las12

Viernes, 27 de noviembre de 2009

VIOLENCIA

La voz de Estefania

Tiene 18 años y acaba de ser rescatada de un prostíbulo donde la mantenían secuestrada y la explotaban sexualmente. El proxeneta que se consideraba “su dueño” está prófugo. Después de dos meses y medio de silencio obligado por el miedo y los castigos físicos, Evelyn cuenta su historia en primera persona.

 Por Evelyn Arach

Una joven 18 años fue obligada a prostituirse durante dos meses y medio por un proxeneta que le hizo recorrer oscuros antros de cuatro localidades ubicadas en las provincias de Córdoba y Santa Fe. Secuestrada e incomunicada, cuando se animó a hablar fue traicionada y golpeada brutalmente. Según contó a Las12, algunos jefes policiales de esos pueblos y ciudades eran clientes del lugar y también abusaron de ella. Todo empezó cuando la adolescente publicó su curriculum en Internet en busca de empleo. Por ese medio le ofrecieron trasladarse a Córdoba para trabajar en un hotel como mucama. Pero cuando llegó a la estación de ómnibus, sus supuestos empleadores la secuestraron y comenzó una pesadilla que acabó en la madrugada del lunes pasado, en un conocido prostíbulo del interior santafesino donde fue rescatada por Gendarmería Nacional. Su testimonio es desgarrador y deja expuesta la vinculación entre la red prostibularia y el poder público.

Estefanía R., así se llama, es oriunda de la ciudad misionera de Posadas e hija de un ex combatiente de Malvinas. Tiene los ojos marrones, el cabello largo y una voz cansina que por momentos enmudece y solloza. No es para menos. Ella comienza su relato narrado el primer día de setenta y siete que le dejaron una huella indeleble. El encuentro con los secuestradores fue en la ciudad de Córdoba: “Había dos tipos de unos 30 años esperándome en la terminal. Pusieron las valijas en un auto color plateado y me pidieron que les entregara toda mi documentación, mi celular, todo. Yo pregunté por qué, si eso lo tengo que tener yo. Y uno me respondió: porque no vas a trabajar en un hotel, ahora vas a ver. Yo no sabía qué hacer”, recordó. Era el lunes 14 de septiembre de 2009.

El relato prosigue: “En ese auto me llevaron a Marcos Juárez, donde estuve tres días. Me decían que tenía que trabajar pero yo no quería (se queda en silencio). Entonces me pegaron y tuve que trabajar. En ese lugar había ocho o nueve chicas más grandes que yo y por lo que supe no estaban obligadas. Supe que hubo un allanamiento pero el tipo pagó y no se supo nada. Después de ahí me llevaron a Amstrong, donde estuve una semana. Me iban trasladando de un lugar a otro para que no me descubrieran”.

Las dos localidades corresponden a la provincia de Córdoba. Pero pronto llegarían a Sastre, un pueblo ubicado en el centro de la provincia de Santa Fe, donde la realidad sería más dura. “Me llevaban todas las noches a distintos boliches con diferentes dueños. Ahí sí estuve con chicas de mi misma edad, pero casi no hablábamos porque todas teníamos miedo. Un día me animé y hablé con el encargado de un local, le pedí ayuda. Pero el tipo después llamó al que me llevaba y le dijo que yo había soltado todo, que me sacara de ese lugar porque él no quería problemas. Ya había estado más de un mes en ese pueblo. Por noche atendía a cinco o diez tipos, muchos eran policías”.

Esa fue la única puerta que intentó abrir Estefanía. La única que pudo. “Con los clientes no hablaba porque eran todos amigos de los dueños”, sostuvo. A esa altura estaba desesperada. Podía hablar con su familia y con su novio de vez en cuando, pero siempre con el proxeneta custodiándola y obligándola a mentir. “Cada vez que quería decirles algo, me quitaba el teléfono y me pegaba”, recordó. De todas formas su novio había tomado nota de que algo extraño sucedía y radicó una denuncia en una comisaría de Comodoro Rivadavia pidiendo que investiguen.

Tras el pedido de auxilio en Sastre, la represalia contra la joven fue mayor. “Cuando él supo que yo había hablado me golpeó fuerte y me dijo que si volvía a decir algo me iba a reventar toda, que iba a sufrir las consecuencias. El tipo no estaba sólo, viajábamos con la mujer de él”, describió. Según explicó el Jefe del Escuadrón de Gendarmería Rosario Victoria, el secuestrador es Nicolás Valliani, de 28 años. Un hombre de nacionalidad italiana, radicado en Las Rosas, que está prófugo.

Huyendo de ahí, llegaron a Las Rosas, donde Valliani la encerró en El Clásico, un prostíbulo que según cuenta Estefanía, era frecuentado muy a menudo por policías de alto rango que la sometieron sexualmente. Zaida Gatti, coordinadora del programa Las Víctimas contra las Violencias, explicó que “este es el segundo rescate que se realiza en la provincia” en este año.

La ciudad de Las Rosas fue el último lugar por donde pasó la joven: “Estuve varias semanas con otras cinco mujeres. Ellas trataban de preguntarme, de ayudarme, pero yo tenía miedo de que me mataran así que mentía, decía que él (por el proxeneta) era mi pareja, que yo tenía que hacer ese trabajo por necesidad, disimulaba, inventaba cosas para que ellas no supieran”, contó, visiblemente angustiada.

Por esos días, las vejaciones y el dolor no cesaban. Pero todo estaba a punto de cambiar. Durante la madrugada del lunes 23 de noviembre apareció un escuadrón con quince gendarmes y en medio de los gritos ella escuchó su nombre, por primera vez en mucho tiempo. “Cuando lo escuché no lo podía creer. Estaba loca de contenta, quería volver a casa a abrazar a mi familia”, contó.

Tras haber declarado en los tribunales federales de Rosario, entiende que regresar no será fácil. Su vida está en riesgo. Conoce los nombres, las complicidades y el funcionamiento de esta red de explotación sexual. “No estoy tranquila porque él tiene gente alrededor que lo protege”, aseguró. Por eso continuará bajo el cuidado de la Oficina de Rescate dependiente del Ministerio de Justicia de la Nación, que le provee un refugio seguro.

La joven resumió los últimos dos meses y medio de su vida en dos palabras: “Un infierno”. Estefanía logró recuperar su identidad y su libertad, aunque difícilmente olvide. Enmudece cada vez que recuerda a esas otras chicas que callan por miedo y cada noche se encuentran atrapadas en las puertas del espanto.

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