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Viernes, 26 de junio de 2009

CINE

Ventana con vista al sur

La presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Liliana Mazure, fue productora cinematográfica y directora de varios documentales y films, el último 1973, un grito de corazón. “Tengo la esperanza de que cuando me vaya de acá y vuelva a la producción todo va a estar mucho mejor”, asegura mientras detalla cuáles son los nuevos planes, entre ellos “Ventana Sur”, para que el cine nacional siga creciendo.

 Por Laura Rosso

¿Cómo se inicia tu vínculo con lo cinematográfico?

–Yo empecé en cine en animación, eso fue lo primero que hice durante muchísimos años. Empecé dibujando. Estudiaba Bellas Artes y un día me encontré con un cartelito en la Universidad que decía que un grupo de animación buscaba dibujantes. Fui y en seguida me puse a dibujar para ese grupo y ahí me quedé. Hicimos un largometraje y, en el ’76, la Aeronáutica nos secuestra las películas y desaparecen tres compañeros del grupo. Yo me voy a México con el resto del grupo y mi beba de siete meses y ahí armo mis relaciones latinoamericanas que hoy conservo todavía. Allí trabajé en animación durante seis años. Hicimos la campaña de alfabetización económica para Nicaragua, para el Frente Sandinista. Uno de los trabajos más fascinantes y gratificantes que hice nunca. Fue extraordinario. Trabajamos también para Granada, una isla caribeña maravillosa, en la época en que estuvo Maurice Bishop de presidente, un poeta negro increíble al que matan en la estación cuando los estadounidenses invaden la isla en octubre de 1983. Después me volví a la Argentina. Llegué todavía con la dictadura, en el ’83, y otra vez insistí con lo mismo. Armé el stand de animación, la mesa con los fierros todos oxidados que me había traído, e hicimos una película sobre la deuda externa que ganó un premio en Cuba. Después empecé con documentales y seguí con las películas. Y ahora estoy acá, tuve que renunciar a la producción y a la dirección por un tiempo.

¿Cuáles son las características que considerás que tiene el trabajo cinematográfico en nuestro país?

–A mí me parece que Argentina tiene una capacidad diferenciada que es la cantidad de productores de contenido que tenemos. Por alguna razón –que yo creo que tiene que ver con las leyes educativas que tuvo nuestro país y con la posibilidad del acceso a la educación y a la cultura de muchos sectores populares (y creo que el peronismo tuvo mucho que ver en esto también)– tenemos una capacidad de producción diferenciada del resto de Latinoamérica; en cantidad y en calidad. Además hemos conservado nuestra identidad a diferencia de otros países latinoamericanos donde los directores, cuando llegan a un nivel de difusión y de conocimiento alto, se van a filmar a Estados Unidos o filman asociados con Estados Unidos.

¿Eso acá no sucede?

–No, no se van, los han llamado a muchos directores para producir afuera y no hay caso. Eso también tiene que ver con que existe el Incaa, se sienten protegidos y contenidos de algún modo, y siguen aquí. Entonces creo que se ha conformado una cantidad de pequeñas empresas productoras, manejadas por directores, directoras o productores que hay que lograr que se conviertan en empresas sólidas. Porque hoy el tema comunicación y producción de contenidos empieza a convertirse en algo tan importante como la producción de alimentos. Hay una cantidad infinita de pantallas a las cuales hay que darles contenido y nosotros tenemos derecho a que nuestros contenidos ocupen esas pantallas. Otra característica argentina es la cantidad de directoras mujeres, bueno en casi todos los países, pero Argentina tiene muchas directoras. En el Festival de Montreal en el 2001, que yo había ido con Van Van, película que dirigí sobre el grupo de música cubano, fui con otras cuatro directoras más porque todas las películas que fueron seleccionadas habían sido dirigidas –y una producida– por mujeres.

¿Cómo son los fomentos que entrega el Incaa hoy?

–Tenemos diferentes opciones para presentarse a subsidios, créditos o premios. Primera Vía es para directores profesionales y Segunda Vía para aquellos con menos trayectoria. Pero los concursos son en realidad lo más apropiado para que se presenten los más jóvenes o los que tengan menos trayectoria aunque no sean jóvenes, porque no exigen tener un productor detrás. Hay diferentes tipos de concursos, el “Raymundo Gleyzer” o el “Concurso sobre Infancia”, que tienen los dos el mismo esquema, son concursos en los que la gente presenta sus proyectos, luego se seleccionan cinco por región –tenemos el país dividido en cinco regiones (zona sur, centro, NOA, NEA y litoral)– y un grupo de capacitadores viaja y capacita a la gente que fue preseleccionada para armar la presentación de ese proyecto. El que se selecciona finalmente tiene derecho a presentarse a Primera Vía aunque no tenga antecedentes. Los que no ganan se pueden presentar a Segunda Vía, o también, a las Ayudas Internacionales que hay muchas pero que tienen un alto nivel de exigencia en las presentaciones. También están los concursos donde no se exige nada más que presentar un guión. Los proyectos se analizan por contenido y después sí tienen que conformar un tipo de producción para poder llevarlo adelante. Después hay premios para ficción y premios menores para cortometrajes y documentales.

¿Qué objetivos te propusiste al aceptar el cargo?

