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Viernes, 4 de febrero de 2011

Ninguna mujer nace para ser asesinada

EN EL 2010 AUMENTO LA CANTIDAD DE MUJERES MUERTAS POR SUS PAREJAS O EX PAREJAS. TAMBIEN EL CASO DE WANDA TADDEI GENERO UN EFECTO HORROROSO COMO EL FUEGO Y SE REGISTRO UNA SUBA DE LOS CRIMENES POR INCENDIO. ESTE AÑO YA EMPEZO CON TRES ASESINATOS. POR ESO, PROPONEN QUE EL FEMICIDIO FIGURE EXPLICITAMENTE EN EL CODIGO PENAL PARA PODER DETENER LA MUERTE DE JOVENES Y ADULTAS EN MANOS DE VARONES QUE LAS CONSIDERAN DE SU PROPIEDAD.

 Por Luciana Peker

En el 2010 aumentó un 12,5 por ciento la cantidad de mujeres asesinadas con respecto al 2009, según un relevamiento –tomado de los casos publicados en medios de comunicación– del Observatorio de Femicidios Marisel Zembrano. Las cifras no son oficiales (a partir de la nueva Ley para Prevenir y Erradicar la Violencia de Género tiene que realizarse un relevamiento por parte del Estado) pero sí alertan sobre un neomachismo que se cobra la vida de las mujeres.

La inseguridad íntima aumenta, pero se minimiza socialmente. En cambio, la sensación de inseguridad en la vía pública se potencia y se debate públicamente. Las consecuencias son claras: sobre el delito se piensan propuestas (algunas tan cuestionadas como bajar la edad de imputabilidad de los menores) pero sobre la muerte de las mujeres sigue cayendo la guillotina de la naturalidad.

La diputada nacional de Proyecto Sur Cecilia Merchán sentencia: “El aumento de femicidios expresa la gravedad de un tema sobre el cual no podemos mirar al costado. La violencia sexista se lleva adelante gracias a la complicidad machista que se manifiesta en el accionar policial y judicial y también, gracias al silencio del entorno de las víctimas. La Justicia debe actuar con mayor celeridad para recoger las evidencias y detener al asesino. Por ello es importante establecer claramente los pasos a seguir a través de un protocolo. También debemos establecer en el Código Penal la figura del femicidio, tal como lo hacen Guatemala, Costa Rica y, desde diciembre del año pasado, Chile”.

Merchán también apunta al no te metás. A las madres que dicen “es un buen padre” cuando la ex pareja de una víctima la maltrata psicológicamente o a los vecinos que dicen “se están separando, señora, no podemos hacer nada” cuando se escuchan gritos femeninos y un hombre que golpea la puerta como si ya nada pudiera hacer de valla contra su violencia. “Es importante el rol que tenemos que asumir desde la sociedad. Cuando captamos que una mujer de nuestro entorno es víctima de violencia debemos involucrarnos. Sostener que la violencia es parte de la esfera privada de la pareja es consentir las muertes que actualmente suceden. El Estado debe intervenir, pero también nosotros y nosotras debemos denunciar y no callar”, compromete a todos y todas Merchán.

En España –con una fuerte política de Estado contra la violencia machista– también en lo que va del 2011 hubo siete muertes de mujeres y la cifra es mayor (cuatro femicidios más) a las del mismo período en el 2010, apenas un signo de que el recrudecimiento de la misoginia es una amenaza a la vida de las mujeres que no se puede solucionar sin políticas activas y sostenidas en el tiempo a partir de la educación sexual y hasta la protección efectiva de las víctimas que recurren a la Justicia.

