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Sábado, 26 de diciembre de 2009

INTERNACIONALES

Un siglo de distancia

Los casamientos forzados son el destino escrito para millones de niñas de Africa y Asia y también para muchas otras que, aun habiendo emigrado junto a sus familias, siguen viendo cómo sus vidas se modelan siguiendo códigos de honor anacrónicos y sellados por la voluntad de sus parientes varones.

 Por Josefina Salomón

El casamiento se hizo en un pueblo pequeño, en el medio de Somalia, una nación empobrecida en el este de Africa. Cientos de personas llegaron a la fiesta. Fue casi un evento nacional.

El novio dijo que se le cumplía un sueño y la familia de ella aseguró que la novia estaba “muy feliz con su nuevo esposo”.

Claro que nadie había hablado con ella.

Safia Abdulle tiene 17 años y su esposo, Ahmed Muhamed Dore, 112.

Aunque es difícil probar a ciencia cierta la edad del hombre, una cosa es clara: la diferencia de edad de casi un siglo entre la pareja produce muchas sospechas sobre la libertad de elección de la joven.

“No la obligué, sólo usé mi experiencia para convencerla de mi amor y luego acordamos casarnos”, así lo explicó Dore a un periodista de la BBC.

Pero nadie había hablado con ella.

Una historia que debería haber hecho sonar todas las alarmas en un país donde cientos de niñas son forzadas al matrimonio y a vidas de abuso y horror obtuvo la cobertura de una historia de “color”. La suerte que tuvo un hombre –que dice tener 112 años– de casarse con una chica hermosa, mucho más joven que él.

En Somalia, cientos de niñas y adolescentes son obligadas a casarse con hombres elegidos por sus familias, y aunque la enorme diferencia de edad en el caso de Zafia es casi inaudito, muestra una dura realidad que poco tiene que ver con los records Guinness.

De hecho, el problema es uno que cruza fronteras. Unicef dice que en el mundo hay más de 60 millones de mujeres de entre 20 y 24 años que fueron casadas de manera forzada antes de sus 18, y que muchas no tenían ni 16.

60 millones de niñas vendidas a hombres que abusarán de ellas y les prohibirán una vida y un futuro.

El 40 por ciento de todas aquellas mujeres vive en la India. La mayoría del resto está en el Medio Oriente y Africa, especialmente en países que se rigen por ley Sharia, un cuestionado código islámico que permite las uniones forzadas.

Niñas consideradas demasiado jóvenes para estudiar, manejar o votar son vendidas por sus familias en países como Bangladesh, Chad, Guinea, Mali y Níger.

Según Unicef, para muchos padres la estrategia funciona así: si una niña se casa, hay menos posibilidades de que sea víctima de violación, tendrá un protector a su lado y evitará quedarse embarazada estando soltera, algo que traería deshonor a la familia.

Lo que pasa en realidad es que en el momento de ser forzada a dar el sí, una niña de menos de 15 años, a quien se la obliga a casarse, muy probablemente será víctima de abuso doméstico y violencia sexual durante toda su vida, no irá a la escuela, ni tendrá ningún tipo de educación formal, nunca logrará conseguir un trabajo a través del cual pueda independizarse, quedará embarazada muy joven y correrá el riesgo de perder a su bebé o morir tratando de parir.

Si la joven es lo suficientemente valiente y se anima a quejarse de la injusticia de su presente, probablemente terminará muerta en manos de su familia política o de sangre, para quienes la prioridad absoluta será mantener las apariencias y el “honor” familiar, y nada es menos honorable que una chica que quiere divorciarse de su legítimo esposo.

Es difícil encontrar historias de niñas que han sufrido este destino, en parte porque, una vez que son vendidas al mejor postor, su libertad se diluye para siempre y son muy pocas las que logran sobrevivir.

Pero en Yemen, una nena de apenas 10 años hizo lo que batallones de adultos no tienen el coraje de intentar. Después de más de un año de vivir con su “marido”, decidió ir a un juez, pedir un divorcio y hacer de su historia un espejo de la realidad de miles de otras.

La odisea de Nujood comenzó en 2008, cuando sus padres la vendieron a un hombre que ella describió como “viejo y feo”.

En una entrevista exclusiva con CNN, la niña dijo: “Yo no quería dormir con él, pero me obligó, me pegó y me insultó”.

La niña describió a la televisora norteamericana la tortura que sufrió durante sus meses de matrimonio. Dijo que había sido golpeada y violada en repetidas ocasiones, y que unas semanas después del casamiento, cuando pidió ayuda a sus padres, le dijeron que ella pertenecía a su esposo.

Nujood entonces decidió que sólo ella podría ayudarse. Y esa determinación fue la que la llevó una noche a salir a la calle sola por primera vez en su vida, tomar un taxi hasta una de las principales cortes de Justicia de la ciudad y demandar ver a un juez.

Cuando el juez escuchó su historia, ordenó el arresto de su padre y esposo. La niña fue puesta al cuidado de su abogada y trabajadora social.

Pero el casamiento había sido permitido por la ley Sharia que establece que a quien se le pide un divorcio debe ser compensado y no llevado a la Justicia. Y así fue que la Corte ordenó a la niña pagar más de 200 dólares a su ahora ex marido y abusador.

200 dólares es más de lo que Nujood podría ganar en muchos meses de trabajo; pero claro, a los 10 años, esta niña es todavía muy joven para trabajar.

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