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Viernes, 23 de octubre de 2009

TEATRO

Un mar de lágrimas

¿Qué se hace con el dolor de las rupturas amorosas, ese que acongoja y comprime el corazón? Esta es la pregunta que atraviesa la puesta de la directora debutante Lucía Möller

 Por Sonia Jaroslavsky

Pasionaria. Passiflora: flor de la pasión. Mburucuya. Hierba sedante. La infusión de té de pasionaria ha servido antiguamente para calmar la ansiedad y los nervios puesto que la flor tiene propiedades analgésicas —calma el dolor— sobre el cuerpo y se puede usar como sedante e hipnótico suave. ¿Y con el dolor del alma? ¿Qué se hace con el dolor de las rupturas amorosas, ese que acongoja y retuerce el corazón?

La Pasionaria, en manos de la joven directora Lucía Möller, surgió en el marco del Proyecto de dirección del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) bajo la supervisión del autor y director Daniel Veronese. Los futuros directores realizan un trabajo de dirección como tesis de finalización de la carrera y Lucía Möller forma parte de esta primera camada de radiantes directores.

“Llora, llora, mi pena de amor. Llora, llora mi pena por vos.” Esta canción de Los Piojos podría sonorizar perfectamente la percepción que se obtiene de La mujer (así se llama el personaje de la obra) del espectáculo La pasionaria. La escena nos ofrece la vista de un living de un pequeño departamento con un sillón en el centro colmado de muñecos: osos de peluche, muñecas, souvenir de viajes. Todos, aparentes regalos de diferentes etapas de la vida que el tiempo fue desgastando. Muñecos que poco a poco se instalaron cómodos y acurrucados en ese sillón. La voz de esta dama irrumpe entre ellos. Se recorta una forma que se eleva. Ella se corporiza. Una máscara de oso con un tapado de piel resulta ser el cuerpo de esa voz en el teléfono. Así, una mujer-oso es la que habla —dulce y amargamente— con alguien. Un sin fin de estados emocionales al extremo: alegría, llanto, enojo se despliegan de la osita. La máscara cae y el rímel corrido en el rostro de una mujer marca un largo día de consternación.

El espectáculo se propone explorar el mundo de una ruptura amorosa. Un drama amoroso que en su devenir sorprende al volcar toda esa tragedia agónica en risa para el espectador. Se produce así un giro hacia el absurdo (tragicómico) bajo la óptica de los trayectos cotidianos que realiza una mujer en su intimidad con sus tragedias y abandonos. La directora elabora la estrategia de recurrir a una tensión constante entre los dos personajes presentes y el tercero ausente en discordia, a través de una obra sostenida en las actuaciones y disímiles estados emocionales que propone desde la dramaturgia y opera desde la puesta. Como bien dice la directora sobre su trabajo: “La superposición de estos universos propicia la resignificación, este procedimiento es un gesto paródico que opera desde el montaje y no desde una actuación que pretende verosimilitud. El resultado es un discurso polifónico y enrarecido, donde la misma propuesta poética se convierte en intriga para el espectador que asiste a una tragedia que deviene, durante el transcurso de la obra, en comedia”.

Una larga despedida telefónica es la manera que encontró esta mujer en manos de la excelente actriz Flor Dyszel (todo un hallazgo en la escena independiente), de paliar el dolor de su amado que la abandonó. Una forma de realizar el duelo o de rescatar el amor —aunque sea por instante— que se evapora. Pero hay algo que sorprende: un heladero vestido de blanco en el fondo de su placard. ¿Es real? ¿Es imaginado? El muchacho del delivery de la heladería (impecable Aníbal Gulluni) no sólo trae a este mar de lágrimas sus gustos de helado preferidos, sino la esperanza de seducirla y sacarla de ese estado. Hace los mil y un intentos de llamar su atención. Un príncipe de punta en blanco en medio de la desazón. Ella, sólo desea desesperadamente que vuelva a sonar el teléfono: ¡Llamá, llamá! —grita desgarrada—. La resolución será sorpresa para este espectador voyeaur de las mil y una formas que tiene la pasión.

La Pasionaria. Jueves 21.30. Teatro Camarín de las musas.
Mario Bravo 960. 4862-0655.

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