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Viernes, 24 de diciembre de 2010

PANTALLA PLANA

Fuckland

Filmada en Escocia en plan melodramático, Lip Service –nueva tira lésbica de la TV británica– despierta disímiles opiniones en la prensa y el público.

 Por Guadalupe Treibel

Con críticas encontradas, un nuevo lesbo drama (post) teen llegó a la TV británica con intención de suplir el bache que –hace ratazo– dejó el final de The L Word en la pantalla chica. En clima más lluvioso, ya no californiano, Lip Service cuenta la historia de Frankie (Rita Gedmintas, actriz de The Tudors), una confundida y sexual fotógrafa que, tras enterarse de la muerte de su tía, vuelve a la Escocia natal desde la fashionable Nueva York para reencontrarse con: a) turbios misterios familiares; b) chicas de una noche; y c) Cat (Laura Fraser, Nina’s Heavenly Delights), ex mejor amiga y ex casi novia. Arquitecta serísima y un poquitín neurótica, Cat no le perdona un plantón de dos años atrás y Frankie tendrá seis capítulos para saber qué quiere y conseguirlo. Si puede, claro...

En plan moderno, actual y poniendo foco en las vicisitudes diarias, Lip Service no apuesta a salidas del closet o los tópicos sociales. “Simplemente estamos haciendo un drama de relaciones. Nada que no se haya hecho antes”, simplificó Gedmintas. No todos concuerdan: algunos dicen que la serie es “rupturista” –justamente– por dar aire al día a día. “Es enormemente significativo normalizar las relaciones lésbicas y bisexuales”, destacó The Guardian, no sin antes recalar en “el gran servicio que la tira está haciendo por la comunidad en Gran Bretaña”. Para el periódico Metro, en cambio, los personajes responden a clichés que buscan cumplir con la dosis de diversidad de la señal BBC.

Lo cierto es que, lejos de la desfachatez de producciones con símil tonadita –léase Sugar Rush o Skins–, el nuevo show de BBC Three chapotea de lleno en el melodrama, las lágrimas. Y el sexo. “Debe ser grandioso ser lesbiana en Glasgow”, definió con ironía un medio brit refiriéndose a la tira. Sólo tenés que darte una vuelta en una funeraria, sonreír a la recepcionista y, cinco minutos después, es toda tuya... mientras un par de cadáveres “miran” de reojo el revolcón. Una guiñadita de ojos aquí y allá, y listo: batallón de ejército de reserva para el próximo one-night-stand. Sexo es salud, sí, pero –en miras de construir personajes identificables–-, la complejidad del día a día no puede resumirse a la cama (o, en su defecto, la mesa de una oficina, un baño, un bar, la estación de policías...). Si funcionó con Shane, la ofuscada peluquera de The L Word, fue porque –capítulo a capítulo– se desenterraba una clave, e interacción con amigas mediante veíamos una luz al final del túnel.

En el caso de Lip Service, las seis emisiones que completan la primera temporada no parecieran alcanzar para profundizar ese camino. Harriet Braun, guionista de la tira, co-creadora de Attachments y autora de Mistresses, se esfuerza tanto en naturalizar la cotidianidad que termina por banalizar las posibilidades que brinda un elenco talentoso, un escenario natural encantador (¡oh, nublada Escocia!) y una intención que augura segunda temporada: la de tener más representación en los medios. Es que resulta –por lo menos– significativo que un estudio sobre la señal BBC mostrase que de 39 aleatorias horas de programación, el lesbianismo recibiese sólo ¡dos minutos de aire!

¿Otro eslabón oxidado? La edad, qué va. Al parecer, las muchachas de Lip Service están en sus veintitantos, pero como cualquier actitud desfachatada o alegría juvenil podría arruinar el tono dramático de las líneas paralelas, adiós sonrisas, bienvenido bajón. Ningún personaje pareciera pasarla demasiado bien; ni siquiera la “cómica” del grupo, Tess (Fiona Button), actriz en desgracia que ironiza sobre sus circunstanciales y reiterados problemas.

Con todo, sea o no rupturista, sea o no totalmente representativa, Lip Service pesa en la balanza de equidad televisiva. Y no es peso muerto, no. Las actrices son buenas (de hecho, Fraser y Gedmintas sostienen una tensión sexual –poco explicada, bien aplicada– de principio a fin) y el argumento tiene algunos buenos momentos. Seguramente afilando la mirada y sacando punta al lápiz, el show dé tridimensionalidad a sus escocesas que, lindas y talentosas –¡válgame Dios!–, merecen estar contentas.

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