–El proyecto Ventana Sur responde a un objetivo general que yo me propuse cuando llegué acá y que trato todo el tiempo de no olvidármelo porque el día a día a veces te distrae y te manda por otro camino. Ventana Sur es un convenio que hemos hecho con Cannes, que se realizará en el mes de noviembre en nuestro país. La idea es la de un mercado que contuviera a toda Latinoamérica, no sólo a Argentina. Porque uno de los graves problemas que tenemos es que somos grandes productores de contenido, pero después no sabemos cómo comercializar, cómo exhibir todos esos contenidos. Ventana Sur está enmarcada en esto. Esto fue planteado en Cannes y ellos se entusiasmaron mucho, va a ser la primera vez que Cannes se mueve de su territorio. Se van a cargar en un software todas las películas estrenadas desde 2008 hasta noviembre de 2009 para que cualquiera pueda venir a la videoteca y consultar. Eso lo estamos haciendo acá, contra reloj, pero vamos bien.

¿Cómo es la división del trabajo para Ventana Sur?

–Nosotros hemos hecho un convenio con ellos y estamos permanentemente en contacto. Ellos están haciendo un exhaustivo cruce de todos los compradores del mundo y una selección de doscientos entre compradores para sala y para televisiones públicas que hayan comprado cine latinoamericano en los últimos años. Y nosotros estamos encargándonos de la otra parte que es detectar hasta la última pequeña empresa productora de Latinoamérica que haya producido algo. Esto es para que todos participen de Ventana Sur, para que la oferta no sea la misma que va a todos los mercados internacionales porque todos los países tienen algún vendedor que lleva siempre las mismas películas.

Hay un proyecto de ley de cine que fue presentado desde el Incaa. ¿Qué aspectos toma?

–Presentamos un proyecto de ley para que el cine se declare industria, como un software, o sea que las empresas productoras pasarían a ser empresas de la industria, pymes de la industria y no empresas de servicio. El proyecto está ahora en el Ministerio de Industria para que luego desde el Ejecutivo se mande al Congreso.

¿Cuál sería el rebote en la industria cinematográfica si se aprueba la ley de radiodifusión?

–Los canales estarían obligados a comprar y exhibir una cantidad de películas por año. También aumentarían en un 20 o un 25 por ciento los puestos laborales de este sector, que además se diversificaría muchísimo. Entonces estamos ante un desafío muy interesante que son los diferentes lenguajes. Lo que va suceder a futuro es que va a ser el espectador quien resuelve si ve un material en la pantalla del celular, en la de la computadora, en la del televisor o va a una sala a ver un espectáculo público. Son experiencias totalmente diferentes. Yo imagino que en algún momento los realizadores van a empezar a tener en cuenta estas experiencias diferentes y van a empezar a realizar diferentes productos. Se van a generar otros lenguajes, con lo cual no tenemos que perder el lenguaje del cine que es un lenguaje que tiende a ser más profundo, que lleva más tiempo su realización que el televisivo, por ejemplo. Es fascinante pensar qué vamos a inventar los seres humanos para cada una de esas pantallas. Para que todo esto suceda tiene que haber un sector de producción consolidado, fuerte, y con tiempo para hablar de estos temas y pensar.

¿Cómo está conformado este cuerpo de productores en nuestro país?

–Todavía es débil, necesitamos que se fortalezca, es muy fuerte desde lo creativo y en su capacidad de producción, pero esto tiene que consolidarse y conformar un sector fuerte y que se reconozca a sí mismo. Todavía no se reconoce, es como un montón de gente peleando para llevar su idea adelante, lo cual es valiosísimo pero a esto hay que agregarle un marco.

¿Por qué llegan tan pocas películas latinoamericanas?

–Porque Argentina y toda Latinoamérica vende (los que venden..., que son pocos a comparación de los que producen) sus películas a un vendedor internacional. El vendedor internacional compra los derechos para vender la película en todos los territorios del mundo, pero la vende en Europa, Asia y Canadá, que son los mercados más comunes, y no la vende después en Latinoamérica, entonces nosotros no vemos las películas latinoamericanas. Ese es un tema que hay que discutir seriamente y tenemos que ponerles ciertas condiciones a los vendedores. Ahora, si no ponemos un escenario prestigioso a nuestro cine, tampoco podemos ponerles condiciones a los vendedores. Por eso es tan importante nuestra asociación con Cannes para Ventana Sur porque nos pone de entrada en un nivel donde están todos asombradísimos y están todos peleando para ser invitados. Es fantástico.

Para eso vienen bien los Espacios Incaa también...

–Sí, los Espacios Incaa son salas, muchas de ellas recuperadas que fueron bingos o boliches, o que estuvieron cerradas durante mucho tiempo, y donde nosotros ayudamos con el equipamiento, especialmente proyector y pantalla. El tema edilicio se trabaja desde los municipios o desde fundaciones. En esas salas se programa cine nacional, con una entrada muy baja y en breve vamos a empezar a programar cine latinoamericano y europeo. Ya son veintinueve los espacios Incaa que reabrimos. Los últimos fueron en Unquillo, Oberá, Villa Elisa y Almirante Brown. Uno toma conciencia de la cantidad de producción que hay y da impotencia que eso no sea visible en toda su capacidad de visibilidad. Por eso siempre abrimos los Espacios Incaa con alguna película argentina.

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Imagen: Juana Ghersa
 
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