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Viernes, 26 de septiembre de 2008

VISTO Y LEIDO

Gorda con alma de flaca

 Por Liliana Viola


Soy XL, ¿y qué?
Carmen Barbieri

Editorial El Ateneo

El cuerpo femenino, que prometió en los últimos años ser cada vez más propio, más modificable, más preparado para el placer, se ha vuelto un gran traidor. La ilusión de que es posible cambiarlo a gusto vía cirugías, gimnasios, dietas, se choca con la anorexia, las muertes en el quirófano de las lipoaspiraciones, el fracaso de las dietas contra un metabolismo que cambia con el climaterio, con las emociones, por ejemplo. La delgadez sigue siendo un ideal. “¡Estás más flaca!” se ha vuelto un saludo de cortesía. Eso dice Susana Giménez, puesta en anfitriona, cuando llega una de sus invitadas, mientras sabe que tanto la recién llegada como el público está observando si este año ha logrado adelgazar el rollito del año anterior o si tiene uno nuevo. La carrera se va volviendo imposible, los ideales de flacura y juventud se van corriendo hasta la transparencia uno y la pubertad el otro. La insatisfacción y los kilos de más son ahora compartidos por una gran mayoría. Ni la salud, ni la estética, ni la lógica reaccionan ante este problema con tanta eficacia como el mercado. ¿Qué se les puede vender a gordos y gordas? Concursos mediáticos para perder unos kilos y seguir siendo gordos, obras de teatro que se publicitan como XL y ahora el libro de confesión y autoayuda de Carmen Barbieri, ex vedette y ahora jurado del Bailando, quien luego de haber fallado en todos los intentos de perder kilos propone unirse al enemigo, disfrutar de la comida, y mandarse un best seller. “Escribo este libro para demostrar que XL significa también Extra Linda, porque la belleza que tenemos las gorditas no la tiene nadie.” Descalificada públicamente en las peleas de temporada a causa de sus kilos, la presentadora recoge el guante y se acomoda en lo que el mercado promete ahora: hacer del cuerpo un bastión de identidad, definirse como “diferente” y quererse a pesar de todo. Falta mucho para que el cuerpo deje de ser un problema, se puede deducir de esta autobiografía medida en kilos y en recetas para la felicidad; que, de poder elegir, la autora sería bien flaca. A falta de pan, buenas son tortas. Flaco consuelo.

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