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Viernes, 24 de julio de 2009

Pasion por el juego

Arte: Isol es una mujer pequeña que alterna la adrenalina del escenario –donde se sube junto a su hermano Zypce para ponerles voz a los extraños instrumentos que él crea– con su actividad principal: la ilustración. Un oficio que realiza en soledad, investigando, desafiándose a reinventar cada vez sus propios recursos. Esa pasión por su trabajo, que a veces puede convertirse en juego, le ha valido estar considerada entre las mejores cinco ilustradoras de libros para niños y niñas del mundo, según la fundación Hans Christian Andersen.

 Por Irupe Tentorio

¿Cuándo aparecen las ilustraciones infantiles como un interés en tu vida?

–Desde chica dibujé y me gustaron las historias dibujadas, los libros, los comics, los cuadros, la poesía... dentro de esto, algunos libros dirigidos a niños me parecieron siempre maravillosos. Al estudiar bellas artes, y también vincularme con la poesía y la literatura, fui encontrando una manera de contar historias a través de imágenes que a la vez entra en el género de los libros ilustrados para niños. Pero yo soy una adulta, y desde mi propia cabeza escribo, llevando mi interés sobre algunos temas a la idea de una narración dibujada. Mi pasión es jugar con las posibilidades que este medio me ofrece, poder hacer mi arte de una manera en que llegue a bastante público, y encontrar desafíos y sorpresas que me entusiasman en ese camino.

¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo y cuáles son las complicaciones que a veces se presentan?

–Lo que me gusta es planear cómo voy a contar algo, meterme en el proyecto que voy a investigar, buscar la estética y los encuadres como si fuera una directora de cine de mis libros y ver cómo las cosas de a poco empiezan a encajar. Lo más difícil a veces es darle el tiempo a cada proyecto para que llegue a ser algo interesante y mantener la cabeza abierta a lo que aún no conozco. Fuera de mí, las complicaciones que se presentan más que nada pueden ser técnicas, ya que soy muy cuidadosa con la manera en que pienso mis libros y a veces la impresión o la calidad editorial no ayuda al libro, lo que puede ser muy frustrante. Por ejemplo, en el caso de mi libro Tener un patito es útil, el libro tardó siete años en ser publicado, por ser un formato muy extraño para la editorial.

¿Quién sigue siendo en tu vida un referente en el mundo de las ilustraciones?

–En este momento el ilustrador alemán Wolf Erlbruch es uno de mis más admirados. Mis referentes son muchos, porque al amar este medio consumo bastantes libros y comics. Lo que rescato en un autor es una búsqueda personal y el saber contar una historia desde una opinión no obvia, y a la vez comprometida. El ilustrador debería ser una suerte de poeta de la imagen, en el sentido de no ser literal sino de abrir significados.

¿Cuál fue el primer logro que te empujó a seguir con el mundo de las ilustraciones?

–Puntualmente, haber sido seleccionada por la editorial FCE de México en su concurso A la Orilla del Viento, en 1996, me abrió una puerta enorme para hacer mis libros. Fue muy importante que mi primera publicación fuera un proyecto totalmente propio, con mis textos y dibujos, y haber sido elegida por una de mis editoriales preferidas.

¿Cómo fue la experiencia de poder ilustrar El cuento de Navidad de Auggie Wren de Paul Auster?, ¿cómo se dio ese vínculo?

–El texto de Paul Auster que ilustré fue publicado en forma de libro ilustrado, con un concepto de colección para jóvenes. Pero es un libro para cualquiera, como me gustaría que fueran todos los míos, más allá de que sus protagonistas suelan ser niños y sean disfrutados por ellos. Fue una experiencia maravillosa por el nivel del texto y la libertad de acción que tuve. Saber que a Auster le gustó mi trabajo es muy reconfortante, porque a mí me gusta mucho el suyo. El libro sigue siendo editado en muchos idiomas, funciona muy bien el diálogo entre los dos lenguajes, es una suerte haber podido estar en ese proyecto, donde además trabajé con fotos y objetos, cosa que no había hecho antes. Los textos me llevan a veces a técnicas que antes no me hubiera imaginado usar, en esa búsqueda de relación con la literatura y sus imágenes.

¿Existe algún punto de conexión en vos entre tu trabajo como ilustradora y tu trabajo como cantante?

–Claro que sí; en un lugar se trata de armar un mundo, de contar una historia y elegir la manera de hacerlo desde un lugar propio. Suelo comparar los elementos de la canción (letra y música) con los del libro ilustrado (texto y dibujo), porque en ambos medios hay un diálogo que arma un discurso que no sería el mismo si uno de los elementos dijera otra cosa. Ahora que estoy también componiendo mis canciones, la unión se nota aún más. Lo que se complementa en mi vida al hacer estas actividades es mi placer de estar frente a la gente cuando canto, y usar mi cuerpo como instrumento, y por otra parte el trabajo fino de laboratorio, mediatizado por el libro, que hago cuando dibujo; es bastante extremo: momentos de mucha soledad y tranquilidad, y momentos de mucha exposición y adrenalina.

¿Qué crees que les llama más la atención a los chicos de tus ilustraciones?

–Yo trato que mi trabajo sea sugestivo y genere preguntas o situaciones, pero cómo eso llega al lector es un camino personal. A lo que apunto es a trabajar con humor y con imágenes que no son las mismas que un chico ya vio cien veces. Eso puede provocar sorpresa y un cierto despertar de la curiosidad, lo que da mucho placer. Trato de trabajar con un criterio de lo que a mí me llama la atención, esperando que eso funcione con los demás...

¿Cuál es tu próximo desafío dentro de tu trabajo con la ilustración?

–En este momento estoy con algunos proyectos nuevos en mente, con textos propios; son ideas nuevas y el desafío es lograr que queden bien, poder llevar estas intuiciones a un objeto que mantenga esa primera magia que me llevó a imaginarlo. Este año hice una animación también por primera vez. También estoy en una galería de arte hace un año, lo que me lleva a pensar en algunos dibujos fuera del formato de libro. Por otra parte, en unos días parto a España a dar un seminario con ilustradores de allá, donde estarán algunos de mis héroes como Beatrice Allemagna (de Italia) y Kveta Pacovska (de República Checa).

Isol expone en la Fundación Osde. Espacio Arte, Suipacha 658, 1º piso “Mundos para mirar”. La muestra permanecerá abierta hasta el 22 de agosto. De lunes a sábados de 12 a 20.

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