las12

Viernes, 14 de mayo de 2010

VIOLENCIAS

La impunidad que cortó dos vidas

Fernanda Aguirre desapareció el 25 de julio del 2004, de San Benito, Entre Ríos. Se presume que fue víctima de una red de trata de mujeres. Su mamá, María Inés Cabrol, la buscaba sin cesar desde hacía seis años. Esta semana murió en Buenos Aires. Otros familiares de víctimas de la impunidad y organizaciones de mujeres se proponen seguir los rastros de la adolescente entrerriana para que la muerte de su mamá no sea el fin de la esperanza de encontrar con vida a Fernanda.

 Por Luciana Peker

María Inés Cabrol tenía 39 años y atendía su puesto de flores en San Benito, un pueblito de Entre Ríos, a 20 kilómetros, aproximadamente, de la ciudad de Paraná. Fernanda Aguirre tenía 13 años y desapareció el 25 de julio del 2004 muy cerca del trabajo de su mamá. Hoy no se sabe si Fernanda está viva o muerta. Se presume que está desaparecida. Atrapada por una red de trata de mujeres en la que es esclavizada sexualmente. Se supone. No se sabe. Ninguna verdad se encontró, ni su cuerpo, ni su vida, en seis años. Nadie, en más de 2190 días, descubrió ni su paradero ni su cuerpo. Está desaparecida: esa palabra que hace llaga, eco, herida y retumba en el dolor más profundo de los cuerpos sin duelo de una patria en donde la justicia y los cuerpos siguen apareciendo en un proceso que no terminó. Fernanda está desaparecida y ella y su ausencia siguen latiendo en jóvenes y mujeres cuya vida es un interrogante doloroso y profundo, tan profundo como la historia más dolorosa que no debería volver a repetirse, ni por terrorismo de Estado, ni por terrorismo sexual.

“Voy a dejar mi vida para encontrar a Fernanda”, repetía su mamá, María Inés, a la que las flores ya le parecían simple mercancía y no un repartijo de los arco iris del litoral entrerriano. A comienzos de abril viajó a Mar del Plata para intentar rastrear a su hija. Fue su último intento, después de viajar por todo el país, Paraguay, Europa y Brasil. Con sus últimas fuerzas. María Inés padecía una enfermedad muy grave –leucemia– y murió, a los 45 años (casi 30 años antes del promedio de expectativa de vida de las mujeres en la Ciudad de Buenos Aires), alrededor de las tres de la madrugada del 11 de mayo del 2010, en una clínica porteña, apenas tres semanas después de conocer el diagnóstico de ese mal que la tenía sin fuerzas y que iba más allá del desgarro de la desaparición de su niña.

Su muerte, más allá de las amenazas clínicas que acechan a cualquier ser humano, es un símbolo de la devastación de la impunidad y de la imposibilidad de levantarse y acostarse sin saber si a su hija la están obligando a acostarse con hombres, fuera de su voluntad y su libertad. “La búsqueda de su hija desaparecida por las redes de prostitución será continuada por todas y todos quienes pensamos que es necesario abolir el sistema prostituyente, para que no haya Nunca Más Fernandas (Aguirre), Maritas (Verón), Andreas (López) y tantas mujeres y niñas/os víctimas”, expresa un comunicado de La Asociación Las Diversas. “María Inés Cabrol buscó a su hija hasta su último aliento, hoy otros tendremos que tomar su bandera”, le prometen in memoriam.

