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Viernes, 16 de enero de 2009

PERSONAJES

Hiperacción postparto

La ministra francesa Rachida Dati vuelve a dar que hablar: cinco días después de parir retomó sus funciones sin usar la licencia por maternidad, una conquista del feminismo que hoy le reprocha este supuesto mal ejemplo. El debate se abrió y más allá del carácter superficial y hasta delirante de muchas intervenciones, queda claro que la relación entre trabajo fuera de casa y maternidad sigue siendo un tema de discusión.

 Por Milagros Belgrano Rawson

La telenovela que desde la asunción de Sarkozy ameniza las tardes francesas ha retomado uno de sus personajes favoritos: Rachida Dati, la díscola ministra de Justicia, que luego de esconder su embarazo –recién con vientre abultado lo admitió en público– ha dado a luz a su hija Zohra, de padre desconocido. Luego del parto, algunos pensaron que la primera ministra de origen magrebí develaría por fin el nombre del progenitor. Pero no: a la lista de posibles candidatos que desde agosto pasado se barajaba –un empresario, un ministro e incluso el ex presidente español José María Aznar– se agregó estos días el nombre de François Sarkozy, hermano de Nicolas, él mismo también sospechado en algún momento de ser el padre. Pero lo que es tema de debate en estos días es que después de la cesárea, esta madre primeriza de 43 años no hizo comentarios en este sentido y, cinco días después, retomó sus funciones.

La noticia alimentó una de las mayores pasiones de los franceses, debatir hasta el hartazgo temas no necesariamente de actualidad pero no necesariamente relevantes. Esta vez, la polémica es si Dati hizo bien en no hacer uso de la licencia por maternidad, un derecho que el Estado francés garantiza a las madres desde 1909. No bien la ministra apareció en un acto junto al presidente, las feministas la despedazaron: algunas dijeron que, con su ejemplo, miles de empresas podrían, en adelante, alegar que las madres no necesitan 16 semanas de descanso, como estipula la ley. Otras, como Florence Montreynaud, presidenta de la asociación Las perras de guardia, describieron a Dati como una “adicta al poder que reproduce la explotación de las obreras de principios del siglo XX”. Para ella, la actitud de la ministra puede contribuir a que las mujeres sean divididas en “supermujeres” y en “enclenques”.

Las encuestadoras sondearon el asunto: el 56 por ciento de los franceses reprueba que Dati no se quede en casa a cuidar y amamantar a su beba. La propia madre de Dati, una argelina de origen humilde, tuvo doce hijos y luego de cada parto no era raro que a las pocas horas se levantara de la cama para atender a su familia, contó alguna vez la ministra. Pero en medio del debate, la funcionaria, la más criticada del gabinete de Sarkozy, encontró una inesperada aliada, Ségolène Royal. “Tuvo que marcar territorio. Se sabe lo que cuesta la política de la silla vacía”, dijo sobre la ministra, cuestionada por su supuesto arribismo, sus gastos excesivos y algunas decisiones polémicas en su ministerio. Para Royal, que cuando era ministra de Medio Ambiente, se tomó apenas 15 días de licencia luego de tener a su hija Flora, el único responsable del regreso prematuro de Dati es Sarkozy, que la habría obligado a tomar una decisión. Nadine Morano, secretaria de Estado para la Familia, acusó a la ex candidata socialista a la presidencia de “tergiversar los felices acontecimientos de nuestra familia política para enmascarar su incapacidad para unir a la suya”. No quedó en claro si se refería a que Royal se separó de su marido, o a su fracaso en las últimas elecciones dentro del Partido Socialista. Mientras sigue la polémica, quizá, como subrayaba recientemente la francesa Chantal Jannet, de la Unión Femenina Cívica y Social, así como no debería siquiera cuestionarse la licencia por maternidad, tampoco hay que imponérsela a todas las madres, que viven situaciones profesionales y familiares muy distintas. Claro que, en la práctica, si se trata de romper el “techo de cristal” que constantemente denuncian las feministas, para muchas madres profesionales no queda otra que renunciar a esta vieja conquista del movimiento de mujeres.

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