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Sábado, 26 de diciembre de 2009

EL MEGáFONO)))

Feminicidios en América latina: la frontera entre lo público y lo íntimo

 Por Mariana Berlanga *

A principios de la década de los noventa, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, Chihuahua, pusieron en alerta a la sociedad mexicana. Matar mujeres no era una práctica nueva en territorio mexicano, pero lo que estaba aconteciendo en Juárez hablaba de que algo estaba muy mal en el tejido social de aquella ciudad fronteriza. Entre 1993 y 1997 ya habían aparecido decenas de mujeres asesinadas con un patrón que exhibía un salvajismo inusitado, tal como lo describió Sergio González Rodríguez: “Muchachas, incluso niñas, estranguladas, desnudas o semidesnudas, algunas con las manos atadas, huellas de golpes, mutilaciones o torturas. Sus cadáveres persistían en aparecer en parajes desérticos o semidesérticos de la periferia de Ciudad Juárez”, como dice Sergio Rodríguez González en Huesos en el desierto.

Después de 15 años, todavía no tenemos una pista seria de quiénes son los culpables. Mientras tanto, las mujeres siguen siendo brutalmente asesinadas, ya no sólo en Ciudad Juárez, también en otras ciudades de México y de América latina. La ciudad de Guatemala es, tal vez, la más representativa de la región, en donde impartir justicia brilla por su ausencia. Hasta la fecha, ningún gobierno latinoamericano ha dado una explicación cabal de por qué se asesinan mujeres.

Los feminicidios de Ciudad Juárez se han caracterizado por una evidente especialización, como lo ha descrito la periodista Diana Washington Valdez, en Cosecha de mujeres, Safarí en el desierto mexicano. Son crímenes que implican una logística y un despliegue de recursos humanos y materiales, por lo que se les atribuye a bandas criminales, más que a asesinos solitarios.

El pasado 20 de septiembre, Alí Cuevas, una compañera poeta y feminista, de 24 años, fue asesinada por su ex novio: Osvaldo Morgan Colón le asestó 25 puñaladas en su cuerpo y le desfiguró el rostro. ¿Por qué la mató? Porque ella había terminado la relación en días anteriores, porque ella tenía otros amores, por celos, por amor, por venganza, por puta. No dudo de que algunas de estas frases hayan estado presentes en la mente del asesino confeso, cuyo proceso penal está teniendo múltiples irregularidades. Todo indica que pronto saldrá de la cárcel, y que la impunidad será la gran ganadora del juicio. Lo mismo que en el caso de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, a quienes se les acusa de estar fuera de sus casas a horas “no adecuadas”, de tener una doble vida, en síntesis, de ser las responsables de su propia muerte.

Al comparar el asesinato de Alí con los feminicidios de Juárez, me pregunto: ¿qué diferencia hay entre los crímenes que acontecen en el ámbito de lo público y aquellos que el Estado suele calificar de “pasionales o íntimos”? ¿Qué diferencia puede haber cuando es el mismo imaginario el que motiva a uno y a otro? Porque en ambos subyace el mismo concepto de lo que significa ser mujer: el nulo valor que se nos da como seres humanos está presente en uno y en otro. Matar a una mujer no tiene mayor consecuencia, puesto que somos objetos de placer y posesión, objetos tan explotables como desechables. Como sea, ambos tipos de crímenes hablan de que hay un problema profundo en nuestras sociedades.

(*) Periodista y feminista mexicana. Estudia los feminicidios en América latina, especialmente, los que suceden en Ciudad Juárez y Guatemala. Profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

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