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Viernes, 13 de noviembre de 2009

VIOLENCIAS

La orfandad de Luzmila

Su mamá, Marina Aspeleider, murió a los pocos días de que ella naciera. Durante la atención de su parto se violaron tanto la Ley de Violencia de Género como la que protege los derechos de madres, padres y recién nacidos en ese momento de extrema vulnerabilidad. A Marina no se le permitió estar acompañada, la separaron de su beba y recién dos horas más tarde se la mostraron a su papá. El día que falleció, las autoridades del hospital Madariaga, en Posadas, llamaron a la policía antes de comunicarlo. Una historia de violencias que hoy cruza en forma de marcha, cada día 20, la capital de Misiones.

 Por Irupé Tentorio

“Me cuesta mucho volver hablar de esto, es muy doloroso para nosotros. Ella disfrutó de un hermoso embarazo, era una chica sana, seguía sus controles cada mes y todo iba bien”, cuenta su novio Cristian con una voz entrecortada al hablar de Marina Aspeleider, una joven de 19 años oriunda de Garupá, Misiones.

Junto a su novio de 23 años compartieron y cuidaron mutuamente de ese embarazo que venía creciendo en el vientre de su madre. Les habían dicho que sería una niña y decidieron llamarla Luzmila. En principio, sus controles fueron en “la salita de salud” de la localidad de Garupá. A medida que el embarazo avanzaba se trasladó al Hospital Público Dr. Ramón Madariaga de Posadas. En esa institución fue asistida durante ocho meses por la Dra. Gloria Díaz, quien afirmó que “todo andaba sin ningún problema. Ella gozaba de buena salud y su beba se encontraba en buen estado”.

El 13 de marzo –ya en fecha de nacimiento– Marina se acerca a la guardia del hospital por sus intensos dolores. Sin embargo, los médicos decidieron mandarla a su casa. Al día siguiente entró en trabajo de parto y nuevamente acudió a la Unidad de Perinatología del hospital y, esta vez, fue atendida. Le brindaron las condiciones básicas, pero desde un principio algo raro sucedió: no dejaron que su novio ni ningún familiar cercano la acompañase. “Ella entró a Maternidad a las 14 hs, me llamó y salí corriendo hacia el hospital. No me dejaron ingresar a la sala de parto, así que ella estuvo sola todo el tiempo. En el preparto, recién a las 20 hs, pude verla un ratito para pasarle algo de ropa pero fue todo”, relata Cristian.

Laura Anger, antropóloga social e investigadora de los Procesos de Nacimiento y actualmente referente en Misiones de Relacahupan (Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento) señala “que en este hospital, como en tantos otros y clínicas privadas esta situación es cotidiana. Desde el punto de vista antropológico, es obligación ocuparnos, de este hecho, que es consecuencia de una trama de gestión de las políticas perinatales. Las cuales no tienen en cuenta a las personas como sujetos de derechos. En el caso de Marina sucedió lo peor, la muerte de una joven sana que fue a dar a luz a su primera hija. Ella contaba con la suerte de tener un núcleo familiar contenedor que la acompañó y contuvo durante toda la gestión, sin embargo, allí todo se convirtió en infierno”.

Existe una ley 25.959 –vigente desde el 2004– que habla sobre los Derechos de Padres e Hijos Durante el Proceso de Nacimiento. En su artículo número 2 dictamina que “toda paciente puede estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de preparto, parto y postparto”, ese justamente era uno de los tantos deseos que tenía su novio.

Anger sostiene “que lo sucedido con Marina Aspeleider dista mucho de ser un caso puntual y aislado. Como ella existen en la actualidad miles de personas, mujeres y varones que son maltratados en un acontecimiento tan importante como el nacimiento de un hijo. Marina estuvo sola, a pesar de querer estar acompañada”.

El sábado 14 de marzo a las 22.30 hs nace Luzmila. Sin embargo, su familia fue informada de esto dos horas más tarde. Los familiares al recibir a la niña, también reciben la noticia de que su madre estaba muy débil: “Hay que salir a buscar dadores urgente, está perdiendo mucha sangre”, dijo la doctora residente Guadalupe Maidana, una de las médicas que asistió a Marina en el momento del nacimiento de su hija, quien a pesar de este hecho aún sigue ejerciendo su profesión en esta provincia.

Unas cuantas horas más tarde llaman al jefe de Obstetricia –el Dr. Carlos Bustíos– quien fue el encargado de comunicar a la familia que venía “a sacar las papas del fuego, ya que en 37 años de actividad nunca vi semejante desastre”. El jefe de Obstetricia llegó a parar la hemorragia que se había producido por causa de una ruptura uterina, “tiene un desgarro muy profundo”, concluyó.

