, chicas jóvenes, yo un poco menos pero con una cabeza joven, por eso puedo moverme al lado de ellas... Tampoco es que tomamos el mando de buenas a primeras: fuimos ganado espacio mediante el trabajo, el rendimiento, el compromiso. Este lugar yo lo ocupaba hace rato, el problema es que te llamen con el título, esto tiene un valor simbólico, claro.”

Homenaje a Edgar Bayley, María Juan Heras Velasco, 1984. Relieve, madera policromada.

Más de 550 artistas, 146 espacios muy diversos, suena abrumador para organizar...

–Creo que viene muy bien, con un buen equilibrio: tenemos desde grandes maestros y maestras hasta artistas emergentes muy jóvenes. Mi deseo es que la feria refleje lo que sucede con las artes visuales en el país, que todas las manifestaciones convivan. Tenemos galerías de arte, art dealers, espacios alternativos, departamentos culturales de empresas (el Banco Industrial presenta un stand de cinco mujeres, por ejemplo). Otra impronta femenina, la sala de prensa, está intervenida por primera vez por una artista, Mildred Burton. En 2005 comenzamos a rendir homenaje a una década constitutiva del arte argentino. Partimos de los ’60, la curadora fue Andrea Giunta. Decidimos ir hacia atrás, el año pasado hicimos los ’50 y este año, con la curaduría de Cristina Rossi, van los ’40. Seguiremos descendiendo y para el Bicentenario nos toca la década del ’10, que va a estar preciosa... Para esta muestra, Aquellos años ’40, el Banco Provincia sponsoreó dos millones de pesos de seguros de obra que viene de museos y colecciones privadas. Es el espacio más importante de la feria. Ya preinauguramos Expotrastiendas con mucho público en La Noche de los Museos, me encantó empezar en la calle con acciones de arte público en cuatro museos.

¿Cómo empieza un itinerario posible?

–Bueno, al entrar en la feria te encontrás con unos vinilos donde se reproducen fotografías argentinas contemporáneas de varios artistas curadas por Elda Harrington y Silvia Mangialardi. A partir de allí, las opciones se multiplican. Valeria Maculán y Eliana Heredia presentan Ecosistemas, dos espacios al aire libre dentro de la feria curados por Marcelo de la Fuente. Corinne Sacca Abadi y Florencia Battiti presentan una síntesis de la Bienal del Fin del Mundo que se hizo este año en Ushuaia, otra de las perlas de la feria. También tenemos a Valeria Gonzáles con una buena síntesis de la última Bienal de Venecia, y a Julia Dorr con otra síntesis, pero de la Bienal de San Pablo del año pasado, Quiero subrayar que por primera vez la entrada al auditorio es libre. Si alguien va caminando por la calle y quiere asomarse, entra, se sienta, mira, escucha y se va... Me interesa desarrollar esta actitud democrática, dentro de lo posible poner las cosas al alcance de la gente. En el auditorio, por ejemplo, una interesante conservadora, Liliana Bustos, se referirá a su especialidad respecto de las fotos. Y en otra de las conferencia se hablará sobre el importante rol que cumplen las asociaciones de amigos de los museos, que en realidad suelen ser de amigas. Disertarán representantes del Malba y de la Federación de Museos, con moderación de Laura Feinsilber. Para dar una idea de la amplitud con que nos manejamos, te cuento que el 20 de octubre (a las 17.30) se pasa el film Los próximos pasados, de Lorena Muñoz, quien dará una charla. Y cerramos con una proyección en soporte electrónico, Escaleras, cuya curaduría hace la especialista Graciela Taquini.

Hay que reconocer que es muy alentador esto que está sucediendo...

–A mí me encanta tener que ver con este espíritu equitativo, de justicia. Son tiempos muy interesantes estos que estamos viviendo, ocurren transformaciones que nos pueden llevar a una verdadera situación de paridad. Me apasiona ser parte de esos cambios, contribuir en algo. Por otra parte, creo que esta mayor presencia femenina es enriquecedora, se hará sentir de diversas maneras. Para empezar, en una minoría que avanza –en el sentido de carecer de poder y representatividad hasta ahora– y como tal trae algo diferente, nuevo. Algo está explotando en Occidente a través del arte.

Estudio para retablo del dolor, Raquel Forner, 1943. Dibujo sobre papel.

Los movilizadores ‘40

La muestra institucional sobre los ‘40 le fue ofrecida primero a la experta Nelly Perazzo, quien declinó la oferta recomendando a Cristina Rossi. Dice esta curadora: “Para mí es todo un desafío este trabajo sobre los ‘40, sintetizar una década tan valiosa en una sala. Mi mirada prioriza algunos aspectos, focalizando sobre todo lo que remite a la problemática de la guerra, su final, las respuestas que generó en la sensibilidad de los artistas, algunos más concernidos por el dolor. Otros, los más jóvenes, creyeron en el fin de las guerras y en el desarrollo científico que paradójicamente suponen, hicieron una lectura reflejando la utopía transformadora de la sociedad. Hay otras cosas que me interesa poner: qué pasaba con la infancia, con la familia. El exilio está representado por la figura de una mujer, la modelo es la propia esposa catalana del pintor Gustavo Collet, un rosarino que había vivido en Barcelona en el momento de la República y se involucró políticamente. Entre las artistas mujeres, el eslabón entre las imágenes de la infancia y el mundo adulto está representado por una foto de Grete Stern, uno de esos sueños que publicaba en la revista Idilio. Por otra parte, la obra de Raquel Forner habla desde el dolor de la guerra. Entre los concretos, hay un trabajo de Lidi Prati que apareció en la revista Arturo. Otros núcleos de esta muestra: la recuperación del imaginario americanista, la mirada del surrealismo. En el primer tema, hay una obra para mí excepcional de Gertrudis Chale, Madre de América, que hace como un contrapunto con la catalana exiliada, porque esta madre habla de las migraciones internas del momento. Otra artista notable que va a tener su merecido lugar es Yente, últimamente más reconocida, ella desarrolla una abstracción dentro del programa de los concretos, aquí también aparece una escritura femenina, ella trabaja desde un lugar independiente”.

