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Viernes, 11 de septiembre de 2009

EL MEGáFONO)))

Paraguayas, mucamitas y con segunda lengua (o el estigma que la tele insiste en reproducir)

Dalys Ferreyra tuvo que pagar el precio de posar como mucama para ser famosa y mostrar la cola. Es tratada despectivamente y burlada por hablar guaraní. Todos los estigmas de la discriminación se concentran en el trato –e incluso el supuesto atractivo– que tiene que recibir una mujer paraguaya si quiere ¿triunfar? en la Argentina.

 Por Luciana Peker

“Vino de Paraguay, calentó la tele y deja todo en tono mucamita. Comé”, la presenta como si fuera un plato de sopa la revista Hombre a Dalys Ferreyra, una de las sex bomb del momento que tiene lo que hay que tener: buena cola, y es burlada con todos los estereotipos por lo que puede ser burlada o afamada una inmigrante. Si es paraguaya, tiene que ser mucama. Y si no es mucama, igual tiene que calentar con el traje de mucamita.

–¿Sabes que la tonadita calienta? –le (¿preguntó?) la revista Hombre.

–Es un condimento, me doy cuenta de que a los chicos les gusta bastante el hecho de ser paraguaya –dice ella, que posa con un plumero (literalmente) sobre el culo y en otra agachada, agachadísima, como intenta ponerla, en cuerpo y habla, todo el tono de la entrevista.

–Para terminar, ¡je! (se jacta de su ironía el periodista), le (¿pregunta?) ¿tragás o escupís?

–Soy una chica muy completa, no dejo nada sin terminar, termina Dalys.

Dalys también fue la primera en salir (perdió con Nazarena Vélez) del talk show en versión re-frekeada de ShowMatch con su intento de salvavidas (por el mal rating) de “El musical de tus sueños”. Ni uno de los imaginarios clásicos y despectivamente clásicos sobre los despectivamente llamados “paraguas” elude a Dalys: calienta porque es paraguaya (porque se supone que muchas paraguayas son prostitutas), si es paraguaya tiene que ser mucamita y si viene a triunfar a la Argentina, como una inmigrante aplicada –a las reglas que aplican la discriminación–, tiene que ser la primera en quedar fuera del juego.

Pero el colmo fue cuando la burlaron por hablar en guaraní. Ella contestó por televisión guarradas en su hermosa lengua natal que TVR tradujo en un esfuerzo de producción (sólo para incendiar más el escándalo que, por esta vez, no estaba dicho en buen castellano). Pero ni su aguerrida y codificada defensa salvó la vergüenza de la latente discriminación argentina, que tiene en su litoral y en su hermana frontera una de las más poéticas y preciosas lenguas y no la aprovecha. Alchejáranga quiere decir pobrecito o pobrecitos, todos y todas los que nos perdemos de disfrutar de la rima de un hablar de tierra colorada y selvas tan verdes y cautivantes como esa tonada mal burlada.

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