Luego de esa intervención, Marina ingresó a la sala de recuperación y horas más tarde a terapia intensiva. En esa sala expresó sus últimas palabras a su madre y a su novio: “Yo ya no tenía fuerzas, un médico se subió arriba mío....ya no pude más y me desmayé... me arrancaron a mi hija”, escuchó Cristian. “La vimos azul, hinchada...se corrió la máscara de respiración y nos dijo que tenía mucho miedo, que la sacáramos de ahí, que la ‘judearon’ mucho en esa sala, la retaban y pedían que se calle la boca”, agrega. Sus familiares hicieron propias sus palabras. Marina detalló que en ese momento, en ese estado, un médico le quería hacer firmar algo.

Su madre, Miguelina Kenyuk, desgarrada ante esta respuesta, pedía explicaciones a los médicos, enfermeros, gente del hospital y nadie supo dar una respuesta. “Fuimos a buscar a la Dra. Maidana, pero ella nos pegó cuatro gritos y nos cerró la puerta en la cara.”

La Lic. Anger considera “que pensar desde el modelo Médico Hegemónico –así, con mayúsculas–, significa considerar las perspectivas de los diferentes sujetos sociales involucrados. Es necesaria una seria reflexión acerca de cómo se atienden los embarazos, los partos y los puerperios en las diferentes instituciones de salud. Recordemos que hace poco más de 50 años, los partos se atendían en los hogares y paulatinamente se empiezan a atender en los hospitales, hasta llegar a la actualidad, donde es casi impensable prescindir de un médico o una sala de partos. El parto dejó de ser un fenómeno social que le pertenecía a la familia, para pasar a la agenda institucional o las decisiones médicas”.

Durante esa semana Marina estuvo internada en terapia intensiva sin reacción alguna. A pesar de esta situación, la familia guardaba una pequeña esperanza sobre su vida quizás esa esperanza provenía de la vida de Luzmila, su hija que nació sana y que aún vive junto a su padre.

La ley nacional 26.485, de Protección Integral a la Mujer sancionada en abril último, es una de las herramientas que obligan a respetar las temáticas de violencia de género. En el artículo número 6 se sanciona la violencia obstétrica (aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres), expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalizar y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la ley 25.929. Es ilegal no informar, no acompañar, no permitir la incorporación de la familia. No respetar uno de los momentos más vulnerables en la vida de una mujer. Apurarle los partos, evitarles moverse, expresarse, separarlas de sus bebés. Todo lo que le pasó a Marina, además de trágico e irreparable, es ilegal.

El fin de semana del 20 de marzo los médicos de terapia intensiva informaron a la familia de Marina que su vida ya no estaba en sus manos. Por lo cual sus parientes y amigos más cercanos hicieron guardia esperando con serenidad para darle el último adiós. Pero este hospital tampoco les concedió esa despedida serena: hicieron una presentación en la comisaría número 3 de Posadas donde denunciaban a la familia por “desorden, destrucción y amenazas al personal del hospital”. De esa manera, esta institución continuó sosteniendo la agresividad y la no respuesta. “A las 9.30 hs del pasado 20 de marzo nos avisan que le quedaba pocas horas de vida. Marina estaba con respirador artificial y durante esa semana no pudo comunicarse con nosotros hasta que finalmente murió.” En el momento de dar la noticia del fallecimiento de Marina llegaron al hospital cinco móviles, con alrededor de quince efectivos que rodearon el pabellón de Terapia Intensiva.

En la actualidad, los familiares de Marina marchan todos los 20 de cada mes desde el mástil de la ciudad de Posadas hasta la sede del Ministerio de Salud y concluyen frente a la sede de la Fiscalía 3, sin embargo esta Fiscalía cierra sus puertas apenas escucha el reclamo de la familia. A la marcha no sólo asisten amigos cercanos y familiares, sino también su niña Luzmila junto a su padre, quien asegura en cada marcha que no dejará que esta causa muera. “Vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr que se llegue a la verdad y que los culpables paguen por la muerte de Marina...”

“Las cosas tienen que cambiar para que nadie más tenga que pasar por la pesadilla que estamos viviendo, Marina ingresó en buenas condiciones a dar a luz y salió muerta una semana después, sin que nadie diera la cara”, cuenta su suegra.

“Son muchísimas las mujeres que no reciben un trato profesional y respetuoso en los procesos de parto, existiendo una violación sistemática de los tiempos biológicos del cuerpo y de las necesidades psicológicas y emotivas. La mayoría sufre prácticas biomédicas invasivas y muchas veces innecesarias. Lo fundamental a destacar es la falta de una política institucional, que valorice las opiniones y demandas de los pacientes. Como dijimos anteriormente el caso de Marina Aspeleider es solamente la punta del iceberg, de una problemática compleja que atraviesan muchas instituciones de salud tanto a nivel público como privado. Y es urgente reflexionar acerca de esto”, concluye la licenciada Anger.

Marina sufrió en carne propia la violencia física, psicológica y simbólica, la ley 25.929 “simplemente” fue ignorada.

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Marina Aspeleider, de 19 años, murio en Misiones durante el parto de su primera hija, Luzmila.
Reclaman en contra de la violencia
en los partos.
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