Y piden por Fernanda y las Fernandas. No son las únicas. Raquel Witis, es la mamá de Mariano Witis, víctima del abuso policial y asesinado por las fuerzas de seguridad durante un asalto del que era víctima. Ella conoció a María Inés y reclama ante LasI12: “Hoy más que nunca debemos luchar por una ley que contemple la desaparición forzada y la trata. Concientizar y sensibilizar a una sociedad que todavía admite y promueve el sexo pago. Confiscar los bienes de los proxenetas para impedir que a través de testaferros el negocio continúe y sancionar a los clientes que transforman la actividad en un negocio rentable”, reclama. Y cuenta más allá de las proclamas: “Una vez una joven rescatada de una red de trata me dijo: ‘Dónde voy a denunciar si el que pasa a cobrar todas las semanas es el juez’. Por eso, debe continuar el combate que en varias localidades ya se ha iniciado contra las whiskerías y prostíbulos –que mayormente son pantallas de estas redes– y acompañar en estas luchas a los familiares que aún buscan a sus seres queridos atrapados en este flagelo”. Las integrantes de La Casa del Encuentro exigen que la muerte de María Inés no signifique la muerte de la causa de Fernanda Aguirre: “No dejemos de buscarla por ella y por todas”.

E incluso, después de su muerte, con el dolor de su cuerpo desvanecido por el dolor y la enfermedad, ellas no sólo piden por su descanso, sino también necesitan pedirle perdón, ese sentimiento tan humano ante el dolor de una muerte. “María Inés: te pedimos perdón por los políticos, los jueces, las fuerzas de seguridad, por los prostituyentes que violan y torturan a miles de mujeres y niñas en cada prostíbulo y por toda la sociedad que no se movilizó masivamente para encontrarla.”

Y aunque a los explotadores no logren conmoverlos, a ellas no las van a callar. Por eso, dicen: “A las redes de trata que se la llevaron, a los cómplices y a los ‘clientes’ prostituyentes les decimos: ‘devuelvan a Fernanda para que esté junto a su familia; ella tiene derecho a estar con los suyos, tiene derecho a saber que su madre María Inés siempre la buscó’”.

Se conoce, incluso, que María Inés fue hasta la cárcel a rogarle a Mirta Chávez, sentenciada –en el 2007– a 27 años de prisión, como cómplice del secuestro de su hija, que le diera algún paradero de Fernanda. Sus padres, en un primer momento, creyeron que se trataba de un secuestro común y hasta llegaron a dejar plata en una valija con la esperanza de volver a encontrar a la menor de sus hijas. Pero Fernanda nunca apareció. El acusado de raptarla –Miguel Angel Lencina– apareció muerto, un mes después de la desaparición de Fernanda, ahorcado, en la comisaría quinta de Paraná, sin que nunca revelara ningún dato de la adolescente y con la premisa judicial de que su fallecimiento fue un suicidio simple.

Pero la impotencia de no lograr encontrar a su hija, ni hallar una pista para llegar a ella, envolvió a María Inés en una profunda tristeza. En un dato estremecedor, las integrantes de La Casa del Encuentro revelan: “El 1 de abril hablamos con María Inés por teléfono y nos dijo ‘Gracias a todas por seguir buscando a mi hijita, ya no tengo más fuerzas, mi cuerpo no me responde’. Presentimos que había una despedida detrás de esas palabras. El 11 de mayo, María Inés falleció pero no en paz, porque Fernandita no estaba para darle el último beso”.

Todos los días 3 la organización se reúne para pedir por las mujeres víctimas de trata, como se presume que son Fernanda Aguirre, Marita Verón, Florencia Penacchi, Andrea López, Auxiliadora Guillem, Florencia Sire, María Cristina Luquez, María González Ríos, María Moreno y otras mujeres y niñas secuestradas por las redes de trata para la prostitución.

El 3 de junio se le rendirá un homenaje a María Inés Cabrol en una marcha en Buenos Aires, frente al Congreso de la Nación Por eso, ellas piden: “Por Fernanda y por todas dejemos de mirar para otro lado y asumamos la responsabilidad que nos cabe a cada uno y a cada una. Sólo podemos prometerle a María Inés que la seguiremos buscando, cada día 3 en cada plaza del país, en cada prostíbulo, en cada rincón hasta encontrarla”. Y gritan, como ya no puede hacerlo María Inés, que fue enterrada cerca de su puesto de flores, de San Benito: “¡Las estamos buscando! ¡Las queremos con vida!”.

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María Inés Cabrol
Imagen: Sandra Cartasso
 
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