Habitat-Chica plástica, Fabiana Barreda, 2006. Fotoperformances.

Casada con el barracán

“Era chica y andaba incursionando por el Di Tella, quería ser actriz pero no se me daba, aunque te juro que yo tenía ese talento”, se ríe la diseñadora Mary Tapia. “Así que decidí crear una moda argentina, romper con tanta dependencia, siempre copiando, colonizados. En mi infancia había viajado varias veces a Jujuy, donde tenía unas tías y me maravillaban las coyas con esos tintes fucsia, azafrán... Me quedaron en la retina y un día fui, estudié los materiales, los colores, hice unos diseños y presenté un desfile en el Di Tella. Fue un suceso, tengo que reconocer. Tuve algo de visionaria, porque fijate que en 2002 me contratan de Italia para trabajar tres años en una casa de modas de Milán, y veo a la gente en la calle con mi ropa. Una emoción que en Europa usen nuestras cosas, imaginate, las mías con indiscutible fisonomía argentina: el barracán que viene de los incas, detalles calchaquíes, diaguitas... Nunca estudié diseño, todo fue pura intuición. Entonces, como yo tenía cara de cabecita negra y para ser actriz había que ser hermosa, rubia, alta y distraída, me convertí en creadora de moda, puse toda mi energía ahí, como me indicó el psicoanalista. Fue un gol, al día siguiente del primer desfile me llamó Blackie para el programa Cita con las estrellas, yo no podía hablar de la emoción. Me invitaron a París, me fui a hacer un desfile, salí en las elegantes revistas de moda, cuando volví era refamosa, toda la tilingada esperándome. Ahora me siento muy reconocida en mi país, he sido invitada a Expotrastiendas y estoy con el proyecto de escribir sobre mi relación con el barracán, esa tela rústica tan noble, tan de nuestra cultura. La moda es efímera, pero lo que yo hago permaneció porque tiene una raíz muy fuerte. En la feria voy a mostrar accesorios nuevos, también ropa. Siempre con los mismos materiales, aunque ahora se me ocurrió, sin dejar la raíz de siempre, mezclar con la cultura europea, producir por ejemplo un pedacito de art déco. Sin abandonar a mi esposo el barracán, vivimos juntos desde hace rato y nos llevamos bárbaro. Le conozco todas las mañas.”

Pelusa Borthwick

De adentro hacia afuera

“El erotismo va adelante”, señala Fernando Bedoya, curador del Taller La Estampa, espacio de trabajo artístico del Penal de Mujeres de Ezeiza (este artista, además, también presenta su propia obra en Expotrastiendas). De gran compromiso político y social, Bedoya trabajó con las Madres, los Combatientes de Malvinas y en los últimos años con sectores marginales. “Este proyecto empezó hace siete años, después de un taller con chicos de la calle que impulsó Teresa Anchorena. Pasamos luego a Ezeiza, es un convenio entre el Gobierno de la Ciudad y el Ministerio de Justicia. El taller funciona todos los días, la única condición es la buena conducta, trabajamos con todo tipo de materiales y hay otros docentes. Mi relación con estas mujeres es básicamente creativa, partimos de conflictos reales: reclusión, falta de afectos, de dinero... Al año empecé a darme cuenta de que había ciertos souvenirs que llamaría –aunque no me gusta la palabra– tumberos: el repujado, la tarjetería española muy propia de los conventos y lo religioso, que nosotros desarrollamos y llevamos a otro lugar, que tiene que ver con la lencería, lo erótico, con Berni. No se trata de enseñar a pintar, a dibujar: ellas llegan solitas a eso, agarrando el lápiz como un puñal. Empecé a usar técnicas de seducción como jugar a la quiniela, cosa que no había hecho nunca. Y hasta llegué a ganar algún dinero que luego repartía con ellas, comprándoles tortitas, lápices, cuadernos. Aprendo con ellas, claro, y también meto mano en las cosas que producen, pero desde un lugar respetuoso, de acompañar. Un día les pedí que dibujaran los números –la niña bonita, la lluvia– y esa libertad total de no modelo generó algunas cosas maravillosas. Expusimos en Arte BA, nos fue muy bien, ahí supieron por dónde pasaba la pintura, el dibujo. En Expotrastiendas mostramos otro tipo de souvenirs de la cárcel, donde la gente con diarios y cola se las ingenia para hacer regalos. Una especie de casitas, como cucuruchos. Lo interesante del taller es que cuando surge algo bueno, no hay dudas porque a todos nos gusta. Y entra en juego lo colectivo. Rondan muchos temas: la ausencia de naturaleza, los paisajes queridos, el fútbol, los animales. A mí este taller me ha ayudado a pensar el tema de lo artístico, ellas lo valoran mucho: es el lugar donde se sienten a salvo.”

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