Un enero sin tregua

El ex baterista de Callejeros Eduardo Vásquez seguirá detenido por el crimen de su pareja Wanda Taddei, el 21 de febrero del año pasado, a pesar del pedido de su defensa y por decisión de la Cámara Nacional de Casación Penal. El efecto Wanda Taddei no fue sólo de repudio sino de amenazas que la nombraban en una cadena de temor: “A vos te va a pasar lo mismo que a Wanda”. Y más allá de las casualidades permanentes el asesinato de mujeres a través del fuego aumentó, el año pasado, un diez por ciento. No son cifras. Son mujeres sin vida. Alejandra Rodríguez, Norma Rivas, Fátima Guadalupe Catán, Vanesa Avilés, Dora Coronel y Fátima Guadalupe Catán. Ausentes.

“Es que cuando las mujeres se empacan ... y si encima le dan cuerda”, contestó Ricardo Barreda, el odontólogo que asesinó en 1992 a sus dos hijas, su esposa y su suegra y fue condenado a reclusión perpetua por esos crímenes. Ante esa respuesta a una pregunta de los psicólogos se concluyó que autolegitimaba los cuatro femicidios. Por eso, la Justicia determinó que Barreda no se arrepentía de sus escopetazos y que tenía que seguir preso. Además, perdió el derecho a cumplir arresto domiciliario por su edad (74 años) cuando salió del departamento de su nueva novia en Belgrano sin permiso y con portación de impunidad.

Igualmente, más importante que las rejas, es la liviandad con la que la muerte de cuatro mujeres es tomada en la sociedad. Tal vez, entre el humor y la legitimación que se ven a través del caso Barreda, se construyan parte de las redes que permiten más asesinatos.

Los asesinatos de mujeres no son hechos aislados. Hace más de una década, la televisión repetía la historia de un loco de la ruta que parecía un asesino serial de thriller norteamericano. Finalmente, no era ni loco, ni uno, ni en la ruta. Eran crímenes que cometía la policía marplatense a las mujeres en situación de prostitución que no les pagaban coimas. La impunidad trajo más muertes.

Muchos policías empezaron a cobrarse el sexo de las adolescentes como una pizza o la quiniela clandestina. Natalia Melmann, de 16 años, quedó atrapada por integrantes de fuerzas de seguridad en Miramar. Se resistió. Y la mataron. Tres policías fueron condenados a reclusión perpetua. Hoy (4 de febrero), a las 21, en las calles 21 y 28 de esa ciudad balnearia se van a arrojar flores al mar y se va a proyectar un documental sobre su vida, que se va a estrenar el 16 de marzo, el día que ella cumpliría 26 años.

En la Argentina, la expectativa de vida femenina es de 79 años. A Natalia Melmann la mataron a los 16. Le arrebataron 63 años de goces y luchas. El crimen fue hace diez años. Pero los crímenes contra mujeres por ser mujeres –en donde los asesinos creen que pueden violarlas o someterlas a su antojo– no sólo no frenan: aumentan. En el 2010 murieron 260 mujeres según el Observatorio Marisel Zembrano.

En el 2011, Melisa Velázquez, una joven de 18 años embarazada, fue asesinada por su ex pareja en Dolores. Ivana Correa, de 22 años, fue rociada con alcohol y prendida fuego y falleció después de padecer las dolorosas heridas de las quemaduras en su cuerpo en un hospital de La Plata. Lo mismo le pasó a Verónica Medina, que sufrió quemaduras en su cuerpo pero se espera que sobreviva. En cambio, Carolina murió después de ser rociada por alcohol por su pareja en Parque Patricios. Su cuerpo estaba quemado en un 70 por ciento y no tenía salida.

El presidente del Inadi, Claudio Morgado, expresó su preocupación y total repudio a los numerosos y cada vez más cruentos casos de violencia de género que se han conocido en los últimos días. “Como defensores de los derechos humanos y por nuestro compromiso con este modelo de país inclusivo, democrático y plural, no podemos aceptar que sigan torturando, vejando y matando mujeres víctimas de la violencia de género. Es urgente y no podemos permitir que muera ni una sola mujer más víctima de la violencia de género.” ¤

Más información: 0800-999-2345 /www.inadi.gob.ar (se da información a las mujeres víctimas de violencia sobre los centros de atención, asesoramiento y derivación en todo el país).

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