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Viernes, 24 de julio de 2009

TESTIMONIOS

Qué hace el Tamiflu en mi cartera

Una postal de la vida cotidiana en tiempos de gripe, a la espera de saber en qué columna de las estadísticas anotarse.

 Por Maria Mansilla

Por lo menos cambió el ángulo del interrogatorio. Las personas que ven la altura de mi ombligo en esta panza enorme ya no me obligan a repetir para cuándo, por qué otra vez cesárea o qué esperamos para definir un nombre. Llevo embarazada 33 semanas. En el banco, por la calle, en la presentación de un libro, en el súper, ahora me preguntan: “¿Cómo te cuidás?” “¡¿Qué hacés acá?!” Si supieran que un frasco de plástico blanco con una calco que dice “Tamiflu” se tambalea en mi cartera...

¿Por qué lo cargo? La pediatra de una guardia me lo recetó el jueves pasado, cuando llevamos a mi hijo Antonio (un año y medio) con fiebre y problemas para respirar. Antonio había estado en Tucumán con su papá, y en Tucumán están en plena cosecha de la caña de azúcar, y como siempre que hay zafra una ceniza tóxica sobrevuela la ciudad. El corazón le latía 210 veces por minuto, más que a los ciclistas del Tour de Francia que en esos días trepaban los Alpes. El diagnóstico fue preciso: Broncoespasmo. Internación. Oxígeno. Tamiflu. Y a tu mamá también.

En plena madrugada Adrián, mi novio, fue al hospital Rivadavia primero, al Gutiérrez, después, recetas en mano, a por las dosis del remedio.

Ya internados, una pediatra macanuda nos explicó que tenía que hacerle el “hisopado nasofaríngeo” al niño para descartar la presencia del huésped H1N1 en su sangre. Agregó: lo mando urgente así si da negativo enseguida suspendemos la medicación, los efectos secundarios son terribles. Al ratito vino vestida tipo agente de la NASA, tomó la muestra. Coincidíamos con su panorama, todo muy lindo pero el tratamiento dura 5 días y los resultados están en muchos más. Después una enfermera nos contó que los chicos a los que sí les dio positivo tuvieron unos síntomas intensos, durísimos. Igual de intensos eran, en todos los que tomaron Tamiflu, los efectos secundarios: dolores de cabeza, diarrea, malestar.

El espasmo del pecho de Antonio se fue, el domingo volvimos a nuestra casa. Quedan tres días de pastillitas. ¿Se lo seguimos dando? Decidimos que sí luego de consultar a nuestros médicos de confianza que nos aconsejaron que sí, que siga tomando, a pesar de la duda no sólo personal sino también profesional: ellos reciben todo el tiempo indicaciones cruzadas. Me explicaron que era, también, una forma de cuidar a la embarazada y al bebé que crece adentro.

Quizás por discreción, para no asustar a mis vecinos y/o también, lo reconozco, para no espantar a la niñera, apenas se lo cuento a un par de amigas –ustedes incluidas–. Ah, en cuanto a mi dosis, la obstetra consideró una exageración tomarla ahora, ante la falta de síntomas; sugirió que, si me quedo con las dudas, visite a un infectólogo/a.

Antonio casi no sale pero no se siente solo: Discovery Kids muestra al perrito con estetoscopio y en plena consulta médica. Miss Spider, otro dibujito, estrenó un capítulo llamado La gripe. Para cuando se publiquen estas líneas tendremos, seguramente, el diagnóstico.

¿Que cómo me cuido? ¿Que qué hago acá, mi vida? Lo mismo de siempre: mi vida. Trato de no mirar los noticieros (menos el de América, cuyo móvil se metió hasta en una terapia intensiva). Me lavo las manos, como siempre. Le cambio de tema a mi mamá cuando me pasa el parte. Beso y comparto el mate. No uso barbijo. Me río cuando leo el cartel rojo del colectivo: “Procure no conversar ni hablar por tel. durante el trayecto”. Pienso en los nenes y nenas que rallan pastillas muchas veces por día porque tienen una enfermedad crónica y ni siquiera les dan el repugnante remedio en jarabe. Pienso en las embarazadas que atraviesan el primer trimestre, que no pueden tomar nada. Y en las que no tienen obra social ni prepaga. Reconozco que no soy una superada sino que me abrazo a la negación como estrategia de supervivencia. Me paso el día comiendo mandarinas y escuchando la versión Cachito campeón de Corrientes de Javier Malosetti (creo que así levanto mis defensas). Abro las ventanas. Espero.

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